Capítulo 395
El deseo de matrimonio y maternidad ardía en mi interior con una urgencia inesperada, pero mi mente analítica no dejaba de recordarme la importancia de una elección prudente. La genética y la compatibilidad no eran asuntos triviales; cada decisión que tomara ahora moldearía no solo mi futuro, sino el de una nueva vida.
Mi lista de requisitos se desplegaba como una ecuación perfectamente calculada: inteligencial sobresaliente, atractivo físico innegable, temperamento estable y una carrera sólida. No buscaba una historia de amor; anhelaba una alianza pragmática, un acuerdo donde ambas partes obtuviéramos beneficios tangibles sin las complicaciones del romance.
Pero encontrar al candidato ideal resultaba ser un desafío comparable a buscar una estrella específica en el firmamento nocturno. Los días se deslizaban entre mis dedos sin resultados prometedores, hasta que el regreso de Gabi de sus vacaciones encendió una chispa de inspiración en mi mente.
-Oye, ¿no conoces a algún doctor en tu trabajo? Ya sabes, alguien que solo viva para la arqueología, que vea el matrimonio como un mero trámite y no busque una vida conyugal tradicional, pero que necesite casarse por alguna razón.
Gabi se reclinó en su asiento, sus ojos se abrieron con sorpresa.
-¿Cómo dices?
-Estoy buscando con quién casarme y tener hijos.
El rostro de Gabi se transformó en una máscara de asombro. Se incorporó de golpe, como si la hubiera alcanzado una descarga eléctrica.
-¿Qué cosa?
Una sonrisa suave se dibujó en mis labios mientras repetía:
-Dije que quiero casarme y tener hijos.
Sus ojos escrutaron mi rostro, buscando algún indicio de broma o duda.
-¿Estás hablando en serio?
-Completamente.
Gabi, mi confidente más cercana, conocía cada matiz de mi historia con Simón. Había sido testigo de mi dolor, de mis luchas internas, de cada lágrima derramada. Sin necesidad de más explicaciones, comprendió que mi repentina decisión de abandonar mis sentimientos por Simón y embarcarme en un matrimonio calculado tenía raíces profundas en algún acontecimiento reciente.
Sus ojos se empañaron súbitamente, y antes de que pudiera reaccionar, me envolvió en un abrazo que contenía años de amistad y comprensión.
-Amiga, ¿qué hizo ese idiota ahora? No estés triste, aquí me tienes.
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Capítulo 395
Su abrazo era como un ancla en medio de la tormenta, recordándome que nunca estaría realmente sola. Tener a Gabi en mi vida era como poseer un tesoro invaluable, un regalo del destino que ninguna adversidad podría arrebatarme.
Le di unas palmaditas reconfortantes en el hombro.
-Ya no puede lastimarme. Simplemente he decidido cortar este vínculo de raíz.
-Además, ya conoces a mi abuela. No deja de insistir con el tema de los nietos.
-El próximo año comenzaré el doctorado y estaré sumergida en el trabajo. Este es el momento perfecto para casarme y tener un bebé.
Al notar la serenidad en mi voz, Gabi se tranquilizó visiblemente. Una sonrisa traviesa iluminó
su rostro.
-Llegas tarde. El único hombre guapo y soltero de nuestro trabajo ya es mío.
La sorpresa me dejó sin palabras por un momento.
-¿Entonces ya te decidiste?
Conocía bien a Gabi, su espíritu libre y su renuencia a involucrarse con personas de su entorno laboral para evitar situaciones incómodas en caso de una ruptura. ¡Que hubiera elegido a alguien de su trabajo era toda una revelación!
—¡Ya me dio el anillo! —exclamó, exhibiendo con orgullo un hermoso diamante en su dedo
anular.
Le di un golpecito juguetón en el brazo.
-¡Mira nada más! Ni me enteré de que habías cambiado de novio y ya hasta te propuso
matrimonio.
Un suave rubor tiñó las mejillas de Gabi.
-La verdad es que no planeaba nada con él. Todo sucedió por casualidad y, antes de darme cuenta, ¡me propuso matrimonio en menos de una semana!
-Pensé que ya era tiempo de formar una familia.
-Ya sabes cómo mi mamá no deja de insistir con el tema.
Mientras mi abuela era quien me presionaba para dar el siguiente paso, en el caso de Gabi era su madre quien no cesaba de mencionar el tema del matrimonio.
Sin contar a Rafael, quien fue adoptado, Gabi era hija única. Su trabajo la mantenía alejada de casa durante días o incluso semanas, dejando a su madre jubilada en un estado de perpetua inquietud, ansiosa por ver a su hija establecerse y formar su propia familia.
A los veintiocho años, Gabi y yo nos encontrábamos en una encrucijada similar. Si bien la maternidad no era una obligación, para aquellas que la deseábamos, el momento parecía ideal.
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Capítulo 395
-Si tú te casas y tienes un bebé este año, yo haré lo mismo. Podremos ser mamás juntas, criar
a nuestros hijos como hermanos.
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