Capítulo 278
En ese momento, ella simplemente sentía que estar con Lorenzo era algo que la hacia feliz.
¿Quizás esto era el amor?
Jordana apenas había tenido tiempo para reflexionar mucho sobre ello, cuando vio una nueva notificación en las redes sociales.
Era un “me gusta” de Lorenzo a su publicación y, poco después, apareció un comentario.
[Lorenzo: Otro día más amando a mi esposa.]
Los ojos de Jordana se curvaron involuntariamente de alegría.
Después del almuerzo, Hugo expresó el deseo de visitar a la abuelita, para llevarle ofrendas y ropa de invierno, como era costumbre.
Jordana decidió acompañarlo.
Cada vez que llevaban ofrendas o ropa de invierno, Hugo insistía en hacerlo personalmente, sin aceptar ninguna ayuda.
Así que Jordana simplemente se quedaba de pie junto a él, observándolo mientras realizaba la ofrenda, murmurando entre dientes.
Charlaba casualmente sobre los últimos acontecimientos de la familia, y le pedía a la abuelita que se cuidara bien.
Esta conversación se extendió por un buen rato.
Jordana recordaba que Hugo no era precisamente un hombre de muchas palabras; los hombres tendían a ser reservados con sus emociones, y Hugo era un ejemplo perfecto de ello.
Desde que era pequeña, el cariño de este siempre fue de una manera reservada. Como cuando estaba en Floridalia y Hugo le enviaba dinero a escondidas, o aquel día en que la familia Galván vino a pedir su mano en matrimonio, y él sacó su juego de café más preciado para recibirlos.
Pero ese hombre, generalmente tan reservado y de pocas palabras, había pasado una hora entera hablando sin parar frente a la tumba de la abuelita.
Jordana pensó que tal vez eso también era una manifestación del amor.
Al imaginar que su relación con Lorenzo también sería un apoyo mutuo hasta el final, no pudo evitar sentirse contenta.
De regreso a la antigua mansión de la familia Rubín, Jordana revisaba ocasionalmente su teléfono, cuya pantalla permanecía oscura y en silencio.
Pensó que tal vez no tenía señal o que su teléfono estaba descompuesto, pero al verificarlo, todo estaba en orden. La ausencia de mensajes simplemente se debía a que no había recibido
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ninguno.
Normalmente, Lorenzo le enviaría mensajes a esa hora, y el no recibir nada ese día la hizo darse cuenta de lo acostumbrada que estaba a ellos.
Cuando Jordana llegó a la mansión de la familia Rubín, el sol ya se estaba poniendo. La puesta del sol se deslizaba lentamente detrás de las montañas lejanas, bañando el paisaje y el hogar en un suave resplandor anaranjado que la envolvía en una calma y ternura impresionantes.
Jordana tomó una foto y se la envió a Lorenzo.
Solo envió la fotografía, sin añadir ninguna palabra.
Al recibir la foto, el hombre no pudo evitar sonreír con ternura.
Y le respondió a Jordana.
[Jordana, ¿me extrañas?]
[Sí. Justo te estaba extrañando. ¿Estás a punto de salir del trabajo?]
Jordana respondió con sinceridad.
Al haber adivinado sus pensamientos, decidió no ocultar lo que sentía.
De hecho, Lorenzo no estaba equivocado al interpretar que, aunque la foto parecía un simple gesto para compartir un hermoso paisaje, lo que realmente escondía era el deseo de Jordana de saber de él, sin estar segura si estaría ocupado, por eso solo envió esa foto como una
forma de sondear.
Después de responder, ella se dio cuenta de algo:
No sabía exactamente en qué momento su comunicación con Lorenzo se había vuelto tan abierta y fluida, sin los nerviosismos de antes.
Ella también había aprendido a responderle al hombre con la misma honestidad, diciéndole sin rodeos que lo extrañaba.
[Solo me falta terminar unos detalles, ya casi estoy.]
[¿Quieres que te espere debajo de tu oficina cuando salgas?]
[Perfecto. Mi asistente se fue temprano hoy y no traje mi auto.]
Al leer los mensajes en la pantalla, la expresión de Lorenzo se suavizó, y una hermosa sonrisa se reflejó en sus labios.
Su Jordana, finalmente había aprendido a responderle.
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