Capítulo 243
Cuando Verónica terminó de hablar, una oleada de conmoción estalló entre la multitud, con el sonido de los obturadores parpadeando en todas partes.
Siguiendo una señal de Verónica, su asistente rápidamente encontró la información relevante y le pasó el móvil.
En la pantalla del teléfono había varias fotos íntimas con mosaicos cubriendo algunas partes sensibles, pero los rostros de los protagonistas estaban a la vista.
Eran de Petrona y el segundo heredero del Grupo Murillo, Fermín.
Las fotos habían sido subidas a internet hacía media hora y ya habían alcanzado el primer lugar en las tendencias de búsqueda.
Anteriormente, todo el equipo del Grupo Rubín estaba ocupado preparando una rueda de prensa, sin prestar atención a esta repentina tendencia.
Verónica, que normalmente manejaba con facilidad la gestión de la opinión pública en línea, se encontró completamente incapaz de controlar esta situación, y su expresión cambió drásticamente.
Después de delegar los preparativos de la rueda de prensa a un ejecutivo cercano, Verónica se levantó y comenzó a dirigirse hacia la salida, seguida de cerca por su asistente.
“Señora Rubín, ¿podría confirmar si estas fotos de su hija con el segundo heredero del Grupo Murillo son reales? ¿Tienen una relación?”
“Señora Rubin, hemos escuchado que el segundo heredero del Grupo Murillo, Fermín, está a punto de comprometerse con la heredera de la familia Galán. ¿Significa esto que su hija es la amante?”
“Señora Rubín, ¿qué opinión le merecen las fotos íntimas filtradas en internet? ¿Le preocupa que esto pueda afectar la reputación del Grupo Rubín?”
Los periodistas seguían haciendo preguntas de manera incansable, con algunas de ellas cada vez más incisivas.
Este tipo de noticià explosiva, con material de primera mano, sin duda se convertiría en un fenómeno viral.
El rostro de Verónica se oscureció mucho más, mostrando una creciente incomodidad. Verónica siempre había mantenido una imagen impecable en público, sin precedentes de verse tan desfavorecida, su ira crecía por momentos.
De repente, un periodista preguntó: “Señora Rubín, el hecho de que su hija sea la tercera en una relación y haya filtrado fotos íntimas, ¿no indica esto un fallo en la educación debido a su ocupado horario laboral?”
La pregunta fue un golpe directo a un punto sensible.
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Capitulo 243
Verónica, a punto de explotar de rabia, respiró profundamente en varias ocasiones para calmar la furia que bullía dentro de ella.
Después de la pregunta, el periodista incluso le pasó el micrófono, golpeándola
accidentalmente en el rostro, intencionalmente o no.
La ira suprimida de Verónica resurgió de golpe, y ella arrebató el micrófono para lanzarlo al
suelo con fuerza.
De entre la multitud, alguien gritó: “¡Rápido, tomen fotos, la presidenta del Grupo Rubín está agrediendo y rompiendo cosas!”
Los flashes se intensificaron, y solo entonces Verónica se dio cuenta de su reacción, apresurándose a avanzar.
Los periodistas se agolparon frenéticamente, imposibles de dispersar.
Con la ayuda de su asistente, Verónica tuvo que empujar con fuerza a la gente para abrirse paso entre el caos, incluso derribando a un camarógrafo en el proceso.
Con el lugar lleno de periodistas, era imposible que el incidente no se difundiera.
En el mundo de las noticias, la velocidad de publicación lo era todo para ganar más visibilidad y tráfico.
En menos de diez minutos, todas las redes sociales estaban inundadas con nuevas tendencias: “La presidenta del Grupo Rubín arroja el micrófono de un periodista durante una entrevista.”
“La hija de la Sra. Rubín involucrada en un escándalo de fotos íntimas, la presidenta del Grupo Rubín reacciona violentamente lanzando el micrófono y la cámara.”
“Tras la controversia de los productos del Grupo Rubín, la ‘integridad‘ de su presidenta vuelve a
estar en duda.”
Por supuesto, después del incidente del micrófono causado por Verónica, todos los miembros del Grupo Rubín presentes en el lugar se retiraron, y la rueda de prensa programada para ese día se interrumpió abruptamente.
El lugar designado para la rueda de prensa quedó en un caos total, imposible de controlar.
La puerta del edificio del Grupo Rubín estaba firmemente cerrada, rodeada por numerosos periodistas que asediaban el lugar.
No muy lejos del edificio del Grupo Rubín, al costado de la carretera, había aparcado un Porsche blanco.
La ventanilla estaba medio bajada, llenando el interior del coche de humo. Fermín, con gafas de sol negras y un cigarrillo que se consumía a medias entre sus dedos.
Con un gesto despreocupado, sacudió la ceniza del cigarrillo fuera de la ventana, observando el caos que había fuera con una sonrisa en los labios.
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