Capítulo 272
En el bote, con los ojos clavados en el crucero que estallaba, viendo a Simón atrapado entre las llamas, los recuerdos me golpearon como una avalancha. Todo el amor que alguna vez sentí por él resurgió de golpe, una emoción tan intensa que me consumió por completo.
Pero ahora, en la cama del hospital, las emociones son diferentes. Es como si hubiera un muro entre lo que sentí en el bote y lo que siento ahora. Hay dolor, sí, un dolor sordo y persistente que se me clava en el pecho. Las lágrimas amenazan con salir cuando pienso que Simón ya no
está vivo.
“Ya no soy la misma.” El pensamiento se repite en mi mente una y otra vez. Ya no soy aquella mujer que lo amaba con devoción ciega, que creía no poder respirar sin él. Pero tampoco soy la que lo detestaba durante mi amnesia. Es como si ahora fuera una versión intermedia, atrapada
entre dos extremos.
Mi corazón es un nudo de contradicciones. Solo sé que desearía que estuviera vivo. La culpa me corroe al pensar que murió por mi causa.
Tomé mi celular con manos temblorosas y llamé a Fernando.
-No me importa cuánto cueste, necesito que lo encuentres.
Los ojos de Fernando brillaron con furia contenida. Sus puños se cerraron con tanta fuerza que
los nudillos se le pusieron blancos.
-Eres completamente indiferente, Luz. No tienes alma -su voz temblaba de rabia-. Simón cometió errores, sí, pero estuvo dispuesto a morir por ti varias veces. ¿Y tú? Te afectó un momento y ya volviste a la normalidad, como si nada.
Me quedé en silencio, las palabras atoradas en la garganta. ¿Cómo explicarle que el bien que Simón me hizo fue tan real como el daño que me causó? Ambos dejaron cicatrices profundas
en mi alma.
El crucero había quedado reducido a escombros por los explosivos que Simón instaló para asegurar nuestra huida. No todos murieron, pero el mar estaba salpicado de restos humanos. La idea de que alguno de esos pedazos pudiera ser Simón me revolvió el estómago.
Fernando tenía los ojos enrojecidos cuando volvió a mirarme.
-No lo entiendo su voz sonaba ronca-. Si una mujer se va, pues se fue. Hay tantas en el mundo… ¿por qué tenías que ser tú? Simón fue un completo idiota.
Me mordí el labio hasta sentir el sabor metálico de la sangre. Yo tampoco entendía las contradicciones de Simón. Cómo podía ser capaz de ignorarme, humillarme, herirme, y aun así hacer tanto por mí.
-Cuando fue a salvarte, ya iba preparado para morir -continuó Fernando-. Incluso dejó todo arreglado en la empresa para ti, por si no regresaba -su voz se quebró-. Te amaba tanto, Luz, Solo fue un malentendido, te descuidó, no sabía que estabas tan grave. ¿De verdad es
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Capítulo 272
imperdonable? ¿Tanto como para que ahora actúes con esta frialdad?
Las lágrimas amenazaban con derramarse de sus ojos mientras yo mantenía la vista fija en el mar, mi rostro una máscara de calma. Antes de que pudiera responder, la voz de Rafael cortó el aire como un látigo.
-Si mi hermana no hubiera tenido tanta suerte, ya estaría muerta -el veneno goteaba de cada palabra. ¿0 ya se te olvidó cuando la usó de moneda de cambio por Violeta? ¿Cuando casi la mata en la montaña nevada? ¿O cuando cayó del acantilado? -su risa fue amarga-. Pero claro, para ti todo son “malentendidos” y “descuidos“. ¡Como no eras tú quien se estaba
muriendo!
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