Capítulo 269
A las siete de la noche, Noemí y un grupo de amigos llegaron a Oasis de Noche para cantar karaoke. Cuando llegó el momento de beber, ella encontró una excusa para retirarse.
Como estaba embarazada del hijo de Álvaro y sabía que consumir alcohol podía perjudicar al bebé que llevaba en su vientre, además de que ese niño era su única esperanza para asegurar su entrada en la familia Zelaya, así que estaba claro que no podía darse el lujo de consumir alcohol.
Noemí se dirigió a la zona de descanso en el segundo piso para fumar un cigarrillo. Justo después de encender un cigarrillo, vio a un hombre completamente ebrio siendo ayudado por un mesero a salir de una habitación al final del pasillo.
Era un hombre de unos cuarenta o cincuenta años, vestido con una camisa gris con estampados llamativos, un chaleco negro y unas lentes de montura dorada, con el cabello peinado con tanto gel que brillaba bajo la luz.
De inmediato, Noemí sintió que ese hombre le resultaba familiar.
Intrigada, se acercó para verlo mejor y se dio cuenta de que efectivamente era alguien conocido: era Simón, el padre de Álvaro.
Por un momento pensó en acercarse para saludarlo, pero era evidente que Simón estaba tan borracho que ni siquiera podía mantenerse en pie, a pesar de la ayuda del mesero. Sus pasos eran tambaleantes y descoordinados
Al observar a Simón en ese estado tan lamentable, los ojos de Noemí se entrecerraron con
astucia.
Durante este tiempo, Álvaro no había respondido a ninguna de sus llamadas y parecía decidido a mantenerla completamente apartada. Pamela, por su parte, seguía firme en su negativa a permitirle que se uniera a la familia Zelaya. Ella se sentía frustrada y sin opciones. Pero en este momento, al ver a Simón así, pensó que él podría ser la oportunidad que necesitaba.
Cuando el mesero llevó a Simón al ascensor; pronto el indicador mostró que el ascensor iba hacia arriba, Noemí apagó el cigarrillo que tenía en la mano y lo siguió rápidamente.
Una vez en el ascensor, Noemí se presentó de manera muy cortés al mesero. “Soy la asistente del Sr. Simón Zelaya. ¿Vamos a llevar al Sr. Zelaya a su habitación ahora?”
La mayoría de los ricos tenían asistentes, y el hecho de que Noemí supiera el nombre de Simón confirmaba que realmente se conocían.
Además, como el club operaba bajo un sistema de membresías, no era fácil para extraños entrar, por lo que el mesero no dudó de la identidad de Noemí.
El mesero asintió con la cabeza y respondió: “Sí. El Sr. Falcón dio instrucciones para que llevásemos al Sr. Zelaya a una habitación en el tercer piso.”
Noemí no necesitó pensar demasiado para deducir que este Sr. Falcón debía ser un cliente de
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Capítulo 269
Simón.
Oasis de Noche ofrecía servicios desde masajes y espectáculos de música y danza en el segundo piso hasta servicios más exclusivos en el tercer piso, convirtiéndolo en un lugar frecuentado por las élites de Floridalia para entretener a sus clientes más importantes.
Noemí preguntó: “¿El Sr. Falcón no está borracho, verdad? Es un cliente importante para el Sr. Zelaya. Él me pidió que, en caso de que el Sr. Falcón se emborrachase, yo me encargue de él.”
El mesero negó con la cabeza. “No, el Sr. Falcón ya subió al tercer piso.”
Noemí asintió: “Entonces, después de que lleves al Sr. Zelaya a su habitación, puedes retirarte. Yo me encargaré del resto.”
Noemí actuó de manera tan profesional que el mesero no tuvo ninguna sospecha y asintió en
acuerdo.
Una vez en el tercer piso y en la habitación ya reservada, el mesero ayudó a Simón a acostarse en la cama y le entregó la tarjeta de la habitación a la mujer.
Noemí cogió la tarjeta, sacó un fajo de billetes de su bolso y lo entregó al mesero, instruyéndole: “En cuanto a lo que suceda esta noche con el Sr. Zelaya, sin importar quién pregunte, debes mantenerte en silencio, ¿entendido?”
El dinero era capaz de abrir todas las puertas.
El mesero, tras guardar el dinero en su bolsillo sin hacer más preguntas, asintió: “Claro.”
Después de que el mesero se marchó, Noemí no pudo contener la emoción que le llenaba el pecho. Si jugaba bien sus cartas esta noche y conseguía algo con qué chantajear a Simón, estaría un paso más cerca de lograr su sueño de entrar a la familia Zelaya.
Pero, ¿cómo debería aprovechar esta oportunidad?
Después de reflexionar durante diez minutos, la primera idea que le vino a ella a la mente fue acostarse con Simón y tomar fotografías de ellos juntos. Esa evidencia seguramente podría ser suficiente para chantajearlo.
Aunque sabía que este plan era algo arriesgado, también comprendía que esta era
probablemente la última oportunidad que tenía frente a ella. Si la dejaba pasar, ya no habría otra igual.
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