Capítulo 433
La decisión broto de mis labios sin vacilación, con la misma naturalidad con que las olas rompen contra la orilla.
-No hay nada que pensar. No voy a aceptar.
El aire entre nosotros se espesó. Valentín se detuvo a medio paso, como si hubiera chocado contra un muro invisible. Sus hombros se tensaron bajo la tenue luz del atardecer que se colaba por la ventana.
-¿Qué dijiste?
-Dije que no voy a aceptar -cada sílaba resonó clara y distinta en el silencio de la habitación, como gotas de agua cayendo sobre mármol:
La mandíbula de Valentín se tensó visiblemente mientras su rostro se transformaba en una
máscara de incredulidad.
-Luz, ¿te das cuenta de lo que estás diciendo? -su voz se elevó gradualmente. La familia Ortega siempre ha sido buena contigo, ¿y así, sin pensarlo dos veces, los abandonas?
Un gesto despreocupado se dibujó en mi rostro mientras me encogía de hombros, la indiferencia calculada en cada movimiento.
-Nunca he sido una santa, ¿y qué si los dejo a su suerte?
“Salvaré a Bea, pero no bajo tus condiciones. No pienso ser tu títere otra vez.”
-Tú… tú… tú… -las palabras tropezaban en su boca, como si su cerebro no pudiera procesar
mi respuesta.
-Bien, Luz su voz destilaba amargura-. Entonces mira cómo la niña se muere.
Sus pasos resonaron con furia sobre el piso mientras se alejaba. Lo observé marcharse, y una revelación inesperada me golpeó: quizás lo había juzgado mal todo este tiempo. Su arranque de ira, tan visceral y genuino, no encajaba con la imagen de un manipulador maestro del engaño.
La gravedad de la situación pesaba sobre mis hombros mientras tomaba mi decisión. Marqué el número de Alejandro Ortega, consciente de que debía hacer la llamada desde el teléfono proporcionado por los guardias y bajo su vigilancia. La discreción era vital, dada la delicada naturaleza del caso de Bea.
Alejandro, perspicaz como siempre, captó la urgencia al instante al ver el número virtual en su pantalla. Su voz adoptó un tono medido y cauteloso.
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-Mi papá dice que puede curar a Bea -elegí cada palabra con cuidado-, pero que si no se trata, su enfermedad empeorará y no sobrevivirá más allá del próximo verano. Sin embargo, él quiere que participe en un proyecto de investigación.
Mi mente trabajaba a toda velocidad mientras estructuraba el mensaje que necesitaba
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Capítulo 433
transmitir.
-Sospecho que podría ser el mismo proyecto en el que el dueño del yate quería que
participara. No compartimos los mismos principios, así que no puedo aceptar -cada palabra llevaba un peso específico, confiando en que Alejandro descifraría el verdadero significado-. Lo siento, no puedo ayudarte con esto.
La tensión vibraba en el aire mientras continuaba:
-No podré regresar pronto, pero cuando lo haga, iré a disculparme personalmente.
Las implicaciones flotaban en el silencio: la urgencia de la condición de Bea, la necesidad de verificar las capacidades de mi padre, y la posible conexión con aquel grupo criminal. La pelota estaba en su cancha ahora.
Los ojos de Alejandro se ensombrecieron, comprendiendo el mensaje oculto en mis palabras.
-Si no compartes los mismos principios, no te fuerces a hacerlo su voz transmitía una comprensión más profunda de lo que sus palabras sugerían-. Me encargaré del estado de Bea, no te preocupes.
-Bien, no te interrumpo más.
-Mm.
Tras devolver el celular al guardia, me acerqué a la ventana. La luna llena dominaba el cielo nocturno, su luz plateada dibujando sombras misteriosas en el suelo. Los pensamientos se arremolinaban en mi mente como hojas secas en un vendaval.
El sonido de pasos familiares me arrancó de mis cavilaciones. Mi padre regresaba del exterior, su figura recortada contra la penumbra del pasillo. El destino, con su peculiar sentido del humor, nos había asignado habitaciones contiguas, obligándonos a una proximidad que ninguno de los dos deseaba.
Valentín me estudió por un momento, sus ojos brillando con una emoción indefinible en la
oscuridad.
-¿Sabes por qué no me caes bien, pero me gusta tanto Violeta?
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