Capítulo 545
Las lágrimas corrían sin control por el rostro de Fabiola Galante, formando pequeños riachuelos que se perdían en el cuello de su blusa negra. Sus sollozos resonaban en la habitación como el eco de un dolor profundo e incontenible.
A su lado, Cynthia se limpiaba las lágrimas con el dorso de la mano una y otra vez. En sus ojos se reflejaba la cruel realidad: estaba perdiendo para siempre a la única persona que la había amado sin condiciones, que la había protegido sin esperar nada a cambio.
Aurora, en contraste, permanecía de pie con una expresión impasible. Sus ojos oscuros observaban la escena con una frialdad que helaba la sangre.
Sus labios se curvaron en una sonrisa amarga antes de hablar. “¿A qué viene tanto drama? Cuando él vivía, ni siquiera te dignabas a mostrarle un mínimo de respeto. ¿Y ahora vienes a hacerte la hija dolida? Por favor, Cynthia… ¿No te cansas de estar actuando todo el tiempo?”
El rostro de Cynthia se contrajo en una mueca de furia. Sus ojos, brillantes por las lágrimas, se clavaron en Aurora como dagas. “¡Es mi papá el que se está muriendo! ¿Tienes idea de lo que estoy sintiendo?”
Una risa seca y cortante escapó de los labios de Aurora. “Vaya… Todo mundo dice que estás loca, pero yo lo dudo mucho. Te haces la desquiciada cuando te conviene, y ahora te haces la hija perfecta. ¿Dónde quedó tu supuesta locura?”
Las miradas de los presentes se posaron sobre Cynthia, cargadas de juicios silenciosos y desprecio apenas disimulado.
La humillación encendió en Cynthia un odio visceral hacia Aurora. Sus labios se curvaron en una sonrisa maliciosa. “Disfruta tu momento, Aurora, que no te va a durar mucho. Cuando salga a la luz quién es realmente Salvador, me va a tocar a mí disfrutar del espectáculo.”
El rostro perfecto de Aurora se tensó como la cuerda de un arco. Sus ojos escrutaron a Cynthia con intensidad.
Para alguien que todos tachaban de loca, la mirada de Cynthia brillaba con una lucidez inquietante. Sus palabras parecían cargar un peso oculto, una amenaza velada que flotaba en el aire como veneno.
“¿Qué estás insinuando, Cynthia?”
Los labios de Cynthia se curvaron en una sonrisa triunfal. “Si tanto te interesa saberlo, ya sabes dónde encontrarme.” Le lanzó un beso al aire con burlona satisfacción.
El grito desgarrador de Fabiola cortó el aire como un cuchillo, interrumpiendo el duelo de palabras entre las dos mujeres. “¡Mi amor! ¿Cómo puedes dejarme así? Si te vas, llévame
contigo…”
Los ojos de Gabriel se cerraron por última vez, marcando el final de una vida llena de contradicciones.
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Capítulo 545
Fabiola se derrumbó en un llanto tan desconsolado que conmovía hasta al más insensible. Sus gemidos de dolor resonaban en las paredes.
Aurora observaba a Fabiola sin comprender. ¿Cómo podía sufrir tanto por un hombre que la había tratado con tanto desprecio, que la había abandonado sin miramientos?
“Mi amor… ¿por qué no me llevas contigo?” La voz de Fabiola se quebraba entre sollozos. “¿Qué voy a hacer en este mundo sin ti?”
Aurora se acercó y la tomó por los hombros, intentando levantarla del suelo. “Me tienes a mí
todavía.”
La muerte de Gabriel pareció romper la última barrera de contención en Fabiola. Sus ojos, inyectados en sangre, brillaban con una furia demencial. Sus manos huesudas se lanzaron contra Aurora como garras. “¡Todo esto es tu culpa! ¡Tú lo llevaste a una muerte prematura! ¡Tú hiciste que sus últimos años fueran un infierno! ¡Eres una maldición!”
Las palabras de Fabiola abrieron una puerta hacia el pasado, proyectando como una película el dolor y el sufrimiento que había marcado la primera mitad de la vida de Aurora.
Aurora soportó los golpes y el odio injustificado con estoica dignidad. “Él fue quien me lastimó, y tú estás confundiendo lo justo con lo injusto. Hoy estás de duelo y por eso no te reclamo nada. Pero si sigues con esta actitud irracional en el futuro, no esperes que sea tan comprensiva.”
“¡Lárgate de aquí!” Los gritos de Fabiola resonaron en la habitación. “¡Él no quería verte y yo tampoco! Si antes te rogaba era solo para que pagaras sus tratamientos. Ahora que él ya no está, vivir o morir me da igual. Ya no tengo por qué aguantarte.”
La realización golpeó a Aurora como una bofetada. “Así que ese era tu plan… Usarme y luego
desecharme.”
“¿De qué plan hablas?” La voz de Fabiola destilaba veneno. “Si no hubieras mandado a que lo golpearan, ¿crees que su salud se habría deteriorado tanto? Si no le hubieras quitado todo lo que tenía, ¿habría terminado sus días sin un techo propio? Aurora, todo lo que haces bajo el cielo tiene consecuencias. Tarde o temprano pagarás por tus pecados.”
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