Capítulo 497
“¿Es que acaso no merezco perdón?” Preguntó Isaac con la voz temblorosa. “Si estoy dispuesto a pasar el resto de mi vida compensándola, ¿Piensas que ella podría perdonarme?”
Sin embargo, Valentina no le siguió la conversación, en cambio, se dio la vuelta para irse: “En el futuro ¿Podrías dejar de buscarme? Tu presencia hace que mi papá se sienta mal.”
El atractivo rostro de Isaac se ensombreció, como si hubiera sido traicionado por su amada, su corazón estaba desgarrado.
“Valentina, él no es tu papá. Yo soy tu papá.” Gritó finalmente con ira.
La pequeña se detuvo, se dio la vuelta, y sonriendo dulcemente, dijo: “Señor Lucio, es muy gracioso. Usted tiene su propia esposa, su nombre es Cynthia. Ustedes hasta ahora no han tenido problemas. Mi mamá se llama Aurora, y mi papá Salvador. Oh, y mi nombre completo es Valentina Nolan. ¿Cómo podría ser tu hija?”
Dicho esto, Valentina saltó alegremente y se alejó.
Isaac observó cómo la figura de Valentina se alejaba cada vez más, pero las palabras de la pequeña resonaban en su mente, sin poder olvidarlas.
Sentía que algo no estaba bien. Al reflexionar, lo entendió.
Esa niña, que claramente tenía alrededor de dos años, hablaba y actuaba con la experiencia de alguien de siete u ocho años.
¿Acaso esa niña, al igual que Aurora, había nacido con los recuerdos de una vida pasada?
Isaac, la siguió corriendo, como si estuviera loco.
“Valentina.” Dijo llamándola.
Pero Valentina siguió su camino sin detenerse, caminando hacia el exterior.
Mientras Víctor y Andrés la buscaban desesperadamente, llegando al borde de la locura, vieron a Valentína saliendo por su cuenta del Grupo Córdoba.
Víctor se acercó y la abrazó, casi llorando: “Valentina, ¿Dónde estabas? ¿Sabes que Andrés casi me mata a regaños?”
Valentina abrazó a Víctor, diciendo: “Lo siento. Me perdí un momento. Sin querer entré a este edificio. Era como un laberinto, me tomó un buen rato encontrar la salida.”
Víctor, sumergido en la alegría de haberla recuperado, dijo: “No importa, lo importante es que volviste.”
Andrés, frustrado, miró a Víctor, diciendo: “Más te vale rezar para que nuestro jefe no se entere de esto. De lo contrario, esta noche no la pasaremos bien.”
Víctor le restó importancia: “Mientras tú y yo no digamos nada, y Valentina tampoco, él no
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sabrá que Valentina desapareció.”
Después de un momento de pánico, no tuvieron ánimo para seguir con su viaje, así que decidieron regresar a casa.
Cuando llegaron a casa ya era tarde.
El clima cambió repentinamente, con nubes oscuras, rayos y truenos, y una tormenta
inminente.
Salvador estaba sentado en una silla en la entrada, cuando Víctor y Andrés llegaron arrastrando a Valentina, se asustaron tanto al verlo que casi cayeron al suelo.
“¿A dónde fueron?” La voz de Salvador era helada.
Andrés rápidamente culpó a Víctor: “Señor, todo fue idea suya, él insistió en llevar a Valentina a pasear.”
Víctor se defendió: “Señor, la pequeña nunca nos pide nada, con un deseo tan pequeño, Siendo sus amigos ¿Cómo podríamos negarnos?”
Salvador se inclinó hacia adelante, y su expresión se enfrió aún más: “¿A dónde la llevaron?” Víctor trató de desviar el tema: “Hicimos un viaje espontaneo, Valentina nos guio, y nosotros simplemente seguimos sus indicaciones…”
Salvador elevó su voz repentinamente: “¿Acaso no entienden lo que les pregunto?”
Víctor se arrodilló en el suelo, y agarrándose las orejas, confesó todo: “Señor, no sé cómo pasó, pero sin querer terminamos frente a el Grupo Córdoba.”