Capítulo 263
Observé a Simón mientras se acercaba y sentí ese golpe familiar en el estómago. Incluso después de conocer hombres tan atractivos como Rafael y su tío, había algo en Simón que seguía siendo magnético, casi dolorosamente hermoso. Quizás era la forma en que se había arreglado hoy, con ese traje que sabía que era mi favorito, o tal vez era simplemente él, con esa presencia que siempre había opacado todo a su alrededor.
Y luego estaba esa sonrisa suya. Esa maldita sonrisa que antes hacía que mi mundo entero brillara. Pero hoy, al encontrarse con mi mirada helada, vi cómo se apagaba, como si alguien hubiera extraído todos los colores del universo en un solo instante.
“Debería darme igual“, me dije a mí misma, pero algo dentro de mí se quebró al ver su expresión desmoronarse. ¿Cómo explicarlo? Es como dice ese refrán: nunca te enamores de alguien demasiado guapo, porque no importa cuánto te lastimen, basta ver su rostro para perdonarlo todo.
No sé si fueron los efectos de la hipnosis o qué demonios, pero estos últimos días mis sueños han estado plagados de recuerdos de nuestro amor pasado, tan vívidos que dolían. Y ahora, viendo su sonrisa desvanecerse así… “No, Luz, no caigas de nuevo“, me reprendí, pero el dolor en mi pecho era innegable.
Simón me extendió el ramo de girasoles con manos temblorosas. Una risa amarga escapó de sus labios.
-Ya lo sabes todo, ¿verdad?
-Ajá–respondí con toda la indiferencia que pude reunir-. Mira, Simón, ya párala. Si vuelves a intentar hipnotizarme o cualquier otra cosa…
Me detuve un momento, asegurándome de que mis siguientes palabras tuvieran el peso necesario.
-Voy a vender todas las acciones de ambas empresas y me voy a deslindar completamente de
- ti.
-El acuerdo no dice nada sobre que no pueda vender las acciones.
Vi cómo sus ojos se llenaban de lágrimas. En otro tiempo, eso me habría destrozado. Ahora solo sentía una mezcla de desprecio y cansancio.
-Por favor, Luz, no hagas esto su voz se quebró-. Sé que cometí errores imperdonables y que no merezco tu perdón, pero no te lastimes a ti misma así. Has visto cómo en estos seis meses he trabajado sin descanso. El valor de la empresa casi se ha duplicado.
Me quedé en silencio, porque tenía razón. Simón siempre había sido brillante para los negocios. Cuando decidió usar eso para intentar retenerme, se convirtió en una fuerza imparable. No solo mantuvo a flote al Grupo Rivero con todos sus problemas, sino que además logró deshacerse de los accionistas problemáticos que solo buscaban causar conflictos. Y compartiendo recursos entre ambas empresas… maldita sea, en poco más de
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Capitulo 263
medio año casi había duplicado mi fortuna.
-Luz, sabes perfectamente cuánto dinero consumen los laboratorios -continuó, su voz mezclando preocupación y súplica-. Si vendes ahora, tal vez te alcance para unos años, ¿pero después qué? ¿Y qué va a pasar con todos los empleados? ¿Con sus familias?
Sabía que no era una amenaza vacía. Con la economía como está, cada día hay noticias de parejas perdiendo sus trabajos, sin poder pagar sus hipotecas, apenas sobreviviendo. Si vendiera la empresa ahora, el efecto dominó sería devastador para el personal. Afectaría a cientos de familias.
La verdad es que ni siquiera yo tenía la intención real de vender. Si la hubiera tenido, no estaría aquí hablando con él. Ya habría firmado los papeles y punto.
Solté un suspiro de agotamiento.
-Todo eso lo entiendo perfectamente -dije-. Pero Simón, sabes que mi experimento está en un momento crucial. Lo que hiciste con esa hipnosis… está afectando mi capacidad de pensar con claridad.
Me pasé una mano por el rostro, sintiendo el peso de cada palabra.
-Sabes lo importante que es este experimento para mí. Si me orillas así… ¿qué otra opción me dejas más que protegerlo a toda costa? Además -añadí con amargura-, si el experimento fracasa, ¿de qué sirve preocuparse por el futuro?
Después de un largo silencio, su voz sonó genuinamente arrepentida.
-Perdóname, Luz. Solo… solo quería que me fueras olvidando poco a poco. No pensé… no me di cuenta de que te afectaría así.
Lo miré fijamente, preguntándome cuántas veces más tendríamos que hacernos daño antes de que todo esto terminara.
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