Capítulo 334
Simón mantuvo un silencio pesado durante todo el trayecto. No fue hasta que llegamos al departamento cuando, incapaz de contenerme más, volví a preguntarle.
Se pasó una mano por el rostro, exhausto.
-Tuve que hacer un trato con ella.
-¿Qué clase de trato? -Mi corazón latía con fuerza contra mis costillas.
-Seguir fingiendo ser Israel. -Su voz sonaba hueca-. Ser su esposo ante los demás hasta que ella recupere el control de la familia López.
Me explicó entonces la situación completa de la familia López, cada palabra cayendo como plomo en mi estómago. Cuando terminó, el silencio se extendió entre nosotros como un
abismo.
De repente, sentí sus manos aferrando las mías con desesperación. Sus ojos buscaron los míos con una intensidad que me resultó dolorosamente familiar.
-¿Me esperarías, mi amor?
La pregunta quedó suspendida en el aire mientras procesaba lo que realmente significaba: él se convertiría en Israel, el esposo de Carla, aunque fuera solo de nombre. Ya no podríamos estar juntos, no realmente. Me pedía que lo esperara mientras ayudaba a Carla a tomar el control, mientras él mismo se aseguraba el poder en la familia para que nadie pudiera
amenazarnos.
“¿Debería esperar?” La pregunta resonó en mi mente, pero la respuesta surgió con claridad cristalina: No. No quería esperar. No iba a esperar.
Casi quise reír ante la ironía. Era como si el destino mismo me estuviera empujando a tomar la decisión que tanto había postergado, como si el universo me estuviera gritando que este no era
mi camino.
Retiré mis manos de las suyas con suavidad pero firmeza. Lo miré directamente a los ojos.
-No voy a esperarte, Simón.
-Entre nosotros… esto es todo.
El shock en su rostro fue inmediato. Sus ojos se llenaron de una mezcla de incredulidad y dolor que en otro tiempo me habría destrozado.
-¿Por qué? Mi amor, ¿por qué haces esto?
Ver su dolor me dolía, no podía negarlo. Pero era un dolor pasajero, como presionar una herida ya cicatrizada. No era suficiente para hacerme dudar.
Me sorprendió darme cuenta de que ahora, sabiendo que había recuperado sus recuerdos, podía ser firme con él de una manera que nunca pude cuando creía que tenía amnesia. Quizás
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Capítulo 334
porque el Simón que realmente amé fue aquel del pasado, el que me miraba como si fuera su mundo entero, el que me amaba sin condiciones ni dudas.
Era ese recuerdo lo que no había podido soltar, no este hombre que tenía enfrente, el que me había lastimado una y otra vez.
-Ya estamos divorciados, Simón. No hay nada entre nosotros, nunca lo hubo realmente. Y menos ahora que serás el esposo de otra.
Mis últimas palabras lo hicieron reaccionar como si lo hubiera golpeado. Sus dedos se cerraron alrededor de mi brazo, desesperados.
-¡No soy el esposo de nadie más! ¡Es solo una farsa, mi amor, una farsa! -Su voz se quebró-. Recuperé mis recuerdos, ¡ella es mi cuñada! Jamás podría haber algo entre nosotros.
Sus palabras me transportaron a aquella otra conversación, cuando me juró que nunca podría haber nada entre él y Carla porque había estado con su padre, porque era prácticamente su madrastra. Se convenció a sí mismo de que su amabilidad hacia ella no era una traición, que no me estaba lastimando.
Pero lo hacía. Siempre lo hacía.
Y ahora la historia se repetía. Se decía que nunca podría haber nada con Carla porque era su cuñada, la esposa de su hermano. Pero hoy, por una acusación falsa, había aceptado convertirse en su esposo ante todos. ¿Qué nueva desgracia fabricada me esperaba mañana? ¿Qué otra “condición” tendría que aceptar?
Lo que él llamaba “imposible” parecía bastante flexible cuando las circunstancias lo presionaban. Y yo… yo ya no tenía fuerzas para seguir soportando estas falsas tragedias orquestadas por Carla.
-Simón -Mi voz salió firme, clara-. No puedo perdonar el daño que me has hecho. Y no quiero seguir siendo lastimada por ti.
-Entre nosotros… esto realmente se acabó.
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