Capítulo 285
“Fidel tenía razón, mi vida estaba a punto de desmoronarse.”
“A menos que encontrara una prueba concreta de que yo había liderado con éxito aquel experimento, todo estaría perdido.”
“Incluso si lograba demostrar que alguien me había tendido una trampa y lo exponía frente a todos, nadie me creería.”
“Fidel me conocía demasiado bien. Sabía cada detalle del experimento.”
“Había armado una trampa perfecta de la que no había escapatoria.”
Sus ojos se encontraron con los míos, teñidos de una falsa resignación que me revolvió el estómago.
-Luz, ya no hay marcha atrás -su voz se quebró en un intento teatral de mostrar arrepentimiento.
Sus hombros se hundieron mientras jugueteaba nerviosamente con sus manos.
-Sé que esto es traicionar tu confianza y la del profesor.
Se pasó una mano por el cabello, evitando mi mirada.
-Pero de verdad no veo otra salida. Si hubiera tenido aunque fuera una pequeña oportunidad, te juro que no habría llegado a esto.
Un músculo se tensó en su mandíbula mientras continuaba con su monólogo ensayado.
-Sé que esta situación los ha puesto entre la espada y la pared, tanto al profesor como a ti.
Su voz se suavizó, adoptando un tono condescendiente que me hizo apretar los puños.
-Pero no te preocupes por tu futuro ni por el del profesor.
Se inclinó hacia adelante, como si estuviera por compartir un secreto.
-No tienen que temer por su vida aquí. Me acaban de ofrecer un puesto en un instituto en el extranjero y estoy por irme. Puedo llevarlos conmigo para empezar de nuevo.
Sus ojos brillaron con un destello de esperanza que solo aumentó mi desprecio.
-Allá nadie nos conoce, nadie va a hablar de nosotros.
Dio un paso hacia mí, extendiendo sus manos en un gesto que pretendía ser conciliador.
-Me voy a partir el lomo trabajando para darles la mejor vida posible. Dedicaré el resto de mis días a compensarlos por todo esto.
Una risa amarga y seca brotó de mi garganta. Mi cuerpo se sacudió con cada carcajada mientras lo miraba con incredulidad.
16:04
Capítulo 285
-¿Partirte el lomo para mantenernos? ¿Compensarnos? -negué con la cabeza, sintiendo cómo la bilis me subía por la garganta- ¿De verdad te crees un héroe por “sacrificarte” así?
El disgusto me revolvió el estómago. Este hombre había destruido nuestras vidas y ahora esperaba que le agradeciéramos su “esfuerzo“.
Una nueva risa, más fría que la anterior, escapó de mis labios.
-Fidel, qué ciega estuve para no ver lo repugnante que eres mi voz destilaba veneno con cada palabra- ¿Compensarnos? ¿Tú? ¿De verdad crees que estás a la altura?
Mi mandíbula se tensó mientras lo fulminaba con la mirada.
-El profesor es un académico reconocido a nivel nacional, tiene subsidios del gobierno. Ni en cien vidas podrías igualar sus logros. ¿Crees que necesita tu lástima? ¿Que necesita que lo mantengas?
Di un paso hacia él, mi voz cargada de desprecio.
-Y yo… ni hablemos de mis logros científicos. Soy dueña de dos empresas que cotizan en la bolsa. Gano en un solo negocio más de lo que tú ganarías en toda tu vida. ¿Crees que necesito que te partas el lomo para mantenerme?
La amargura me quemaba la garganta. Podríamos haber vivido perfectamente sin su “esfuerzo“, sin su “sacrificio“.
Fidel entornó los ojos, mirándome como si fuera una niña ingenua que no entendía las
crueldades del mundo.
-Luz, las acciones de tu empresa están por los suelos -suspiró con falsa preocupación-. Sin Simón, y sin que tú tengas la más mínima idea de negocios…
Ladeó la cabeza, estudiándome con condescendencia.
-¿Cuánto crees que van a aguantar tus empresas en esta situación?
Sus labios se curvaron en una sonrisa cruel.
-Cuando tu empresa se vaya a la quiebra y tu reputación esté destruida, cuando ya no puedas volver a la investigación… ¿cómo planeas sobrevivir?
Se acercó más, su voz apenas un susurro.
-Luz, ya no vas a ser la misma de antes, la que nunca ha sufrido. No tienes ni idea de lo dura que va a ser tu vida de ahora en adelante.
Me quedé mirando a este Fidel, tan diferente al que creí conocer. Recordé todos los momentos que habíamos compartido: su aparente bondad, su conocimiento, su calma…
Un escalofrío me recorrió la espalda mientras empezaba a dudar de todo en la vida, a cuestionar cada cosa que creía saber.
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