Capítulo 81
Tras despedirme de Gabi, la realidad me golpeó como un balde de agua fría: retomar los estudios después de tanto tiempo era más desafiante de lo que había imaginado. Sin embargo, la determinación ardía en mi interior. No iba a dejar que nada ni nadie me detuviera esta vez.
La biblioteca municipal se había convertido en mi segundo hogar. Los textos especializados que necesitaba eran imposibles de encontrar en línea, así que pasaba horas entre sus estanterías de madera oscura, rodeada del aroma a papel viejo y el silencio reconfortante que solo una biblioteca puede ofrecer. Me quedaba hasta que el conserje hacía sonar sus llaves, anunciando discretamente que era hora de cerrar.
Al otro lado de la calle se encontraba el “Sizzle&Grill“, una taquería que era una institución en el barrio desde hace más de una década. Los dueños, un matrimonio de rostros amables y manos trabajadoras, preparaban los tacos más deliciosos que había probado. En mis años de estudiante, ese lugar había sido mi refugio, especialmente durante los gélidos inviernos cuando el vapor que emanaba de la plancha parecía llamarme como una sirena.
“Un taco calientito después de estudiar… eso es vida“, pensé mientras esperaba que el semáforo cambiara. El aroma a carne asada y cilantro fresco flotaba en el aire, haciendo que mi estómago gruñera en anticipación.
El sonido de mi celular rompió mi ensoñación. Justo cuando metía la mano en mi bolso para alcanzarlo, sentí un impacto brutal en mi espalda. La fuerza del empujón me lanzó hacia adelante sin darme tiempo siquiera de gritar.
El mundo pareció ralentizarse. Vi el asfalto acercándose y, más aterrador aún, las luces de un auto aproximándose a toda velocidad. Mi cuerpo, torpe y pesado, se negaba a responder a mis intentos desesperados por girar.
“¿Así va a terminar todo?“, pensé mientras cerraba los ojos, esperando el impacto.
Pero en lugar del frío asfalto o el metal aplastante, sentí unos brazos fuertes que me envolvían, rescatándome de una muerte segura. Un aroma familiar a pino inundó mis sentidos, y mi corazón se tranquilizó al instante, reconociendo a mi salvador antes incluso de abrir los ojos.
-¿Estás bien? -La voz grave y serena de Fidel me envolvió como una manta protectora.
Las piernas me temblaban tanto que apenas podía mantenerme en pie. El shock de haber estado a segundos de morir me había dejado sin fuerzas.
-Estoy bien… solo un poco mareada.
Con infinita gentileza, Fidel ajustó su agarre.
-Tranquila, no te suelto.
-Gracias–susurré, mientras mis ojos escaneaban la multitud que se había formado. Algo en la fuerza de ese empujón no cuadraba con un simple accidente.
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Capítulo 81
Antes de que pudiera analizar más la situación, una adolescente de unos dieciséis años se acercó arrastrando a un niño más pequeño. Sus ojos estaban rojos y las lágrimas corrían por sus mejillas.
-¡Disculpenos, señorita! Estábamos jugando y mi hermano la empujó sin querer. ¡Casi provocamos una tragedia!
El niño, que no pasaría de los trece años, hipaba incontrolablemente.
-¡Lo siento mucho! Puede castigarnos como quiera, lo merecemos.
Sus lágrimas y disculpas desesperadas comenzaron a ablandar a los testigos del incidente, que ahora me miraban con expectativa, como si yo fuera la villana por no responder inmediatamente con perdón y comprensión.
La frustración me carcomía por dentro. Primero la maceta que casi me aplasta, y ahora esto. Todos “accidentes“, pero todos amenazando mi vida de formas demasiado convenientes.
-Lo sentimos tanto, señorita… por favor… -Los sollozos de los niños aumentaban con mi silencio, y los murmullos de la gente a mi alrededor se volvían cada vez más críticos.
Me sentí acorralada. ¿Cómo podía expresar mi sospecha sin parecer una paranoica que se ensañaba con unos niños? Pero el pensamiento de que mi vida, la que tanto me había costado recuperar, casi termina bajo las ruedas de un auto… No era algo que pudiera simplemente dejar pasar con una sonrisa y un “no pasa nada“.
Los brazos de Fidel, aún sosteniéndome firmemente, me recordaban lo cerca que había estado
de perderlo todo. Otra vez.
การบ