Cicatrices de Novela 373

Cicatrices de Novela 373

Capítulo 373 

Los insultos de aquella mujer reverberaban en el aire acondicionado de la sala VIP 

-¡No eres más que una vibora rastrera! Ahora que la familia Ayala tiene más dinero, aprovechaste la muerte de tu ex marido para trepar socialmente

-¡Qué desvergonzada! ¡Me das asco

Las palabras golpeaban contra mi dignidad como piedras contra un cristal. En toda mi vida profesional, dedicada a la ciencia y la investigación, jamás me había encontrado en una situación tan degradante, donde los insultos me dejaban sin capacidad de respuesta. La impotencia se mezclaba con la indignación al darme cuenta de que, una vez más, la sombra de Simón proyectaba sus consecuencias sobre mi vida

Los murmullos de la gente comenzaron a elevarse como un enjambre. Sus miradas, antes neutrales, ahora destilaban juicios preconcebidos al ver mi aparente incapacidad para defenderme de las acusaciones

El sonido de tacones resonó sobre el piso pulido. Carla se aproximó con la gracia estudiada de quien ha crecido en los circulos más exclusivos de la sociedad

Malena, por favor, no seas así -su voz fluía como miel envenenada-. La señorita Miranda no es ninguna amante. Solo está muy afectada por la muerte de su esposo y confundió a Israel por error

Malena torció el gesto, la frustración deformando sus rasgos

-Carla, eres demasiado buena -espeto-. Esta trepadora viene a provocarte y aún así la defiendes como si fuera una santa. Qué irónico, pensé, mientras la bilis subía por mi garganta. Esta mujer me acusa precisamente de lo que Carla está haciendo

-Ya se divorció de Simón -continuó Malena con veneno en cada sílaba-. ¿De qué dolor hablas? Lo único que ve es la cuenta bancaria de los Ayala… 

-¡Malena, ya basta! -la interrumpió Carla-. Discúlpate con la señorita Miranda ahora mismo

Sus ojos se posaron en mi con falsa preocupación

Señorita Miranda, lo lamento tanto. Mi amiga malinterpretó la situación. Es muy directa, por favor no se lo tome a mal. Los espectadores la miraban embelesados. Su actuación era perfecta: la dama de sociedad, comprensiva y magnánima. Quienes antes habían dudado de ella, quienes habían sospechado que utilizó a su propio hijo para perjudicarme, ahora se deshacían en admiración. ¿Cómo podría una mujer tan refinada y generosa ser capaz de tales manipulaciones

Y con la familia Ayala respaldando la historia, ¿quién dudaría que el actual Israel era realmente Israel y no Simón? Los susurros comenzaron a tejer una nueva narrativa: quizás era yo quien, deslumbrada por la fortuna de los Ayala, intentaba infiltrarme en su mundo

Esta es tu obra maestra, ¿verdad, Carla?, pensé mientras observaba el desafío brillar en sus ojos. Con esta representación teatral pretendía resolver dos problemas de un solo golpe

Me acerqué a ella hasta que nuestros hombros casi se rozaron y susurré

-Señorita López, tengo pruebas de que Simón no es Israel. Si las hago públicas, todos sabrán que el verdadero Israel falleció hace tiempo

Su sonrisa, rebosante de autosatisfacción, se congeló como una máscara agrietada

-¿Quiere que presente esas pruebas y desate el caos en la familia Ayala

-Señorita Lópezcontinué con voz suave pero firme, no deseo que esto termine en tragedia para todos, pero no confunda mi discreción con temor, ni mi silencio con debilidad. En este momento, exijo que su amiga se disculpe públicamente, para limpiar mi nombre de estas acusaciones infundadas

Los videos de vigilancia de mi estudio en Ciudad Central, pensé mientras la miraba directo a los ojos. Una sola grabación bastaría para demostrar que el actual Israel es Simón, y que el verdadero Israel murió hace tiempo. Todo el elaborado teatro que la familia Ayala ha construido se derrumbaria como un castillo de naipes

El rostro de Carla se transformó en un caleidoscopio de emociones contenidas. A pesar de su educación privilegiada y su negable inteligencia, jamás había enfrentado un revés de esta magnitud, exceptuando los encontronazos con su 

adrastra. Ahora se veía constantemente superada por una mujer que ella consideraba inferior, y eso la consumía por dentro

La frustración y el odio ardian en sus pupilas. Deseaba destruirme, pero sabía que cuanto más lo intentara, más debía mantener la compostura. En estas circunstancias, no podía ser ella quien diera el siguiente paso

Su mirada se desvió brevemente hacia su asistente entre la multitud, asegurándose de que cada momento de esta confrontación quedara registrado

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Status: Ongoing Type: Native Language: Spanish
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