Capítulo 444
El conflicto que me había atormentado durante tanto tiempo finalmente se disipaba. Aquella batalla interminable entre aferrarme al dolor del pasado y permitirme amar de nuevo se desvanecía como la niebla ante los primeros rayos del sol. Una sensación de ligereza inundaba mi ser, como si me hubieran quitado un peso invisible de los hombros. Era paz. Era
libertad.
Gabi, quien había sido testigo de mi largo camino hacia la sanación, percibió al instante el
cambio en mi voz.
-¡Me da tanto gusto escucharte así, mi amor! —su alegría era genuina y contagiosa—. Tu vida maravillosa por fin comenzó. Déjame organizar mis vacaciones y voy corriendo a celebrar
contigo.
Una sonrisa se dibujó en mis labios mientras mi mano descansaba suavemente sobre mi
vientre.
-Perfecto. Cuando vengas tengo otra sorpresa que contarte.
“Este bebé será mío, solo mío“, pensé con determinación. “No necesito buscar un donante ni someterme a procedimientos artificiales. La naturaleza me ha dado este regalo y pienso conservarlo. Si logro que Simón crea que mis dos hijos son de otro padre, podré criarlos yo
sola“.
Mi situación económica era más que favorable, y las condiciones para darles una vida plena estaban aseguradas. La evidencia estaba por todas partes: las familias tradicionales no garantizaban la felicidad. A veces, dos padres en constante conflicto o faltos de amor causaban más daño que la ausencia de uno. Con el amor y la dedicación adecuados, un hogar monoparental podía ser el ambiente perfecto para que un niño floreciera.
Fiel a su palabra, Gabi no tardó en presentarse, acompañada por su nuevo amor. A pesar de que él se había convertido en su confidente más cercano, nuestros encuentros habían sido escasos. La noticia de mi embarazo tendría que esperar; no me sentía cómoda compartiéndola frente a él. En su lugar, propuse celebrar con una cena.
Durante la velada, Gabi desvió su atención hacia su celular y, tras un momento, levantó la mirada con evidente preocupación.
-Oye, Luz, ¿que no te llevabas bien con Alejandro?
-Sí, claro. ¿Por qué la pregunta?
-Es que no entiendo -respondió mientras me mostraba la pantalla de su teléfono. ¿Por qué le dio semejante trato a Carla? Si al menos hubiera algún interés romántico, tendría lógica, pero esto… es prácticamente regalarle todo.
Examiné la noticia rápidamente. El acuerdo mencionado era sorprendentemente ventajoso para Carla y desentonaba por completo con el estilo negociador de Alejandro.
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-Ten mucho cuidado con él -continuó Gabi antes de que pudiera responder-. ¿Qué tal si está confabulado con Carla y busca perjudicarte?
Las pocas veces que Gabi había coincidido con Alejandro, su naturaleza enigmática la había dejado intranquila. Estaba por defender su integridad cuando una voz familiar nos interrumpió. -Carla me salvó la vida -la voz grave de Alejandro resonó a mis espaldas-. Por eso le di esa ventaja, pero será la última vez. No soy su cómplice.
Gabi y yo nos sobresaltamos al descubrir a Alejandro de pie detrás de nosotras. La incomodidad de ser sorprendidas hablando de él se reflejó especialmente en el rostro de mi amiga.
Sin embargo, Gabi no era de las que se quedaban calladas por mucho tiempo. Tras disculparse profusamente y ver que Alejandro restaba importancia al asunto, no pudo contener su curiosidad.
-Señor Ortega, parece que tiene una colección de salvadores -comentó con cierta ironía-. Primero Violeta, luego Carla… y curiosamente ambas son enemigas de Luz.
Alejandro aclaró que Violeta no había sido su salvadora, y que el mérito correspondía únicamente a Carla durante el incidente en la isla. Este comentario despertó la indignación de Gabi.
-¡No puedo creerlo, Luz! -exclamó-. ¿Cómo es posible que gente tan mezquina encuentre quien les devuelva los favores, mientras que tú, con ese corazón de oro, salvaste a alguien en la isla y nadie se ha dignado a agradecerte?
Alejandro, que estaba por despedirse, se detuvo en seco al escuchar estas palabras. Sus ojos se clavaron en mí con una intensidad desconcertante.
-¿Tú también salvaste a alguien en la isla? -preguntó, su voz teñida de asombro y algo más que no supe identificar.
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