Capítulo 438
La verdad me golpeó como una revelación devastadora. No podía, no quería seguir atrapada en esta telaraña emocional que Simón había tejido a mi alrededor. Un hijo significaba un vínculo inquebrantable, una cadena perpetua que nos mantendría unidos hasta el final de nuestros días. La sola idea me provocaba un vacío en el estómago.
Intenté convencerme de que aquella noche con él había sido solo eso, una noche. Al menos había sido por voluntad propia y no una atrocidad como la que pude haber sufrido a manos de aquellos criminales. Pero ahora, la vida se burlaba de mí con una ironía cruel: había un bebé en
camino.
“¿Qué se supone que debo hacer ahora?”
El insomnio se convirtió en mi fiel compañero durante días interminables. Las horas de la madrugada me encontraban dando vueltas en la cama, mientras mi mente era un carrusel imparable de dudas y temores. Tras noches de agonía, tomé una decisión que me pareció irrevocable: no tendría a este bebé.
La idea de volver a sumergirme en ese océano de angustia me resultaba insoportable. Anhelaba un futuro luminoso, libre de las sombras del pasado. Con esa determinación febril que nace del miedo, me dirigí al hospital, oculta bajo un disfraz improvisado, antes de que la duda pudiera alcanzarme.
Pero el destino tenía otros planes. En la sala de espera, me vi rodeada de futuras madres que acariciaban sus vientres con una devoción que me resultó dolorosamente familiar. Sus rostros resplandecían con una alegría tan pura que sentí un nudo en la garganta. Y entonces, las palabras del médico cayeron como un relámpago:
-Son gemelos.
Mi cuerpo comenzó a temblar sin control, como una hoja azotada por el viento. La determinación que había construido se desmoronó como un castillo de arena bajo la lluvia. Me desplomé en una de las sillas del hospital, sujetando la imagen del ultrasonido con dedos temblorosos.
“Es como si mi mente fuera un lienzo en blanco, incapaz de formar un solo pensamiento
coherente.”
Una mujer se sentó junto a mí, su mirada atraída por la imagen que sostenía.
-¡Qué bendición, señorita! -exclamó con una mezcla de admiración y anhelo-. Gemelos… y yo que no puedo tener ni uno solo.
-Llevo más de medio año con tratamientos y estudios -continuó, mientras sus ojos se empañaban-. Y nada.
Sus palabras me transportaron a aquellos días oscuros, cuando la maternidad era mi único sueño. El peso de la culpa por no haber notado mi primer embarazo, por perder a ese bebé, me había perseguido como un fantasma implacable. La desesperación por concebir de nuevo se
ט1.
01:1877
Capitulo 438
convirtió en una obsesión que compartía con Simón, quien parecía cargar su propia cruz de remordimiento.
Juntos lo intentamos todo: medicamentos, inyecciones, tratamientos interminables. Pero cada mes traía consigo una nueva decepción. Me vi reflejada en esta mujer, recordando cómo yo también me sentaba en estos mismos pasillos, observando con envidia a las embarazadas, soñando con el día en que mi vientre albergaría vida.
“Y ahora… ahora que por fin sucede, ¿estoy pensando en rechazarlo?”
La revelación me golpeó con la fuerza de una ola: no solo esperaba un bebé, ¡sino dos! Quizás era el destino compensando aquella pérdida, devolviéndome lo que una vez me arrebató. No podía ser tan cruel como para negarles la vida.
“No son solo hijos de Simón… son míos también.”
Con manos temblorosas, acaricié la imagen del ultrasonido. Mi decisión estaba tomada:
volvería a casa.
Los días siguientes fueron una bruma de reflexión y debate interno. Hasta que una tarde, casi sin pensarlo, mis dedos marcaron el número de Simón. Tal vez eran las hormonas del embarazo, o quizás era ese resquicio de amor que nunca logré extirpar por completo de mi corazón. Decidí darle una última oportunidad, la definitiva.
“Mi padre puede salvar a Beatriz, puede liberarla del veneno. Sin eso, Violeta perdería su poder
sobre nosotros.”
Si Simón cumplía su promesa, si lograba llevar a Violeta ante la justicia con sus propias
manos, entonces…
“Podría dejar atrás todo el dolor. Podría contarle sobre los bebés. Podríamos… podríamos ser una familia.”