Capítulo 568
La tensión en el ambiente era tan densa que podría cortarse con un cuchillo. Salvador mantenía su postura imperturbable, reclinado en su sillón de cuero italiano, mientras sus ojos oscuros taladraban a sus interlocutores.
Sus labios se curvaron en una sonrisa despectiva antes de hablar. “Qué curioso. Cuando ocupas algo de mi, salgo sobrando según tú. Dices que soy un vanidoso que solo piensa en sí mismo y le vale la familia. Pero voltea a ver… ¿cuándo has cedido tú a algo que te he pedido?”
El rostro de Federico se contrajo en una mueca, sus dedos jugueteando nerviosamente con el borde de su camisa. “No es lo mismo y lo sabes. Lo que yo te pido son pequeñeces, cosas que ni te costarían trabajo. Pero lo que tú me exiges… ni dando mi vida alcanzaría. ¿Cómo puedes comparar?”
Un destello de desprecio cruzó por los ojos de Salvador. “Hipócrita.”
Federico abrió la boca para protestar, pero las palabras murieron en sus labios. La capacidad de Salvador para desarmar cualquier argumento era legendaria, así que optó por el silencio.
Isaac, quien siempre había sido más hábil para las negociaciones, se inclinó hacia adelante en su asiento. Sus ojos estudiaban cuidadosamente el rostro impasible de Salvador. “¿Qué es exactamente lo que buscas?”
La respuesta de Salvador fue como un látigo cortando el aire. “Quiero lo último que les queda de su patrimonio.”
El golpe dio directo en el blanco. Salvador sabía perfectamente dónde presionar para causar el mayor daño.
Federico se levantó de golpe, su rostro enrojecido por la indignación. “¡Por Dios, Salvador! Tienes el alma más negra que he conocido. Ya quebraste a la familia Nolan y a los Córdoba, ¿y todavía quieres quitarnos lo poco que nos mantiene a flote? Ni el mismo diablo tendría tan poco corazón.”
Salvador arqueó una ceja, su mirada destilaba desdén puro. “Mira nada más… ¿Entonces ustedes pueden pasarse los días tramando cómo hundirme, pero yo no puedo tocar ese capitalito que tienen entre la vida y la muerte?”
El color abandonó el rostro de Federico. “¿Cómo… cómo te enteraste de la investigación?”
Salvador hizo un gesto despectivo con la mano. “Traen esas intenciones podridas pintadas en la cara. ¿Cómo no iba a darme cuenta?”
Federico intercambió una mirada nerviosa con Isaac. Este último, manteniendo la compostura, intentó desviar la conversación hacia aguas menos turbulentas. “Salvador, mi esposa no deja de repetir tu nombre día y noche. ¿Podrías explicarme por qué?”
La expresión de Salvador se ensombreció, el disgusto evidente en cada línea de su rostro. “¿Me están diciendo que por los delirios de ella vinieron a husmear en mis asuntos?”
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Capítulo 568
Una sonrisa sardónica se dibujó en sus labios. “¿Acaso la locura se pega?”
Federico dio un paso al frente, temblando de rabia. “¡Cuida esa lengua, Salvador! Te portas como un prepotente y todavía nos faltas al respeto. ¿En qué lugar dejas el honor de nuestro padre? Con esa actitud tan descarada, no te sorprenda si el karma te alcanza.”
Salvador ni se inmutó. “Si vienes buscando que te traten mal, ¿de qué te quejas?”
Federico se quedó mudo, como si le hubieran dado una bofetada.
Isaac, intentando salvar la situación una vez más, se aclaró la garganta. “Salvador, ese hombre en silla de ruedas de la fotografía… ¿por qué es idéntico a ti?”
La atmósfera en la habitación se congeló. “¿Qué estás insinuando? ¿Crees que soy yo?”
Federico, incapaz de contenerse, soltó las palabras como si quemaran. “¡Exacto! ¡Eso pensamos! Te haces pasar por un inválido para engañar a alguien como Cynthia… ¿hasta dónde llega tu maldad?”
La mirada que Salvador le lanzó fue suficiente para silenciarlo al instante.
La mayoría del tiempo, Salvador proyectaba una imagen de hombre accesible y cordial. Pero cuando la ira lo dominaba, se transformaba en algo casi sobrenatural, como una ventisca helada que cortaba hasta los huesos.
Isaac y Federico se removieron incómodos bajo el peso de esa mirada glacial.
Isaac intentó suavizar el ambiente. “Salvador, no hagas caso de las tonterías de mi hermano. No vinimos a señalarte nada sobre ese hombre en silla de ruedas. Solo pensamos que, siendo el empresario más influyente de la Ciudad de México, podrías ayudarnos a localizarlo.”
La risa de Salvador resonó en la oficina, cargada de sarcasmo. “Primero el golpe, luego la caricia. La forma en que ustedes dos se complementan merece un aplauso. Deberían dedicarse al teatro, sería un desperdicio no aprovechar tanto talento.”
Isaac y Federico se sintieron desnudos ante él, como títeres expuestos en un escenario. Sus pensamientos y emociones más profundas quedaban al descubierto bajo la mirada penetrante de Salvador, que parecía leer sus mentes con una precisión aterradora.
Salvador se enderezó en su asiento, su paciencia claramente agotada. La frialdad en su voz podría haber congelado el infierno. “Lo voy a repetir por última vez. Si quieren sacarme información, tienen que pagar el precio. Si lo único que buscan es llevarse algo sin dar nada a cambio, la puerta está muy ancha.”