Capítulo 464
La satisfacción iluminaba el rostro de Carla mientras observaba nuestra partida. Su sonrisa delataba esa peculiar manera de ser suya: aquello que no podía poseer, debía destruirlo. Como una niña caprichosa que prefiere romper su juguete favorito antes que compartirlo, Carla vivía para asegurarse de que nadie más pudiera tener lo que ella deseaba.
Sin embargo, su momento de triunfo se desvaneció tan rápido como había llegado. Una sombra de preocupación cruzó su rostro cuando la posibilidad de mi embarazo se instaló en su mente. El simple pensamiento bastó para que su mundo perfecto comenzara a tambalearse. Sus planes, tan meticulosamente trazados, no admitían variables imprevistas, y la existencia de otro heredero Ayala era simplemente inadmisible.
La frustración la carcomía por dentro. Sabía que estaba bajo vigilancia constante, cada uno de sus movimientos era escrutado con lupa. Un paso en falso, cualquier acción contra mí, y Simón lo descubriría. Todo por lo que había luchado se desmoronaría como un castillo de naipes.
“No puedo arriesgarme“, se repetía una y otra vez.
La ansiedad se convirtió en su compañera nocturna. Las horas pasaban mientras daba vueltas en la cama, perseguida por fantasmas de futuros que no podía permitir. Sus dedos se crispaban sobre las sábanas de seda mientras su mente trabajaba frenéticamente, buscando una solución.
De pronto, como un relámpago en la oscuridad, el recuerdo del hombre enmascarado iluminó sus pensamientos. Sus últimas palabras resonaron en su memoria: la promesa de ayuda para aquello que no pudiera resolver por sí misma.
Se incorporó de golpe, con el corazón latiendo acelerado. Aunque las motivaciones de aquel hombre seguían siendo un misterio, algo en su interior le susurraba que él respondería a su llamado. Sus objetivos parecían alinearse perfectamente, como piezas de un rompecabezas que comenzaba a tomar forma.
Mientras contemplaba la enigmática familiaridad que emanaba de aquel hombre
enmascarado, sus ojos se perdieron en la penumbra de la habitación. Tras unos momentos de reflexión, tomó su celular y concertó un encuentro para el día siguiente.
El corazón de Ciudad Central palpitaba con su usual energía cuando Carla llegó al apartamento indicado. El hombre enmascarado la esperaba, absorto en el ritual de limpiar una pistola finamente trabajada. El brillo metálico del arma captó la atención de Carla, que observó fascinada el cuidadoso proceso.
Él continuó su tarea sin reconocer su presencia, cada movimiento preciso y deliberado revelaba un profundo aprecio por el arma entre sus manos. Solo cuando el metal brilló a su satisfacción, alzó la mirada hacia ella, otorgándole permiso silencioso para hablar.
-Sospecho que Miranda podría estar embarazada -la voz de Carla tèmbló ligeramente-. Si es
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Capitulo 464
así, necesito que te asegures de que ese bebé… desaparezca.
El hombre arqueó una ceja bajo la máscara.
-Si está embarazada, definitivamente habrá que ocuparse del asunto -respondió con voz sedosa-. Pero para discutir algo así, no era necesario vernos en persona.
Carla mantuvo su mirada fija en él, estudiando cada detalle de su postura, cada matiz de su voz. Después de un largo silencio, pronunció una única palabra:
-Israel.
Una sonrisa se dibujó bajo la máscara mientras la observaba.
-Mi querida esposa, has tardado demasiado en reconocer a tu marido -murmuró mientras se despojaba de la máscara, revelando un rostro idéntico al de Simón.
La semejanza era perfecta, como mirar en un espejo. Sin embargo, donde Simón irradiaba calidez y vida, Israel emanaba una oscuridad atrayente y peligrosa, como un abismo que
invitaba a saltar.
Carla contempló al hombre frente a ella, su mente un torbellino de emociones contradictorias. A pesar de sus sospechas la noche anterior, verlo ahí, de pie, cuando debería llevar dos años muerto, la dejó sin palabras. Las preguntas se agolpaban en su garganta, pero solo una logró
escapar:
-¿Por qué fingiste tu muerte?
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