Capítulo 451
La voz grave de Héctor resonó en la habitación mientras yo guardaba silencio, observando la tensión que se dibujaba en cada línea de su rostro.
-Y no olvides que el último embarazo de Carla tuvo complicaciones. Para colmo, este hijo es de laboratorio–declaró con una autoridad que pesaba en el ambiente.
A pesar de que la influencia de Simón en el Grupo Ayala crecía día con día, la realidad era que Héctor seguía siendo quien controlaba los hilos del poder desde las sombras. Sus años de experiencia y astucia le habían otorgado un conocimiento profundo de secretos que Simón ni siquiera imaginaba. Había sido precisamente esa protección silenciosa de Héctor la que permitió a Carla y los demás mantener la verdad oculta, preservando a Simón en una burbuja de ignorancia.
-Este es mi último aviso para ti. Que te quede muy claro -sentenció antes de dar media vuelta y dirigirse con paso firme hacia la biblioteca.
Jacinta permaneció inmóvil, con los brazos caídos a los costados. Sus uñas se hundieron en las palmas de sus manos con una fuerza brutal, pero su rostro permaneció impasible.
Los días se consumían en una búsqueda aparentemente imposible. Encontrar a alguien que pudiera pasar por una versión más joven de Simón resultaba una tarea abrumadora, especialmente cuando el tiempo se escurría entre mis dedos como arena. La desesperación comenzaba a nublar mi juicio, y la idea de huir al extranjero para dar a luz en secreto cobraba más fuerza cada día. Fue entonces cuando Rafael regresó a mi vida.
Quizás él también había visto los titulares sobre el futuro heredero que Simón y Carla esperaban. En mi corazón, la verdad resonaba con una claridad dolorosa: entre Simón y yo, los puentes estaban definitivamente quemados. Era momento de dejarlo partir.
Esta vez, Rafael no se anduvo con sutilezas. Reservó un restaurante entero y lo transformó en una fantasía romántica que rozaba lo exuberante. Al cruzar el umbral, mi respiración se detuvo ante el espectáculo que inundaba cada rincón. Había acudido esperando una simple cena, pero me encontré con un despliegue que rivalizaba con las escenas más románticas del cine.
Rafael emergió de entre las sombras sosteniendo un ramo de rosas rojas tan espectacular que parecía desafiar la gravedad. Con un movimiento fluido, se arrodilló frente a mí, su sonrisa luminando el espacio con más intensidad que las decenas de velas que nos rodeaban.
-Mi querida Luz, ¿me concederías el honor de iniciar una relación formal, con miras al natrimonio? -sus ojos, que tantas veces habían sido mi puerto seguro, me miraban con una nezcla de esperanza y vulnerabilidad que estrujó mi corazón.
Contemplé su rostro, tan perfecto y sereno, mientras una oleada de tristeza me invadía. La espuesta que debía darle pesaba en mi garganta. El viejo dicho sobre la imposibilidad de una
mistad pura entre hombres y mujeres resonaba en mi mente, pero mi cariño por Rafael era
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Capitulo 45
diferente: un amor genuinamente fraternal, tan puro como inquebrantable.
Mi expresión debió traicionarme, porque Rafael se apresuró a agregar:
-Sé que no puedes olvidar a Simón de la noche a la mañana. Puedo esperar -sus palabras surgieron atropelladas, como si quisiera amortiguar el golpe que presentía-. No tienes que responder ahora. ¿Por qué no cenamos primero?
Extendió el ramo hacia mí mientras intentaba tomar mi mano, pero di un paso atrás, creando una distancia necesaria entre nosotros. Lo miré directamente a los ojos, consciente del dolor que mis palabras causarían.
-Rafa, no me esperes. Jamás podré verte de esa manera -declaré con firmeza-. No es porque no seas extraordinario, lo eres. Pero mi amor por ti es como el que siento por un hermano. Igual que Gabi.
El ejemplo no era casual. Gabi, a pesar de su debilidad por los hombres atractivos, nunca había mostrado el menor interés romántico por Rafael, ni siquiera antes de su matrimonio. Es como un hermano, y la hermandad es un lazo sagrado e inmutable.
A pesar de la contundencia de mis palabras, Rafael parecía no querer aceptar la realidad.
-Por favor, al menos cenemos juntos -insistió con un dejo de súplica en su voz.
Bajé la mirada, consciente de que necesitaba el golpe final para liberarlo de falsas esperanzas.
-Estoy esperando un hijo de otro hombre -confesé-. Aunque pudiera olvidar a Simón, una relación entre nosotros es imposible.
Rafael se quedó petrificado, sus ojos escrutando mi rostro en busca de algún indicio de que mis palabras fueran una broma cruel.
-Es verdad -confirmé antes de que pudiera hablar-. Estoy embarazada, y el bebé no es de Simón.
Sus ojos se encendieron con un brillo rojizo mientras me observaba, el dolor transformando sus facciones.
-¿Por qué…? -su voz era apenas un susurro quebrado.
¿Por qué, si había renunciado a Simón, no podía darle una oportunidad?
-Porque mis sentimientos por ti son puramente fraternales, Rafa. Sin importar las circunstancias, para mí siempre serás como mi hermano respondí con suavidad-. Durante estos dos años juntos como adultos, hubo momentos en que deseé poder desarrollar sentimientos románticos por ti, pero mi corazón se negó a verte de otra manera.