Capítulo 45
Simón no respondió. Sus dedos se cerraron alrededor de una botella de tequila sobre la mesa y comenzó a beber directamente de ella, como si quisiera ahogar algo más que la sed.
Nicolás observó a su amigo con una mezcla de preocupación y frustración.
-Mira, Simón, te voy a decir algo y quiero que me escuches bien -se inclinó hacia adelante, clavando su mirada en él-. No creo que realmente la ames. Cuando amas a alguien de verdad, no soportas verla sufrir. Y tú… tú nomás la has lastimado una y otra vez.
Sus palabras quedaron flotando en el aire viciado del bar.
-Pero entonces, si no la amas, ¿por qué te está pegando tan duro?
Nicolás sacudió la cabeza, incapaz de descifrar a su amigo. Por un lado, Simón parecía determinado a causar dolor a Luz. Por otro, aquí estaba, ahogándose en tequila, con el rostro desencajado por el sufrimiento. ¿Cómo podía alguien ser tan contradictorio?
El silencio de Simón se volvió más denso. Sus ojos vidriosos miraban sin ver, como si ni él mismo tuviera las respuestas.
El timbre agudo de su celular cortó la tensión. En la pantalla brilló el nombre de Violeta.
-Simón… -La voz al otro lado sonaba débil y entrecortada-. Me está doliendo mucho el pecho, no puedo ni dormir del dolor. ¿Será porque me mojé anoche? ¿Podrías venir? Por favor… En cualquier otro momento, Simón habría salido corriendo ante la menor señal de malestar de Violeta. Pero esta vez, sus palabras solo provocaron una oleada de irritación. Las palabras de
Luz resonaron en su mente como un eco acusador.
“¿Qué caso tiene ir?“, pensó con amargura. “No soy doctor. ¿Mi presencia le va a quitar el dolor? ¿O qué? ¿Ahora resulta que soy medicina?”
-Estoy ocupado, no puedo ir -Su voz sonó más cortante de lo que pretendía-. Si te sientes muy mal, dile a papá que te lleve al hospital.
Por primera vez en su vida, Simón le dijo que no a Violeta.
En su habitación, Violeta se quedó mirando el teléfono como si fuera un objeto extraño. Desde que le había revelado “la verdad” sobre aquella situación, Simón había estado a sus pies, corriendo a su lado al menor llamado.
Y ahora… ahora ni siquiera se dignaba a venir.
La furia explotó en su interior como una tormenta. Con un movimiento brusco, agarró una delicada muñeca de porcelana – regalo de Simón – y la estrelló contra la pared.
-¡Tiene que ser culpa de esa…! -Los fragmentos de porcelana crujieron bajo sus pies.
A pesar de que Luz había hablado muy en serio sobre el divorcio, Violeta no solo se negaba a
1/2
02:35
Capitulo 45
creer que realmente quisiera dejar a Simón. No, esto tenía que ser algo más. Estaba convencida de que Luz sabía algo, que todo esto era un elaborado plan para humillarla.
“¿Pedirme ayuda para divorciarse de Simón? ¡Qué humillación!”
El odio que ya sentía por Luz se intensificó hasta volverse algo físico, una presión en el pecho que amenazaba con asfixiarla.
Después de destrozar media habitación en un arrebato de ira, Violeta recuperó el control. Con manos temblorosas, tomó su celular y marcó un número que conocía de memoria.
Si Luz quería jugar, pagaría con su vida.
En el aeropuerto, el bullicio de la terminal no lograba opacar mi emoción.
—¡Gabi! ¡Por acá! —Corrí hacia mi mejor amiga, los brazos extendidos para abrazarla.
Ella dio un paso atrás, esquivándome.
Mi labio inferior tembló mientras ponía mi mejor cara de cachorro abandonado.
-Ay, Gabi, ¿todavía no me crees? ¿No me has perdonado?
Al salir del hospital, lo primero que hice fue contactar a mi Gabi. Le conté todo: la pérdida de memoria, que había olvidado a Simón, que ya no sentía nada por él y quería el divorcio. Le supliqué su perdón.
Ella no dijo explícitamente que me perdonaba, pero tampoco que no. Y ahora estaba aquí, habiendo regresado del extranjero antes de lo planeado.
Aunque insistía en que no había vuelto por mí, que “justo tenía pendientes“, yo preferí creer lo contrario. Con toda la desfachatez del mundo, la había acosado hasta conseguir los datos de su vuelo para venir a recibirla.
02:351