Capítulo 505
Cynthia se subió al auto, sin darle instrucciones al conductor, y pensando que todo estabal arreglado por los guardaespaldas de la familia Nolan, cerró los ojos para descansar.
Hasta que en un momento, un dolor agudo en su tobillo la hizo abrir los ojos de golpe.
Para su horror, descubrió que, sin saber cómo, estaba tirada en el suelo fangoso de Coyoacán, rodeada por unos matones con caras llenas de cicatrices que la miraban con una sonrisa lasciva.
Cynthia intentó huir, pero ambos tobillos estaban dislocados. No podía levantarse.
Uno de los matones sonrió maliciosamente: “Señorita, ¿sabe? Ha ofendido a alguien que no
debería. Nos mandaron a quitarle la vida.”
Cynthia, con los ojos bien abiertos, replicó con indignación: “Sé quién es. Es Aurora, ¿Verdad? Les advierto, si me tocan, la policía los encontrará siguiendo las pistas. No vale la pena que terminen en la cárcel por ella.”
“¿Aurora? ¿Quién es esa? Nunca hemos oído ese nombre.” El líder de los matones se rascó la cabeza confundido. Luego, con un movimiento de su barbilla, dirigió la mirada hacia adelante, donde se encontraba estacionado un misterioso auto negro.
“Mira, el que quiere tu vida, está allí.”
Cynthia siguió la mirada del hombre. Al ver la placa del auto familiar, se quedó congelada.
Era el auto privado de Isaac.
“¿lsaac, eres tú?”
“Isaac, ¡Ayúdame!”
Cynthia gritó hacia él.
La ventana del auto se bajó, revelando una mano que hizo una señal de “continuar“.
Cynthia vio en el dedo anular de esa mano un anillo de diamantes igual al suyo. En ese momento, sintió como si le hubieran succionado el alma, quedando completamente
debilitada.
“¿Cómo puedes hacerme esto? Isaac, ¿Cómo puedes tratarme así? Te amo demasiado, todo lo que hice, lo hice porque te amo.”
Los puñetazos cayeron sobre su estómago como lluvia.
Cynthia se encogió de dolor.
Le dolía el cuerpo, pero más le dolía el corazón.
Justo en ese momento, un recuerdo que no le pertenecía se filtró en su mente.
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Capitulo 505
En él, vio a Marina Chávez sufriendo de insuficiencia renal, y ella impedía que los doctores le hicieran diálisis, Marina, hinchada y sin poder orinar, se encontraba en una agonía tal que 58 arrodilló suplicándole,
“Te lo suplico, me siento muy mal. Ayúdame, por favor, deja que me salven.”
Pero Cynthia, llena de arrogancia y con los brazos cruzados, la miraba con desdén
“Marina, no es que no quiera ayudarte. Es que mientras tú vivas, estorbas mis planes,”
Marina negó con la cabeza: “No es cierto, Córdoba te ama a ti, la señora Córdoba tampoco me quiere, todo lo que te pertenece, yo no podría quitártelo.”
De repente, Cynthia se desesperó: “¿Me estás mintiendo? El corazón de Isaac ya se inclinó hacia ti. Se enamoró perdidamente de ti, por tu culpa quiere dejarme, incluso planea enviarme lejos. Él dice que eres la chica más fuerte y bondadosa que ha conocido. Incluso lamenta haberse dado cuenta tan tarde que te amaba desde antes. Marina, ganaste, me robaste a mi hombre. Sin Isaac, no tengo nada. Por eso, debes morir.”
Marina la miró con incredulidad.
“¿Él me ama? ¿Cómo es posible?”
“Debes estar feliz. Finalmente se enamoró de ti, ¿Sabes por qué ha estado viajando tanto últimamente? Porque quería encontrarte el mejor médico, tenía la ilusión de devolverme mi
riñón…”
“¿Cómo es posible? Si él me ama tanto, ¿por qué no puedo sentir ni un poco de su amor?”
“Por mi interferencia, no, por su interferencia…”