Capítulo 87
Carlos observaba la destrucción a su alrededor con una mezcla de preocupación y fascinación. Los cristales rotos crujían bajo sus zapatos mientras se acercaba cautelosamente a Violeta, quien seguía arrojando objetos contra las paredes con furia ciega.
Sus manos se extendieron en un gesto conciliador.
-Por favor, señorita Violeta, tenga cuidado. No se vaya a lastimar–tragó saliva antes de continuar-. Si esta vez no se dio, ya habrá otra oportunidad.
Un jarrón se estrelló contra la pared a centímetros de su cabeza. Los ojos de Violeta, inyectados en sangre, se clavaron en él.
-¿Otra oportunidad? -su risa histérica resonó por la habitación. ¿De verdad crees que voy a tener otra oportunidad?
Sus dedos se crisparon alrededor de un marco de fotos. El vidrio se hizo añicos en sus manos, pero ni siquiera pareció notarlo.
“Simón nunca comete el mismo error dos veces“, pensó con amargura. La oportunidad de oro se le había escapado entre los dedos. Ya no habría más momentos de vulnerabilidad que pudiera aprovechar, no más chances de cruzar esa última línea con él.
Sus uñas se clavaron en sus palmas hasta dejar marcas.
-¿De qué me sirve que sea tan bueno conmigo? ¿De qué me sirve que me consienta tanto? -las palabras brotaban entre dientes apretados-. ¡Yo lo quiero todo! ¡Quiero ser su mujer! ¡La
señora Rivero!
La furia le nublaba la vista al pensar en ese obstáculo insalvable entre ellos. Pero más que nada, la consumía la rabia, contra sí misma. Un solo momento de imprudencia en el pasado la había condenado a esta situación imposible.
Carlos se aflojó la corbata, incómodo. Conocía demasiado bien el carácter inflexible de su jefe.
-Tiene razón, señorita. No habrá otra oportunidad como esta -hizo una pausa calculada-. Pero el presidente Rivero sigue siendo increíblemente considerado con usted. A pesar de todas las evidencias que dejamos por la prisa, él solo se preocupó por su salud.
Sus ojos se iluminaron con un brillo astuto.
-Está claro que usted ocupa un lugar especial en su corazón.
Las palabras actuaron como un bálsamo instantáneo. La tensión abandonó los hombros de
Violeta.
-¡Por supuesto que sí! -una sonrisa triunfal curvó sus labios-. Simón y yo crecimos juntos. ¡Yo hasta le salvé la vida una vez! Nadie en este mundo es más cercano a él que yo.
Su expresión se ensombreció.
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Capítulo 87
-Si no hubiera sido por ese error… esa mosca muerta de Luz jamás se habría acercado a él.
Carlos, aprovechando el cambio de humor, siguió alimentando su ego con palabras dulces hasta que la tormenta amainó por completo.
Violeta se dejó caer en un sillón, jugueteando distraídamente con un mechón de cabello.
-Mi hermana dice que quiere divorciarse de Simón -sus ojos se entrecerraron con malicia-. Pero quién sabe si solo está jugando al gato y al ratón. Si esto sigue así… me temo que todos la vamos a pasar muy mal.
El mensaje era claro como el cristal: debían actuar rápido.
Carlos apretó la mandíbula, frustrado al recordar sus fracasos anteriores. La suerte de Luz parecía desafiar toda lógica. Cada “accidente” que había organizado a través de esa agencia especializada había fallado miserablemente.
No queriendo admitir su incompetencia, se apresuró a asegurar:
-Todo está casi listo. Esta vez no habrá margen de error.
Violeta le dedicó una mirada cargada de desprecio, pero se mordió la lengua. No podía arriesgarse a dejar evidencia de su complicidad.
Se enderezó en el sillón, cambiando abruptamente de tema.
-Por cierto… ¿conoces a algún hacker que sea realmente bueno? -si no podía deshacerse de Luz inmediatamente, al menos tenía que resolver ese otro asunto.
Carlos negó con la cabeza.
-No directamente, pero con suficiente dinero… -una sonrisa torcida se dibujó en su rostro-. Podemos encontrar a quien sea para servirle, señorita.
Los ojos de Violeta brillaron con determinación febril.
-Entonces búscalo. No me importa cuánto cueste, ¡necesito al mejor!
Sus dedos se crisparon sobre el reposabrazos del sillón. Ese video en manos de Luz era como una guillotina suspendida sobre su cabeza. Y ella estaba determinada a destruirla antes de que
cayera.
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