Capítulo 55
Irene observaba a Natalia desde el rabillo del ojo, notando cómo su amiga fruncía el ceño cada vez que mencionaba otro encuentro “casual” con Romeo e Inés. La tristeza le pesaba como una losa en el pecho cada vez que los veía juntos, pero se negaba a mostrar debilidad.
Sus dedos tamborilearon sobre la mesa mientras esbozaba una sonrisa torcida.
-¿Por qué tendría que ser yo la que se aleje? El infiel es él, no yo.
El pensamiento cruzó su mente como un relámpago: quizás, si seguía viéndolos, su corazón se congelaría más rápido. Tal vez así podría arrancarlo de raíz y olvidarlo antes.
Natalia se acercó hasta quedar hombro con hombro. El aroma familiar de su perfume envolvió a Irene mientras su amiga la rodeaba con un brazo protector.
-No me lo dices, pero me preocupa verte así. Sé que estás sufriendo.
El calor de ese abrazo derritió algo dentro de Irene. Tomó la mano de su amiga entre las suyas, apretándola suavemente.
-Por más que duela, vamos a salir adelante.
Natalia, incapaz de sostener la intensidad del momento, soltó una risita nerviosa.
-Te acompaño en lo que sea, pero no te me vayas a enamorar, ¿eh? Que a mí me gustan los hombres.
La carcajada de Irene resonó en la habitación, disipando momentáneamente las sombras que la acechaban. Sin embargo, la preocupación por el caso de Daniel en redes sociales seguía royéndole las entrañas.
Esa noche, los pasillos del hospital parecían más fríos y solitarios que nunca. El silencio de su celular era ensordecedor: ni una llamada, ni un mensaje de Romeo. Ya debería estar acostumbrada, se dijo, pero la costumbre no hacía que doliera menos.
El sueño la eludió toda la noche, dejándola dar vueltas en la incómoda cama del hospital. La mañana llegó con el estridente timbre de su teléfono rompiendo la quietud del amanecer.
El nombre de Vicente en la pantalla hizo que su corazón diera un vuelco.
-Señorita Llorente, el juicio de su hermano comienza mañana.
Irene se incorporó de golpe, el pánico trepando por su garganta.
-¿Tan pronto? ¿Ya tenemos todas las pruebas?
Vicente exhaló pesadamente al otro lado de la línea.
-El caso se volvió viral en redes. El tribunal adelantó la fecha y no tenemos todo el material probatorio. Es arriesgado, pero no se angustie; si perdemos, podemos apelar.
Las manos le temblaban mientras sostenía el teléfono.
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Capitulo 55
-Confío en ti, Vicente.
Tras colgar, se desplomó en la cama. La desesperación le atenazaba el pecho. Una apelación significaría tiempo, tiempo que Daniel pasaría tras las rejas. La imagen de su hermano pequeño, siempre sonriente, encerrado en una celda, le revolvió el estómago. ¡Daniel era inocente!
Esa noche, con dedos temblorosos, le envió un mensaje a César informándole sobre el juicio. El silencio de su padre fue su única respuesta.
Al día siguiente, con Natalia como único apoyo, se dirigió al tribunal. Apenas bajó del auto, la escena frente a la entrada la congeló en su lugar: César y Yolanda rodeaban a Enzo como buitres sobre una presa.
-Enzo, ¿qué tan seguro estás con el caso de mi hijo?
Los ojos de Yolanda brillaban con lágrimas contenidas.
-Mi hijo es inocente, ¿verdad que Romeo te lo dijo? Daniel es todo lo que tengo, no puedo vivir sin él. ¡Haz lo que sea necesario para salvarlo!
Enzo palideció visiblemente antes de hablar.
-Don César, doña Yolanda, me temo que hay un malentendido. Yo no estoy llevando el caso del
señor Llorente.
El rostro de César se endureció como granito.
-Imposible. Le ordené a Irene que te contratara para este caso.
-No soy yo, sino nuestro abogado estrella, Vicente. Él tiene más experiencia en casos de fraude, ustedes…
Antes de que Enzo pudiera terminar, Yolanda detectó a Irene. Con pasos apresurados, se acercó a su hija.
-Irene, ¿no habías contratado a Enzo?
La mirada de César se clavó en ella como un puñal envenenado. Enzo, visiblemente incómodo, se encogió de hombros, dejándola sola ante la tormenta.
Irene alzó la barbilla y enfrentó la mirada de su padre.
-Papá, mamá, Enzo tenía otros casos…
-¡lrene! -César explotó, su rostro enrojecido por la furia-. ¿Es tu venganza por haberte dejado en el estacionamiento? ¿Por eso contrataste al primer abogado que encontraste?
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