Capítulo 212
Se encontraba recostada, respirando de manera uniforme, con el rostro dormido irradiando tranquilidad.
Llevaba puesto un acogedor pijama blanco, y su rostro pequeño y pálido destacaba por su serenidad y dulzura.
A simple vista, era la mujer ideal para muchos. Y no solo eso, sino también una talentosa artista.
Una increíble belleza y talento en una sola persona.
Era, sin duda, el amor platónico de más de un hombre.
En sus días escolares, había visto a varios chicos, torpemente, intentando detener a Jordana para, con las mejillas sonrojadas, entregarle algunas cartas de amor.
Después de que esta se alejaba, él interceptaba a esos chicos, charlando casualmente para sacarles sus nombres y cursos.
Luego, anotaba esos encuentros en el registro disciplinario de la escuela, bajo la causa de “noviazgo prematuro“.
Estos jóvenes, inevitablemente, terminaban en la oficina del director con sus padres para mantener una “charla“.
Por supuesto, siempre salían tironeados de las orejas por sus padres.
En la época escolar, ningún padre apoyaba el noviazgo de sus hijos a temprana edad, igual que los maestros.
En aquel momento, él amaba a Jordana, pero no quería interferir en sus estudios ni permitir que otros hombres lo hicieran.
La mayoría de los admiradores de Jordana fueron disuadidos por él de esta manera.
Después de dejar la escuela, el encargado de continuar con esta labor fue Romeo Quiroz.
El hermano menor de Romeo, casualmente, tenía la misma edad que Jordana, compartiendo no solo el mismo colegio sino también la misma universidad.
De esta manera, él aseguró que Jordana completara su vida escolar sin perturbaciones, eliminando discretamente cualquier distracción amorosa.
Sin embargo, en aquel momento, Jordana no tenía idea de su existencia, y él nunca intentó molestarla.
La mayoría de las veces, con solo verla de lejos, su corazón se suavizaba inmensamente.
En aquel entonces, su único deseo era convertirse en una persona digna de estar a su lado, capaz de asegurarle un futuro feliz y estable.
Sin embargo, siempre sintió que iba un paso por detrás.
Afortunadamente, no era demasiado tarde.
Parecía que el destino aún le guardaba una oportunidad.
Al sacudir sus pensamientos, Lorenzo cogió su abrigo y se dirigió al balcón.
Al pasar por el estudio, notó que había un papel de arroz perfectamente alisado por un peso de ébano sobre la mesa de caoba, sujetando una pintura recién hecha.
Lo que más llamaba la atención era la inscripción:
“La luz de linternas ilumina como el día, rostros conocidos, entre nubes y lluvias, un año tras
otro.”
La caligrafía era elegante y delicada, única en su estilo.
Reconoció de inmediato que era la letra de Jordana.
Su mirada se detuvo en la inscripción, la cual estaba llena de ternura.
Al llegar al balcón, podía ver la sombra bajo la luz del farol, reacia a partir.
Lorenzo tenía muchas formas de hacer que Álvaro se marchara, pero no quería recurrir a ellas.
Por un lado, quería que Jordana se desahogara.
Pero por otro, era hora de que Álvaro experimentara el dolor de un amor no correspondido.
La noche era profunda, el aire cargado de una neblina que lo envolvía todo. Este hubiera sido un buen momento para fumar un cigarrillo, pensó. Sin embargo, él no tenía ese hábito. Además de ser perjudicial para la salud, también afecta a los que estaban alrededor, incluyendo a los niños.
Aunque aún no sabía cuándo tendría hijos, prefería estar preparado por si sucedía.
Después de unos cinco minutos en el balcón, regresó a la habitación.
Se quitó el abrigo, apagó la luz y se acercó sigilosamente a la cama.
Al levantar la manta y extender su brazo, Jordana, ya dormida, sintió su presencia y se acurruco instintivamente en sus brazos.
La mujer en sus brazos era suave y cálida, con los ojos cerrados, y durmiendo plácidamente.
Lorenzo bajó la cabeza y le dio un beso en la frente. “También espero estar contigo mañana y noche, año tras año.”
Jordana durmió profundamente, y al despertar al día siguiente, había olvidado por completo la aparición de Álvaro.
Iban a regresar a la antigua mansión de la familia Galván, y el asistente de Lorenzo llegó en coche a buscarlos.
Capitulo 212
Después del desayuno, casi por instinto, metieron las invitaciones de boda en sus bolsos antes
de salir.
Juntos, de la mano, al salir vieron una figura familiar bajo la sombra de los árboles.
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