Capítulo 459
Las lecciones sobre el amor llegaron temprano a la vida de Carla, cada una más amarga que la anterior. Desde pequeña, vio desfilar ante sus ojos a hombres que vendían su alma por un puñado de billetes, que juraban amor eterno mientras sus ojos vagaban hacia la siguiente conquista. La traición era el pan de cada día, y la fidelidad, un cuento de hadas que nadie se
molestaba en contar.
Y entonces apareció Simón. Un enigma que desafiaba todo lo que Carla creía saber sobre los hombres. Había construido un imperio con sus propias manos, y sin embargo, cuando llegó el momento de la verdad, lo entregó todo a su exesposa sin pestañear, incluso mientras su cuerpo se recuperaba de graves heridas. La diferencia era abismal. Mientras otros hombres saboreaban la infidelidad como un vino añejo que mejoraba con cada copa, el amor de Simón lo había llevado a que su cabello se tornara completamente blanco en una sola noche, como si cada hebra oscura hubiera sido lavada por el remordimiento. Ningún manipulador, por más astuto que fuese, podría fingir algo así.
“¿Cómo puede existir un amor así?“, se preguntaba Carla una y otra vez.
Era imposible no sentirse cautivada por semejante devoción. Incluso su aparente crueldad hacia mí era, paradójicamente, otra faceta de ese amor descomunal, porque él seguía enamorado de mí. Su rabia nacía de un corazón herido que sangraba traición; cada acto de venganza era un grito desesperado de amor traicionado.
En ese preciso instante, como si sus pensamientos lo hubieran convocado, Simón giró su rostro. Sus ojos encontraron los de Carla y sus labios se curvaron en una sonrisa tan dulce que hizo temblar los cimientos del mundo de ella.
“¿Existirá alguien capaz de amarme así algún día?“, se preguntó Carla.
Qué irónico resultaba que ella deseara con tanta intensidad aquello que nunca había tenido. Carla, criada entre conspiraciones y máscaras sociales, veía el amor verdadero como un espejismo que perseguía sin descanso. A pesar de su fachada de mujer calculadora, su corazón anhelaba en secreto ser el centro de un amor incondicional, puro, absoluto.
Ahora entendía todo: su obsesión conmigo, ese impulso constante de confrontarme, nacía de una envidia que la carcomía por dentro. Se preguntaba cómo era posible que yo, sin privilegios ni abolengo, poseyera el tesoro más codiciado del mundo: un amor que ni todo el oro del mundo podría comprar.
Esa envidia había sido su perdición, la había empujado a cometer errores imperdonables.
La conclusión cayó sobre ella como un manto pesado. Su corazón, que momentos antes flotaba entre dulces fantasías, se ancló de golpe a la realidad. Simón me amaba tanto a mí que jamás podría amarla así a ella.
“Todo esto debe ser parte de algún plan retorcido“, pensó Carla. “Solo busca una nueva forma de hacerme sufrir.”
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Capítulo 459
Esta certeza enfrió sus pensamientos uno a uno, como gotas de lluvia congelándose al caer. Y entonces, la presencia de Alejandro terminó de cristalizar su resolución: lo que verdaderamente ansiaba no era amor, sino poder. Los hombres solo traían destrucción.
Con esta nueva claridad, tomó una copa de agua helada y se encaminó hacia donde estaba Alejandro. Sus palabras sobre terminar su colaboración resonaban en su memoria, pero ella no pensaba permitir que eso sucediera.
Mientras Alejandro conversaba con otros invitados, notó la aproximación de Carla. Una de sus cejas se arqueó y sus labios se curvaron en esa sonrisa pícara que lo caracterizaba. El escalofrio que le provocó a ella, lejos de perturbarla, solidificó su determinación. Se dijo a sí misma que si Alejandro también despertaba esas sensaciones en ella, significaba que su anhelo por un amor puro no era más que una ilusión; jamás había amado realmente a Simón, solo le atraía su belleza y lo que podía obtener de él.
Carla esperó pacientemente a que Alejandro terminara su conversación antes de acercarse.
-Señor Ortega -lo saludó con una sonrisa deslumbrante.
Alejandro se limitó a balancear suavemente su copa, sin responder. Sus ojos, aparentemente desinteresados, ocultaban el hecho de que ya había descifrado las intenciones de Carla.
Acostumbrada a la frialdad característica de él, ella no percibió nada fuera de lo normal. Después de intercambiar algunas cortesías sociales, dirigió la conversación hacia terreno más familiar.
-Me enteré de que consiguió el proyecto de la zona oeste del municipio -comentó Carla, manteniendo un tono casual que ocultaba su verdadero interés.