Capítulo 550
Daniela alzó el mentón, sus labios curvándose en una sonrisa cargada de desdén mientras sus ojos brillaban con malicia.
“¿Y quién te dijo que estoy soltera? Soy la heredera de los Hidalgo. Graduada con honores, belleza incomparable… Los pretendientes me sobran, querida. Solo tengo que escoger al mejor para darle el privilegio de ser mi esposo.”
Una sonrisa ladina se dibujó en su rostro mientras jugueteaba con el anillo en su dedo.
“Ay, Aurora… ¿Nunca has oído hablar de los matrimonios secretos? Seguro que sabes perfectamente a qué me refiero, ¿no?”
El silencio que siguió pesaba más que mil palabras. El mensaje era claro: estaba casada.
Y el anillo con la flor de la serenidad que adornaba su dedo – ese que Salvador le había jurado era único en el mundo, un legado de su madre para su futura esposa – lo confirmaba todo.
Aurora sintió como si le hubieran vertido un balde de agua helada. Sus piernas temblaron y retrocedió un paso, intentando mantener el equilibrio.
Daniela se acercó y le dio unas palmaditas condescendientes en el brazo.
“No te ilusiones con lo que no es tuyo, querida. Cuando lo pierdas, vas a entender lo mucho que
duele.”
“Daniela, nos vamos.” La voz de Mauricio Hidalgo resonó en la sala.
Daniela se alejó con paso triunfal, dejando a Aurora clavada en su sitio, incapaz de procesar lo que acababa de suceder.
Pasaron varios minutos hasta que una mano cálida tomó la suya.
“Hermana, vamos a casa.” La voz de Salvador la trajo de vuelta a la realidad.
Aurora reaccionó como si el tacto le quemara, apartando su mano con brusquedad.
El rostro de Salvador se ensombreció.
‘¿Qué pasa, hermana?”
Al ver esa mirada llena de amor y preocupación, Aurora sintió que su mundo se tambaleaba. ¿Y si todo era un malentendido? Él siempre había sido sincero con ella. No podía dejarse llevar por las insinuáciones de Daniela.
Su expresión se suavizó y, con delicadeza, volvió a tomar su mano.
‘No es nada. Vamos a casa.
Salvador asintió y la siguió dócilmente hacia la salida.
En el vestíbulo, algunos invitados todavía conversaban en pequeños grupos. Eugenio Hidalgo y
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Capítulo 550
Daniela charlaban con Florentino, pero al ver a Salvador, enmudecieron de golpe y se dispersaron en diferentes direcciones.
Aurora frunció el ceño mientras los observaba huir.
“Te ven y salen corriendo como ratones asustados. No lo entiendo. Eres una buena persona, ¿por qué te tienen tanto miedo?”
Salvador dejó escapar un suspiro cargado de melancolía.
“Los empresarios solo piensan en el dinero. Les quité lo que más les importaba, y por eso me
odian.”
Su voz destilaba una soledad que le estrujó el corazón a Aurora.
“Salva… estar en la cima siempre es solitario. Es el precio del éxito.”
Salvador apretó su mano con desesperación.
“No me dejes nunca, hermana.”
Aurora lo miró fijamente, un nudo formándose en su garganta.
“Mientras no me traiciones, siempre estaré a tu lado.”
La sonrisa que iluminó el rostro de Salvador fue como un rayo de sol atravesando nubes de tormenta. Aurora sintió que su inquietud se disipaba poco a poco.
Mientras Salvador iba por el auto, un alboroto estalló dentro del salón.
“¡La señora Córdoba se volvió loca!”
Aurora se detuvo en seco. “¿Cynthia? Pero si hace un momento estaba perfectamente…”
La curiosidad pudo más que ella y regresó al salón.
La escena que encontró le heló la sangre. Cynthia intentaba desvestirse frente a todos los invitados. Si no fuera por Isaac, que la sujetaba con todas sus fuerzas, ya estaría completamente desnuda.
“¡Cynthia! ¡Por Dios, reacciona!” La voz de Isaac estaba cargada de angustia.
Pero Cynthia tenía la mirada perdida, sus palabras salían entrecortadas Y sin sentido.
“Soy inocente… tienen que creerme…”
“Nunca más… juro que nunca más me acercaré a ella…”
De repente, comenzó a golpearse el rostro con violencia.
“Fue un error… lo juro… la última vez… nunca más me meteré con ella…”
Su cara se hinchaba por momentos, como masa de pan fermentando, y sus uñas dejaban surcos sangrantes en su piel.
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Capitulo 550
A pesar del rencor que Aurora sentía por Cynthia, verla autodestruirse de esa manera le revolvió el estómago.
“¿Qué le pasó?” susurró a la persona que tenía al lado, sin poder apartar la mirada de aquella escena perturbadora.
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