Capítulo 264
Él accedió a la petición de Petrona principalmente porque ella aún tenía cierto valor
para
él.
Los antiguos accionistas del Grupo Rubín, últimamente, no solo no contestaban las llamadas, sino que ni siquiera recibían visitas en sus hogares.
Ni siquiera su prometida, Gilda García, logró cambiar la situación.
Por eso, Fermín pensó en hacer que Petrona interviniera. Al ser parte de la familia Rubín, ella era la candidata perfecta para esta tarea.
Con la mitad de su cigarrillo ya consumido, Fermín llamó a Gilda.
Con tono indiferente, dijo: “El asunto de nuestro compromiso, busca una excusa para posponerlo un tiempo. Estoy un poco ocupado estos días.”
Del otro lado del teléfono, la voz de Gilda sonaba dulce: “¿Es por la heredera de la familia Soler?”
“Sí. Me está presionando hasta el extremo para que me case con ella.”
Gilda soltó una gélida sonrisa: “¿Hemos llegado a ese punto de desesperación?”
Fermín se explicó brevemente: “La opinión pública está muy agitada en estos momentos. Si ella sufre algún percance, me será difícil asumir el control del Grupo Murillo y ganarme el respeto de todos los integrantes. Así que, por favor, ten un poco más de paciencia.”
“Está bien.”
Gilda accedió sin vacilar.
Habiendo crecido juntos desde la infancia, ella y Fermín compartían una comprensión tácita después de tantos años.
De hecho, Gilda realmente amaba a Fermín.
Cuando se enteró de que Petrona y él se veían a escondidas, no armó un escándalo.
Ella era inteligente y, tras tantos años de relación con Fermín, entendía que él elegiría al Grupo Murillo sobre ella sin dudarlo.
La relación entre Fermín y ella no era tanto de enamorados, sino más bien de socios.
Por otro lado,
Petrona estaba bajando del tejado cuando, en el rellano de la escalera, se encontró con Verónica, que subía con sus tacones altos.
Esta había corrido al tejado al escuchar algunos ruidos y al enterarse por los sirvientes de que Petrona había subido allí, temiendo que hiciera alguna locura para evitar casarse con Nicolás.
Al ver a Petrona sana y salva bajando del tejado, Verónica finalmente pudo respirar tranquila.
Capítulo 264
Petrona era la única esperanza que tenían para salvar al Grupo Rubín.
Ese día, tanto Raquel como Hugo le habían dado la espalda con frialdad.
Con Hugo, incluso se había encontrado con la puerta cerrada en las narices.
Aunque había otros parientes lejanos y complicados, todos eran pobres y no serían de ayuda.
Por suerte, tras hablarlo con Nicolás, quedó claro que si Petrona se casaba con él, los problemas del Grupo Rubín serían también los suyos.
Sin embargo, Verónica seguía temiendo que algo saliera mal con Petrona.
A pesar de todo, no pudo evitar aconsejarla con el corazón en la mano.
“Petrona, sé que no te hace ilusión casarte con un miembro de la familia Hernández, pero el Grupo Rubín está teniendo dificultades con la liquidez y no tenemos otra salida.”
Petrona no dijo nada, pero por dentro ya lo estaba maldiciendo.
¿Qué tenía ella que ver con los problemas financieros del Grupo Rubín?
Siempre era la sacrificada, sin recibir nada a cambio.
Verónica siguió analizando la situación. “Casarte con la familia Hernández no es rebajarte, es tu mejor opción ahora. Después de lo ocurrido con Fermín, las puertas de la alta sociedad de Aguamar se te han cerrado. Mejor estar con Nicolás, que aunque mayor, sabrá cuidarte bien, que casarte con una persona ordinaria y sufrir penurias.”
Verónica habló con los ojos entrecerrados. “Además, a su edad, ya casi tiene un pie en la tumba. Incluso si no te gusta, solo tendrías que aguantarlo durante unos años. En unos años más, ¿acaso toda su fortuna no sería tuya cuando deje de existir?”
“Si realmente no lo soportas, puedes divorciarte en un par de años y aun así te llevarías la mitad de la fortuna de la familia Hernández.
Todo esto es dinero, una oportunidad así solo la tienes tú, nadie más puede siquiera soñar con ello. ¿Por qué te opondrías a la posibilidad de tenerlo?”
Petrona, despreciando la idea en su corazón, respondió con dulzura: “Mamá, lo entiendo.”
Con un aire de obediencia y sensatez, logró tranquilizar bastante a Verónica.
A diferencia de Jordana, que siempre se resistía a la autoridad, Petrona siempre había sido una hija obediente y sensata. Parecía que con el compromiso no surgirían complicaciones.
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