Capítulo 321
Verónica tenía los ojos enrojecidos cuando le entregaron el aviso de estado crítico, y sus manos temblaban como hojas al viento. Las lágrimas inundaron sus ojos de inmediato. Era la misma escena que había vivido antes. Como si regresara dos años atrás, cuando Pilar fue llevada de urgencias y los médicos le entregaron el aviso de estado crítico; en aquel entonces, su desesperación y dolor fueron desgarradores. Firmó aquel aviso y Pilar… se fue. Ahora, Verónica no se atrevía a tomar la pluma que el médico le ofrecía.
Adolfo extendió la mano, la tomó y miró a Gonzalo, “Continúa con la reanimación.” Gonzalo asintió, se dio la vuelta y entró a la sala de urgencias para seguir atendiendo a Gabriela. “Vero, la señora estará bien.” La voz grave de Adolfo trataba de calmar a Verónica. Era una voz en la que Verónica alguna vez confió ciegamente. Algo en su interior, en lo más profundo de su conciencia, le hizo admitir, aunque no quisiera, que la voz de Adolfo le brindaba un poco de
apoyo.
Verónica mordió su labio y tomó la pluma. Con dificultad, firmó su nombre en el aviso de estado crítico. Al terminar, se sintió agotada. La enfermera lo tomó y se retiró. Al mismo tiempo, unos pasos rápidos resonaron desde el fondo del pasillo. Antes de que la persona llegara, se escuchó una voz preocupada, “Verónica.”
Al escuchar la voz de Benito, Verónica volteó rápidamente. Las lágrimas acudieron de nuevo a sus ojos. Cuando Benito llegó, ella extendió la mano y lo tomó del brazo, mostrando su vulnerabilidad ante él, y sollozó, “Benito, tengo mucho miedo.”
“No temas, tu mamá estará bien. ¿Recuerdas que te prometió que no te dejaría sola? No romperá su promesa.” Benito sostuvo la mano de Verónica, transmitiéndole fuerza en silencio.
Adolfo permanecía a un lado, observando esas manos unidas. Su mano al costado se tensó. La escena era demasiado evidente. Requirió de un gran autocontrol para no arrebatar a Verónica y llevarla a su propio abrazo.
La espera era larga y angustiante. El tiempo pasaba lentamente. El rostro de Verónica se volvía cada vez más pálido. Benito seguía sosteniendo su mano, mientras Adolfo permanecía al otro lado, acompañándola en la espera. Nadie sabía cuánto tiempo había pasado. Finalmente, las puertas de la sala de urgencias se abrieron. Gonzalo salió. Verónica tenía tanto miedo que no se atrevía a preguntar. Benito, sosteniéndola, estaba a punto de hablar. Adolfo se adelantó, “Gonzalo, ¿cómo está su madre?”
“Ha pasado el periodo crítico y ya ha despertado. En unos minutos podrán verla.” Al escuchar que su madre estaba bien, las lágrimas de Verónica brotaron de inmediato. Desbordada por sus emociones. Benito la abrazó, dejando que sus lágrimas empaparan su ropa. Gabriela había superado el peligro, y Adolfo ya no podía contenerse. Justo cuando iba a acercarse para tomar a Verónica en sus brazos, Gabriela fue llevada afuera.
Verónica rápidamente se apartó de Benito, secándose las lágrimas de su rostro, sin querer preocupar a su madre. Corrió hacia ella, con Benito siguiendo de cerca. “Mamá.” Verónica tomó la mano de Gabriela.
Capítulo 321
“Estoy bien, no te preocupes.” La voz débil de Gabriela trataba de calmar a Verónica.
“Sí.” Verónica respondió entre sollozos y siguió el carrito de regreso a la habitación. Al pasar
junto a Adolfo, Gabriela lo vio y se detuvo, sorprendida.
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