Capítulo 301
Las cicatrices brillaban tenuemente bajo la luz del estudio: la marca del incendio cerca del corazón, la huella redonda y oscura del balazo… Cada una de ellas era una prueba innegable. Las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas sin que pudiera detenerlas, como si algo dentro de mí se hubiera roto. Era una emoción abrumadora que me dejaba vulnerable,
desarmada.
Simón extendió su mano hacia mi rostro por instinto, como si no pudiera soportar verme llorar. La confusión se dibujaba en sus facciones. Su mente le decía que tenía una esposa, que sus recuerdos pertenecían a otra, pero algo más profundo lo empujaba hacia mí. No tenía sentido que rechazara el contacto con su supuesta esposa mientras su cuerpo entero anhelaba acercarse a una extraña. Y sin embargo, cada vez que le pedía algo, su respuesta era
inmediata, casi instintiva.
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El estruendo de la puerta al abrirse me arrancó de mis pensamientos. Un grupo de hombres vestidos de negro irrumpió en el estudio, seguidos por una mujer de porte aristocrático y otra más joven, visiblemente embarazada. La dama mayor se detuvo en seco al ver a Simón con el torso desnudo, su mano suspendida en el aire cerca de mi rostro. Su expresión se transformó en una máscara de furia.
Se acercó como una tormenta y, sin mediar palabra, su mano impactó contra mi mejilla con una fuerza que me hizo girar el rostro. El ardor se extendió por mi piel mientras el sabor metálico de la sangre invadía mi boca. Cuando levantó la mano para golpearme nuevamente, la ira se encendió en mi interior. Atrapé su muñeca en el aire, apretando con una fuerza que la hizo palidecer.
El horror se dibujó en su rostro aristocrático. Esta mujer, nacida en cuna de oro y casada con el patriarca de la familia más poderosa de Ciudad Central, jamás había conocido el dolor o el rechazo. Y ahora yo, una simple doctora, me atrevía a sujetar su mano con desprecio.
-i¿Qué están esperando?! ¡Desnúdenla y sáquenla a la calle! -Su voz temblaba de rabia.
Me quedé paralizada. ¿Cómo era posible que esta mujer de apariencia refinada pudiera ordenar algo tan vil?
-¿Qué demonios estás haciendo? -La voz de Simón azotó el aire con crueldad.
Pude ver el dolor en sus ojos, no por él, sino por mí. La impotencia lo consumía al no poder levantarse de esa silla para defenderme.
-¿Que qué estoy haciendo? -La dama se soltó de mi agarre con un tirón violento-. Estoy poniendo en su lugar a esta descarada que se atreve a seducir hombres casados. Si es tan baja como para insinuarse a un hombre con esposa, que todo mundo vea la clase de mujer que es.
-Madre, por favor -la voz de Simón temblaba de furia contenida-. Le pedí a la señorita Miranda que me tratara la pierna. Me quité la camisa para que pudiera examinar mi espalda. ¿Cómo puedes golpear a alguien sin entender la situación? ¿En qué posición me dejas ahora?
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Capítulo 301
Antes de que la dama pudiera responder, Carla López, la esposa embarazada de Israel Ayala, se acercó y tomó su brazo con suavidad.
-Mamá, entiendo tu preocupación por mi embarazo, pero Israel no es así. Además -sus ojos me miraron con compasión-, la señorita Miranda solo está confundida. Aunque tuviera algún interés en Israel, simplemente lo confundió con otra persona.
-¿Confundió? -La dama arqueó una ceja con desprecio.
-Sí–continuó Carla-. La última vez que vio a Israel actuó de forma extraña. Lo investigué y resulta que su esposo es idéntico a Israel. Ella lo perdió en un accidente, probablemente por
eso confunde a Israel con él.
-¿ldénticos? -El ceño de la dama se profundizó-. ¡Qué ridiculez! ¿Cómo pueden existir dos personas sin parentesco que se parezcan tanto?
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