Cicatrices de Novela 311

Cicatrices de Novela 311

Capítulo 311 

Martina irguió la cabeza con arrogancia, sus ojos brillando con una mezcla de codicia y desprecio

-Ya que eres tan lista para adivinar quién soy, deberías saber que yo soy la verdadera heredera de la familia Rivero -espetó con veneno en la voz-. ¡Todo lo que pertenece a los Rivero, incluyendo tus dos empresas, me pertenece por derecho

Su rostro se contorsionó en una mueca amenazante

-Será mejor que me transfieras esas empresas inmediatamente, jo no respondo por lo que pueda pasar

La observé, entendiendo su desesperación. A pesar de ser la señorita de la familia Ayala, su posición era precaria. En una familia que privilegiaba a los varones, ella ya tenía las de perder, y ahora que se había descubierto el cambio de bebés, su situación era aún más inestable

No era difícil imaginar su proceso mental: al descubrir que había sido intercambiada al nacer con Simón, habría investigado inmediatamente a la familia Rivero. Al encontrar que eran extremadamente acaudalados, sus ojos se habrían iluminado con ambición. En su mente retorcida, ella debería haber sido la única heredera de todo ese imperio

Solté un suspiro de exasperación

-Señorita Ayala, ¿por qué no revisa bien los documentos? Estas empresas no tienen absolutamente nada que ver con la familia Rivero

Sus ojos relampaguearon con furia

-¿Cómo que no tienen relación? ¡Simón fue criado por la familia Rivero! Si no fuera por ellos, ¿cómo habría conseguido tanto dinero y poder

Se acercó un paso, amenazante

-Todo lo que él tiene le pertenece a la familia Rivero, y todo lo que es de los Rivero ¡me pertenece a ! ¡Entrégame esas empresas ahora mismo

Su lógica era tan absurda que no pude contener una carcajada

-Señorita Ayala, al salir del edificio, vuelta a la izquierda. Hay un hospital psiquiátrico. ¡Por favor, programe una cita urgente para revisar ese cerebro suyo

El rostro de Martina enrojeció de rabia

-Miranda, estoy intentando ser civilizada contigo -siseó-. Si no cooperas, ¡no me culpes por lo que pueda pasar

-Adelante, aquí te espero

Hice una señal a mis guardias para que la escoltaran fuera

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-¿Crees que negándote a entregarme las empresas podrás quedártelas? ¡Ni lo sueñes! -chilló mientras la conducían hacia la salida-. Si me las entregas ahora y me pones de buen humor, tal vez te deje lo suficiente para vivir sin preocupaciones. Pero si no aprecias mi generosidad¡prepárate para una vida miserable

Sus palabras me hicieron fruncir el ceño. Había algo en su tono que me inquietaba, una amenaza velada que no podía ignorar

Antes de poder analizar más la situación, mi teléfono vibró. Era Alejandro: el hijo de un amigo suyo, quien había sufrido un grave accidente automovilístico hace dos años con daño severo en los nervios, necesitaba una valoración para determinar si era candidato a un implante de chip o requería terapia con aparatos externos

Alejandro me esperaba abajo. No tenía tiempo para seguir lidiando con los berrinches de Martina

Recogí mis cosas y bajé. Alejandro estaba recargado contra la puerta del auto, su abrigo negro ondeando con la brisa otoñal, dándole un aire casi místico

Justo cuando me disponía a subir al auto, Martina salió tras de

-¡Miranda, ni creas que puedes escaparte, yo

Su grito se cortó abruptamente al ver quién me abría la puerta del coche. Como por arte de magia, la fiera se transformó en una dócil gatita

-Señor Ortega, qué sorpresa encontrarlo aquí

No era para menos. Alejandro Ortega no solo era el hombre más rico de Villa Santa Clara, sino también uno de los más atractivos. No había heredera en nuestro círculo social que no suspirara por él, que no soñara con convertirse en la señora Ortega

En nuestro mundo, los matrimonios arreglados por conveniencia eran el destino con el que nacíamos, pero Alejandro convertía esa obligación en algo casi romántico. Todas fantaseaban con ser la elegida

Alejandro, siempre el depredador con sonrisa de ángel, mantuvo su expresión amable

-Vine a recoger a la señorita Miranda para visitar a un amigo -respondió con suavidad-. Señorita Ayala, ¿sucede algo

La miró de arriba abajo. Era evidente que había escuchado sus gritos y amenazas, pero fingió perfecta ignorancia

Martina forzó lo que ella consideraba su sonrisa más encantadora

-Solo vine a preguntarle a la señorita Miranda por la situación de mi hermano

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