Capítulo 452
La angustia de ver su devoción desplegada ante mí me atravesó como una espina. Por un instante, las palabras de Alejandro resonaron en mi mente, sugiriendo que tal vez debería darle una oportunidad a Rafael, permitirle demostrar su amor.
“Quizás después de conseguir lo que tanto anhela, me volvería tan mundana como el pan de cada día, y esa pasión ardiente terminaría consumiéndose“, me dije a mí misma. Pero la sola idea de intimar con Rafael me provocaba un rechazo visceral.
Un nudo se formó en mi garganta mientras contemplaba su rostro esperanzado. La culpa me carcomía por dentro, sabiendo que mis siguientes palabras lo destrozarían.
-Perdóname, Rafa, de verdad lo siento -murmuré, girándome para marcharme.
Sus dedos se cerraron alrededor de mi brazo con la fuerza de quien se aferra a su última
esperanza.
-Dame otra oportunidad, por favor. Intentémoslo una vez más.
-Aunque estés esperando el hijo de otro hombre, déjame demostrarte que puedo hacerte feliz. Solo quiero estar a tu lado.
-Mi vida no tiene sentido si no puedo estar contigo.
Las secuelas de aquel traumático secuestro en su infancia seguían persiguiéndolo como sombras persistentes. A pesar de haberse convertido en un hombre admirable, aquellas cicatrices invisibles nunca sanaron por completo.
Su amor por mí era una mezcla tóxica de obsesión y desesperación. Se aferraba a mi presencia como un náufrago a su salvavidas, incapaz de visualizar un futuro donde yo no estuviera presente.
Verlo así me desgarraba el alma. Cuánto deseaba poder corresponder a ese amor desmedido, entregarme a esa devoción sin límites. Pero si antes me fue imposible amarlo, ahora resultaba completamente impensable.
Con toda la determinación que pude reunir, me zafé de su agarre y emprendí la huida. Rafael permaneció inmóvil, sabiendo que perseguirme sería inútil. Su voz quebrada resonó a mis espaldas.
-¡Luz, te esperaré! ¡Siempre te esperaré!
“Aunque tenga que esperar toda la vida“, flotaron sus palabras no dichas en el aire.
Su obstinación me provocaba una profunda migraña. Era un hombre excepcional que merecía una felicidad genuina, no desperdiciar su vida esperando por un amor imposible.
Con la cabeza palpitando, decidí no conducir al salir del restaurante. Mis pies me llevaron por el sendero junto al río, donde los cerezos en flor formaban un dosel rosa sobre mi cabeza. Caminé sin rumbo hasta que una figura familiar captó mi atención.
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Capítulo 452
Alejandro descansaba bajo uno de los cerezos, su presencia tan magnética que opacaba incluso la belleza primaveral del paisaje, reduciendo los delicados pétalos a meros adornos de fondo.
-¿De verdad no puedes darle una oportunidad a Rafa? -preguntó, revelando que estaba al tanto de lo sucedido en el restaurante. No me sorprendió; su preocupación por su sobrino lo mantenía siempre vigilante.
-Así es respondí mirándolo directamente-. Señor Ortega, no existe posibilidad alguna entre Rafa y yo. En lugar de insistir en que le dé una oportunidad, debería ayudarlo a olvidarme y encontrar su verdadera felicidad.
-Rafa es extraordinario, merece todo lo mejor.
Alejandro se incorporó y acortó la distancia entre nosotros.
-No te menosprecies, tú también eres excepcional.
Guardé silencio, incapaz de responder.
-Con lo obstinado que es Rafa contigo, será difícil que te olvide. Forzarlo a renunciar podría lastimarlo profundamente.
-Antes estabas dispuesta a casarte con Nicolás, ¿por qué ni siquiera consideras a Rafa?
Dejé pasar varios segundos antes de enfrentar su mirada.
-Lo que le dije a Rafa en el restaurante es verdad: estoy embarazada. He decidido tener a este bebé, y de ahora en adelante mi vida solo habrá dos prioridades: mi hijo y mi trabajo. No busco
ni matrimonio ni amor.
-Por eso no puedo intentar nada con Rafa. Señor Ortega, debe encontrar la manera de ayudarlo a olvidarme.
-¿Estás embarazada? -La serenidad habitual en los ojos de Alejandro se transformó en una expresión indescifrable.