Capítulo 297
Las palabras flotaron en el aire tenso de la habitación. Carla enderezó su postura, manteniendo la compostura a pesar del nudo que se formaba en su garganta.
-No pretendo chantajearlo usando la gratitud por haberle salvado la vida -su voz sonaba firme pero cautelosa-. Solo le recuerdo que fue usted mismo, señor Ortega, quien me ofreció un favor a cambio.
Alejandro contempló el encendedor que giraba entre sus dedos. La luz se reflejaba en el metal pulido con cada vuelta, creando destellos que bailaban en sus ojos oscuros. Una sonrisa torcida se dibujó en sus labios.
-No soy precisamente un hombre de principios morales -el encendedor se detuvo abruptamente en su mano-. Así que sí, dije esas palabras… pero siempre puedo retractarme.
El silencio que siguió fue aplastante. Carla sintió como si el aire hubiera sido succionado de la habitación. Sus pensamientos giraban en un torbellino de incredulidad y rabia contenida.
“¿Un hombre de su posición, renegando así de su palabra? ¿Qué clase de juego estaba jugando?”
Los recuerdos de aquel día en la isla inundaron su mente. El mar agitado, la figura de Alejandro hundiéndose en las aguas traicioneras. Ella había estado allí, observando como una tercera testigo silenciosa mientras Luz lo rescataba y Violeta se lo llevaba después.
En ese momento, su primer instinto había sido marcharse con un suspiro de alivio. Pero entonces lo reconoció: el rostro del temido capo de Villa Santa Clara. Y algo cambió dentro de ella.
Con determinación calculada, se había zambullido en el mar, empapándose por completo. Caminó estratégicamente frente a cada cámara de seguridad, dejando un rastro deliberado de evidencia. El guardia de seguridad había sido fácil de convencer con la cantidad correcta de dinero. Todo para crear la perfecta ilusión de ser ella la salvadora.
Una risa amarga amenazaba con escapar de sus labios al recordar cómo Violeta le había robado el crédito. Pero ella había sido paciente, había jugado bien sus cartas. Las investigaciones de Alejandro eventualmente la confirmaron como su salvadora.
“Como el pájaro que espera tras la mantis“, pensó con ironía. Había calculado cada movimiento, anticipando que salvar a alguien tan poderoso le abriría puertas en el futuro. Que se convertiría en su boleto hacia el éxito.
Y ahora, después de todo ese esfuerzo, él desechaba su gratitud como si fuera nada más que polvo en el viento.
Aunque la familia Ayala podría plantarle cara a Alejandro en un enfrentamiento directo, el costo sería demasiado alto. Tenerlo como enemigo significaría complicaciones infinitas, obstáculos en cada esquina.
1/2
Sus hombros se relajaron ligeramente mientras exhalaba, modulando su tono para sonar más conciliadora.
-Señor Ortega, no busco lastimar a la señorita Miranda. Solo quiero que se mantenga alejada de mi esposo -hizo una pausa calculada-. Su historia con él ya terminó, se han separado. Deberían permanecer así. Lo que propongo es también lo que ella necesita.
Alejandro permaneció en silencio, sus dedos jugando distraídamente con el encendedor sobre la mesa pulida.
-Además -continuó Carla-, si su sobrino tiene algún interés en ella, solo sería posible si corta definitivamente los lazos con mi esposo. Que Luz se vaya del país nos beneficia a ambos.
Después de lo que pareció una eternidad, Alejandro finalmente habló.
-No nos engañemos su voz sonaba casi aburrida-. Ella no siente nada por mi sobrino, y aunque lo sintiera, no se iría con él.
Sus ojos se clavaron en Carla con intensidad.
-Te daré un consejo: en lugar de desperdiciar energía persiguiendo a Luz, concéntrate en Simón. La hipnosis no es tan confiable como crees, especialmente en alguien con una voluntad tan fuerte como él. Aprovecha que no recuerda nada y haz que se enamore de ti.
Carla contuvo un suspiro frustrado. Si tan solo fuera tan simple hacer que Simón se enamorara de ella. El hombre ni siquiera toleraba que lo tocara, mucho menos existía la posibilidad de despertar sentimientos románticos en él.
Y mientras Luz siguiera apareciendo en su vida, no solo sería imposible ganar su amor, sino que corría el riesgo de que la hipnosis se rompiera y todos sus recuerdos regresaran.
Por eso tenía que empezar por ella. Tenía que sacar a Luz de la ecuación.
-Tal vez no se irá con su sobrino -concedió, su mente trabajando rápidamente-, pero podemos cortarle las alas. Destruir su empresa. Y con una oferta laboral tentadora de algún instituto extranjero… bueno, hasta el pájaro más terco vuela hacia donde hay mejor alimento.
2/2