La Directora de mi Histora 5

La Directora de mi Histora 5

Capítulo 5
Amelia, después de asearse y vestirse, regresó al comedor y tomó asiento. Sus mejillas conservaban todavía un sutil rubor rosado que delataba su turbación. Observó con desconcierto la leche y el plato con seis pequeños sandwiches dispuestos sobre la mesa. Para su sorpresa, quien había estado en la cocina era Rafael, no la empleada doméstica como había supuesto inicialmente.
La señora que habitualmente les asistía en las tareas del hogar se había tomado un día libre. Se lo había comunicado a Amelia la jornada anterior, pero la inesperada presencia de Rafael había borrado ese detalle de su memoria.
Rafael era un hombre de expresión reservada y trato distante. En su matrimonio, era siempre Amelia quien debía tomar la iniciativa en cualquier intercambio.
-No sabía que tenías habilidades culinarias -comentó Amelia, intentando ofrecer un cumplido.
-Por supuesto que lo desconocías -replicó Rafael con marcada indiferencia-. ¿Qué conocés realmente de mi?
Así concluían invariablemente sus interacciones.
Desde que formalizaron su unión, Rafael ocasionalmente lanzaba comentarios mordaces, probablemente como consecuencia de su resentimiento por la huida de Amelia antes de la ceremonia nupcial, Afortunadamente, no constituía algo demasiado grave, y ella ya había aprendido a sobrellevarlo.
Amelia decidió concentrarse en consumir sus alimentos.
Rafael empujó el plato con los seis sandwiches hacia ella.
-Come todo.
Amelia lo contemplo desconcertada.
¿Cómo pretendia que inginiera semejante cantidad?
Quizás, siendo esta la primera vez que el gran señor Peretti cocinaba para ella, no deseaba que su esfuerzo resultara infructuoso, y por eso le hacía tal petición.
Amelia lo miró con cautela:
-No puedo comer tanto. ¿Te parece si guardo lo que sobre en la heladera para más tarde o para mañana?
-No-Rafael elevó la mirada y la fijó en ella-. No soy tan flexible.
¿Estaba bromeando?
¿Sería posible que hoy estuviera de tan buen ánimo?
02:46
El resto de la comida transcurrió en completo silencio.
Al terminar, Amelia se ofreció a lavar la vajilla.
Cuando regresó de la cocina, Rafael ya se había cambiado y estaba sentado en el sofá. Llevaba una camisa verde celadón, tonalidad que pocas personas podían lucir con elegancia, pero su tez clara hacía que ese verde resaltara de manera extraordinaria.
El sonido metálico del encendedor quebraba el silencio.
Rafael lo accionaba repetidamente sin extraer un cigarrillo, como si lo hiciera por mero tedio.
Al percibir su presencia, la miró.
Amelia recordó lo que Martín le había comunicado el día anterior y preguntó:
-¿Tenés disponibilidad estos días? Mi padre nos invitó a cenar en casa.
Rafael respondió:
-Estoy saturado últimamente, vamos en unos días.
Amelia asintió.
Rafael dejó el encendedor plateado sobre la mesa:
-¿Qué monto de inversión requiere la película?
Era una clara señal de que deseaba ayudatla
Amelia experimentó incomodidad y respondió con voz apenas audible:
-No es necesario.
Rafael insistió:
-No me escasea el dinero.
-Lo se-Amelia clavó las uñas en la palma de su mano, sin atreverse a rechazarlo directamente frente a el-. Pero preferiria intentar conseguir la financiación por mis propios medios primero.
Rafael asintió con indiferencia, depositó el encendedor sobre la mesa y se incorporó para marcharse, dejando solo una frase:
-Hay medicación en la mesa.
¿Medicación?
Amelia la tomó y la examinó, su rostro enrojeció nuevamente.
Desconocía la existencia de ese tipo de fármaco.
Tras la partida de Rafael, Amelia exhaló aliviada, se acomodó en el sofá y comenzó a contactar
Capitulo S
inversionistas desde su celular.
Su proyecto consistía en una comedia romántica urbana titulada “Amor en Proceso”.
El guion había sido creado por un escritor novel completamente desconocido. A pesar de que los personajes presentaban imperfecciones, Amelia había quedado fascinada por la emotividad agridulce del amor no correspondido y decidió reescribir el guion personalmente.
-La compañía redujo el presupuesto este año, no podemos invertir.
-Estas películas románticas urbanas fracasaron en un 80% o 90% en los últimos años, no nos interesa el proyecto.
-No colaboramos con directores sin trayectoria.
Cuando el interior de la vivienda se sumió en penumbras, Amelia advirtió que ya eran las ocho
de la noche.
Ninguno de los potenciales inversionistas estaba dispuesto a brindarle una oportunidad, ni siquiera a considerar el proyecto.
Después de dos años en la industria tras su graduación, había comprendido que ser mujer en este ámbito presentaba dificultades añadidas.
Aunque Amelia había enfrentado obstáculos previamente, nunca había experimentado tantos rechazos consecutivos. Se sintió ligeramente desalentada, se encogió y ocultó el rostro entre las rodillas, con las manos enredadas en su cabello.
El celular sonó.
Supuso que sería algún inversionista retornando su llamada, pero resultó ser Leonardo, el asistente personal de Rafael.
-Señora, con el cierre de año, hay exceso de trabajo. El señor estará ocupado y no regresará al hogar en los próximos días.

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Status: Ongoing Type: Native Language: Spanish
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