Capítulo 460
-Ajá respondió Alejandro con un tono distante.
-El Grupo López tiene una filial que es líder en este sector, señor Ortega… -Carla moduló su voz para sonar casual, ocultando el brillo triunfal en sus ojos.
La joven ejecutiva saboreaba en silencio su progreso. El proyecto de colaboración que Alejandro le había concedido le permitió adquirir el cinco por ciento de las acciones de su padre. Solo necesitaba un poco más: algunas acciones adicionales de la empresa familiar, sumadas a las que había estado acumulando discretamente, la catapultarían al control absoluto del imperio López.
Alejandro contempló el líquido ámbar en su copa antes de dar un sorbo deliberadamente lento.
-Si mal no recuerdo, la última vez dejé muy claro que el proyecto para la señora Ayala sería el último que te otorgaba -hizo una pausa significativa-. La señora Ayala estuvo de acuerdo. ¿Y ahora qué? Ten cuidado, no vueles muy cerca del Sol.
A pesar del tono cortante, Carla mantuvo su sonrisa, como una máscara perfectamente ensayada.
-Esta vez busco un ganar–ganar, señor Ortega. Una oportunidad donde todos podamos generar
utilidades sustanciales.
-¿Ah, sí? -Alejandro arqueó una ceja, un destello de interés atravesando su expresión neutral.
-Mi propuesta es la siguiente… -Carla había estudiado minuciosamente este proyecto. Cada dato, cada proyección financiera estaba grabada en su memoria. Su preparación era impecable; – estaba segura de poder persuadir a Alejandro.
Las negociaciones fluyeron y, tal como había previsto, Alejandro accedió a la colaboración. La satisfacción inundó su pecho: el control absoluto estaba al alcance de su mano. De no ser por su delicada condición física, hubiera brindado para celebrar su victoria.
Embriagada por su aparente triunfo, Carla no percibió la mirada sombría que ensombrecía los ojos de Alejandro, un destello depredador que auguraba tormenta.
Pero Simón sí lo notó.
Esta observación lo impulsó a buscar a Alejandro cuando lo encontró solo. El empresario, al verlo aproximarse, arqueó una ceja en señal de reconocimiento.
Simón, sin mediar palabra, le ofreció un cigarro. Alejandro declinó con un gesto sutil. Sin inmutarse, Simón encendió uno para sí mismo. Sus movimientos torpes al manipular el encendedor delataban su inexperiencia.
Jamás había fumado antes; a Luz le desagradaba el aroma del tabaco. Ahora, sin embargo, consumía una cajetilla diaria.
El silencio se extendió entre ambos hombres, denso pero no incómodo. Solo después de
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Capítulo 460
consumir el último vestigio de su cigarro, Simón se dirigió a su interlocutor.
-La colaboración que le ofreciste a Carla anteriormente… no era para beneficiarla, sino para destruirla, ¿verdad?
Los ojos de Alejandro se estrecharon, momentáneamente sorprendido por la perspicacia de Simón. Sin embargo, considerando los brillantes proyectos que había desarrollado recientemente en el Grupo Ayala, su asombro se disipó. El talento de Simón para los negocios era innegable.
-¿Así que has cambiado de amor? -preguntó Alejandro con una sonrisa enigmática.
La pregunta no era gratuita. Absorto en la enfermedad de su sobrina, Alejandro había perdido el hilo de la situación entre Simón y Luz. El contraste era llamativo: aquel hombre que nunca se separaba de Luz ahora tenía un hijo con Carla.
-No–respondió Simón mientras extraía otro cigarro-. Como tú, quiero que Carla sufra.
-Ah–la respuesta de Alejandro fue breve. Como hombre astuto, comprendió perfectamente la implicación sin necesidad de más explicaciones.
Simón había demostrado su brillantez en los negocios, pero su vida había transcurrido con demasiada facilidad. La ausencia de verdaderas adversidades lo había vuelto menos
cauteloso.
-No solo va por Carla -continuó Simón, recargándose contra la pared mientras estudiaba a Alejandro-. Tampoco pienso dejar pasar al Grupo Ayala. ¿Qué dices? ¿Hacemos equipo?
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