Capítulo 465
Con un movimiento fluido, Israel sacó un cigarro del bolsillo de su camisa y lo encendió. El aroma del tabaco fino se extendió por la habitación mientras él se reclinaba en su silla con
estudiada indolencia.
-Simón es mano de obra gratuita -dijo tras exhalar un perfecto anillo de humo que se elevó hacia el techo-. Y su identidad me resulta… conveniente.
Carla observó al hombre frente a ella, buscando rastros del esposo que creyó conocer durante años. A pesar del tiempo compartido, a pesar de haber sido capaz de reconocerlo bajo su disfraz, ahora sentía como si estuviera ante un completo desconocido.
Su mente analítica procesaba las implicaciones de sus palabras con la precisión de un bisturí. Simón, viviendo y trabajando bajo la identidad de Israel, no era más que una marioneta inconsciente. Cada logro, cada conquista empresarial, cada centavo ganado con el sudor de su frente… todo terminaría en manos del verdadero Israel cuando este decidiera reclamar su
lugar.
-¿Cómo pudiste hacerle esto a mamá? -Las palabras brotaron de sus labios antes de poder contenerlas-. ¿Tienes idea de cuánto ha sufrido por ti?
Una punzada de dolor genuino atravesó el pecho de Carla al recordar aquellos días oscuros tras la supuesta muerte de Israel. Contra todo pronóstico, había llegado a sentir un afecto sincero por Jacinta, esa mujer que la había acogido como a una verdadera hija.
-Si no hubiera estado yo ahí, cuidándola día y noche, tu madre se habría dejado morir de pena. La sonrisa que se dibujó en el rostro de Israel hizo que el aire de la habitación pareciera más denso, más difícil de respirar.
-Su reacción fue perfecta -respondió con voz aterciopelada-. ¿Qué mejor coartada que una madre destruida por el dolor?
Un escalofrío recorrió la columna vertebral de Carla. Siempre había sabido que la amabilidad y devoción de Israel eran una máscara, pero la profundidad de su indiferencia la dejó paralizada.
La ironía de la situación no escapaba a su comprensión científica. Dos hombres idénticos, nacidos del mismo vientre, compartiendo cada fragmento de ADN… Y sin embargo, tan diferentes como el día y la noche. Mientras Simón se desvivía por una madre que jamás le mostró amor, Israel descartaba como una simple herramienta a la mujer que lo había adorado desde su primer aliento.
El humo del cigarro se arremolinaba en el aire, formando patrones caprichosos que le recordaron a Carla una historia casi olvidada. Su mente viajó años atrás, a los días en que Salvador Ayala, el patriarca de la familia y devoto creyente, había llevado a una Jacinta embarazada ante un enigmático sacerdote.
Salvador, rebosante de alegría por la noticia de los gemelos, había querido asegurar las
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bendiciones divinas para sus futuros nietos. Antes de continuar su peregrinaje, el sacerdote había accedido a la petición de Salvador de vislumbrar el destino de las criaturas que Jacinta llevaba en su vientre.
Con una mirada que parecía traspasar el velo del tiempo, el sacerdote había pronunciado…