Capítulo 388
Ella no sabía cómo describir lo bueno que era Lorenzo, tampoco sabía cómo poner en frases lo que sentía por él en ese momento. Simplemente, sentía que todas las palabras parecían insuficientes y vacías.
Quería abrazarlo fuerte y nunca soltarlo. Pero, debido a la multitud en la fiesta, solo pudo deslizar su mano bajo la mesa para agarrar la suya, entrelazando sus dedos. Sus miradas se encontraron, llenas de un amor tierno y profundo.
La boda estaba a mitad de camino cuando el teléfono de Jordana sonó, era una llamada de Otilia, por lo que se excusó momentáneamente para contestar la llamada en el pasillo, seguida, por supuesto, por Lorenzo. Antes de contestar, tenía una leve sonrisa en sus labios. Pero poco después de responder, su expresión cambió drásticamente y su rostro se tornó pálido.
Notando que algo andaba mal, Lorenzo preguntó con urgencia, “¿Qué sucedió?”
Jordana bajó la mano, respondiendo con debilidad, “Otilia dijo que mi abuelo tuvo un infarto y ahora mismo está en la sala de urgencias del hospital de Aguamar.”
Todo sucedió tan repentinamente que se sentía aturdida, como si hubiera perdido el alma. Varios pensamientos le vinieron a la mente y sin querer, comenzó a pensar en lo sucedido con Yolanda; recordó que también había enfermado sin previo aviso, un día estaba bien, al siguiente enfermó y falleció. Cuando recibió la noticia, era viernes y tenía una clase importante esa tarde, a la que no podía faltar, por lo que había planeado ir al hospital justo después de clase.
Pero cuando sonó el timbre indicando el fin de la clase, recibió una llamada de Otilia diciendo que la condición de la señora había empeorado y había sido llevada a urgencias. Aunque Jordana estaba estudiando en Aguamar, la universidad se ubicaba en las afueras, a una hora y media del centro de la ciudad. Para cuando llegó al hospital, ya era demasiado tarde, no la pudo ver por última vez, solo escuchó a Otilia contar que Yolanda había mencionado su nombre antes de fallecer.
Ese suceso era un remordimiento siempre presente en el corazón de Jordana. A veces pensaba que, si no hubiera asistido a esa clase, podría haber llegado a tiempo para despedirse. Pero, el mundo no está lleno de “si hubiera“.
Cada vez que pensaba en eso, se sentía completamente perdida y sus manos sudaban frío. Su mente, siempre calmada y racional, era un torbellino de caos. El miedo que llenaba su corazón era como una marea que la sobrepasaba, sintiéndose perdida y desesperada. Todo parecía repetirse: la enfermedad repentina y el ingreso urgente al hospital.
“El abuelo va a estar bien. Vamos para allá ahora mismo.” Al verla tan devastada, el corazón de
Lorenzo se estremeció.
Instintivamente, extendió su mano para tomar la de ella. A pesar del cálido ambiente del hotel, sus manos estaban frías como el hielo. Mientras la llevaba hacia la salida, llamó al conductor. Al llegar a la salida, el conductor ya los esperaba.
1/2
Capítulo 388
Una vez en el asiento trasero del coche, Jordana se quedó inmóvil, con la mirada perdida, como una marioneta sin hilos. El sol brillaba a través de la ventana, iluminando su pálido y tranquilo rostro, lo que hizo que el corazón de Lorenzo se sintiera aún más pesado. Nunca la había visto tan vulnerable.
Y entendía por qué: Jordana había sido criada por sus abuelos desde pequeña; su afecto por el abuelo y la abuela superaba al de cualquier otra persona, ahora que el abuelo estaba en peligro su corazón debía estar sufriendo.
Verla sufrir lo hacía sentir peor. No sabía cómo consolarla, solo pudo apretar su mano con fuerza, repitiendo una y otra vez, “No tengas miedo, todo estará bien.”