Capítulo 458
Mi padre insistía, cada vez más desesperado por convencerme. No recurrió a la violencia ni a drogas para doblegarme, pero sus palabras resonaban como martillazos contra mi voluntad.
-Si no participas en este proyecto de investigación, si no te dedicas a él en cuerpo y alma, tu querida Gabi podría sufrir las consecuencias su voz vibraba con una amenaza apenas contenida.
-¿Y qué hay de mi hermano y tu adorado nieto? ¿También estarán en peligro? -le espeté, observando cómo la sangre abandonaba su rostro.
Mi cuñada había dado a luz el año pasado a un robusto varón. Para mi padre, ese bebé se había convertido en el centro de su universo, más valioso que su propia existencia.
Sus ojos se dilataron con incredulidad.
-Luz, ¿te das cuenta de lo que estás diciendo?
-Perfectamente.
-¡Por Dios, son tu hermano y tu sobrino! -explotó, su voz retumbando contra las paredes.
Una sonrisa amarga se dibujó en mis labios.
-Y yo soy tu hija.
—¡Tú… tú…! —la furia lo dejó sin palabras, ahogándose en su propia indignación.
Finalmente se desplomó en el sofá, como un títere al que le han cortado los hilos.
-Te estoy pidiendo esto porque tengo un amigo muy importante que necesita un trasplante de corazón. Ellos pueden conseguir uno compatible.
-Entonces, ¿no formas parte de esa organización? -lo observé atentamente, buscando el más mínimo tic que delatara una mentira.
Soltó una risita que sonó falsa incluso para mis oídos.
-¿De verdad crees que tu padre tiene tanto poder?
“¿Cómo saberlo?“, pensé. Si ni siquiera Alejandro, con todos sus recursos, podía descifrar las verdaderas intenciones de mi padre, ¿qué posibilidades tenía yo, que siempre había sido tan ingenua para juzgar a las personas?
-Luz, ellos quieren investigar exactamente lo mismo que tú. ¡Piénsalo! Tienen a los mejores investigadores del mundo. Trabajar con ellos será mucho más productivo que con tus compañeros actuales -hizo una pausa calculada-. Por ahora están dispuestos a negociar contigo. No los obligues a ir tras la gente que amas. Si tú puedes amenazarme usando a tu hermano y a tu sobrino… -dejó la frase suspendida en el aire- ¿con qué crees que podrías amenazarlos a ellos? ¿De verdad quieres ver sufrir a Gabi y a su familia?
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14:30
En la cena de gala benéfica de Ciudad Central, Carla observaba a Simón con una mezcla de fascinación y desconcierto. Algo en él había cambiado profundamente en los últimos tiempos. Tanto que incluso en sus momentos más oscuros, cuando más había deseado que
desapareciera de su vida, no podía evitar que su resolución se tambaleara ante ciertos gestos
suyos.
Como hacía unos minutos, cuando él había notado su interés por aquella exclusiva colección de joyas. Sin mediar palabra, sin que ella expresara deseo alguno, había ordenado que se la compraran. Una pieza valuada en millones, un regalo espontáneo que la había dejado sin aliento frente a toda la alta sociedad.
Los murmullos de envidia no se hicieron esperar:
-¡Señora Ayala, qué afortunada es usted! Su esposo no solo es guapo y brillante, ¡sino que la adora! ¡Nos da tanta envidia! -exclamó una dama, sus palabras dulces como miel
envenenada.
-¡Es verdad! ¡Qué suerte tiene, señora Ayala! -coreó otra, con una sonrisa tensa.
-Dicen que este juego de joyas se llama ‘Corazón de Amor Verdadero‘. La leyenda cuenta que quien lo posea encontrará la pasión más ardiente del mundo. Seguramente el señor Ayala conoce la historia y por eso se las obsequió, como símbolo de su amor eterno.
Mientras las voces susurraban a su alrededor, Carla no pudo evitar buscar con la mirada a Simón, quien discutía asuntos de negocios a poca distancia. Un torbellino de emociones contradictorias la invadía.
“Es innegablemente atractivo“, pensó. Aunque compartía el rostro con Israel, sus almas eran tan distintas que provocaban sensaciones completamente diferentes en ella. De Israel prefería no recordar nada. Pero Simón… Simón era una clase de hombre que jamás había conocido
antes.