Capítulo 53
Alicia, delgada y erguida, se mantiene en su lugar con una expresión inmensamente tranquila.
-¡Sí!
-¡Muy bien, muy bien!
Raúl arranca de un tirón la aguja del suero de María y la levanta en brazos: -Nos vamos, no vamos a tratar aquí.
María, en silencio, abraza el cuello de Raúl, sintiéndose algo triunfante por dentro.
Al llegar a la puerta, Raúl ve la fuerte lluvia afuera y su pequeño paraguas.
Mira el gran paraguas en manos de Alicia y dice con total convicción: -Dame el tuyo, con un paraguas pequeño tienes suficiente.
Alicia no puede evitar reírse: -¿Por qué debería?
-Porque la enfermedad de María es culpa tuya, deberías ceder el paraguas.
Roberto, con el rostro serio, pisa y destroza el pequeño paraguas que Raúl había pateado hacia
él.
Sus ojos y cejas destilan frialdad: -Cuando ella los consideraba hermanos, tenían derecho a pedirle cosas, pero ahora que no quiere, ¿qué crees que eres?
Raúl se siente casi enfermo de ira. -Alicia, ¿realmente necesitas hacer esto, haciendo que todos estemos mal? ¿Involucrarte con hombres extraños afuera y además pelear con la familia?
Alicia no dice nada, toma el gran paraguas y camina hacia Raúl.
Sus ojos, claramente divididos entre el blanco y el negro, abren el paraguas, bloqueando la lluvia que entraba.
Raúl, con el rostro tenso, dice: -Aún estás a tiempo de corregir tu camino. ¡Este médico escolar no es de fiar, solo quiere aprovecharse de ti!
En el siguiente segundo, Alicia le da una bofetada.
La bofetada deja a Raúl boquiabierto.
Si no fuera por el dolor en su rostro, Raúl pensaría que está soñando.
Él, abrazando a María, no pudo esquivar, pero tampoco esperaba que Alicia realmente se atreviera a golpear.
Al ver esto, María rápidamente dice: -Alita, ¿cómo puedes golpear a Raúl? Si no quieres
Capitulo 53
cambiar el paraguas está bien, pero no deberías golpear- jah!
Alicia le da una bofetada a María.
Finalmente hay silencio.
Sus ojos y cejas se tiñen de un leve rojo, su voz es tenue: -Ya está hecho, ¿y qué? Ustedes pueden criticarme, pero no a él.
Alicia, furiosa, se acerca a Roberto: -Vámonos.
Roberto, sorprendido de que ella se defendiera, toma el paraguas de sus manos.
Juntos se adentran en la lluvia.
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Raúl tarda un rato en reaccionar y los sigue corriendo, mientras la lluvia cae fuertemente sobre
ellos.
María, que ya estaba resfriada y se sentía incómoda, ahora está peor.
Ella está algo molesta; Raúl, qué estúpido, ¿qué hace?
¡No quiere mojarse!
María no se atreve a enojarse, sino que finge toser: -Raúl, me siento mareada y mal.
Solo entonces Raúl recuerda que lleva a alguien en sus brazos.
A regañadientes dice: -María, te llevaré a casa primero.
En ese momento, las figuras de Alicia y Roberto ya se alejan.
Después de volver al coche, Alicia de repente nota que su hombro está mojado por la lluvia.
Debe haber sido cuando él inclinó el paraguas hacia sí mismo para protegerla, por eso se mojó.
Roberto arranca el coche: -Fuiste muy valiente recién.
Alicia se ve algo incómoda: -No quiero que te critiquen así.
-¿Te enoja eso?
pausa: -Después de todo, eres mi primer amigo, no quiero que te critiquen así.
Alicia pausa:
No le importa cómo Raúl la vea.
Porque realmente no le importa, ni lo necesita.
Pero no está bien que Raúl critique a Roberto.
Roberto mira hacia el camino, con una leve sonrisa en sus labios.