Capítulo 252
Gabi soltó una risita traviesa mientras se acomodaba un mechón de cabello rebelde.
-La neta sí, tienes toda la razón -dijo.
Al regresar al hotel, nos topamos con todo un espectáculo. Aquel personaje importante, el que había provocado que una flotilla de helicópteros invadiera el cielo, estaba a punto de marcharse. Los rumores corrían como pólvora: hasta el mismísimo presidente de la cadena hotelera había volado especialmente para despedirlo.
Gabi me jaló del brazo, sus ojos brillando con esa chispa de curiosidad que tan bien conocía.
-¡Vámonos pa’alla! Hay que ver quién es este pez gordo que necesita como cien helicópteros -susurró, arrastrándome hacia un costado del edificio..
Apenas habíamos llegado al tercer piso cuando el espectáculo comenzó a desarrollarse frente a nosotras. Una procesión de guardaespaldas vestidos de negro, moviéndose con la precisión de un reloj suizo, se alineó formando dos filas impecables. Detrás de ellos, un grupo de ejecutivos en trajes perfectamente planchados rodeaba con reverencia a un hombre de altura imponente que emergía de una de las villas más exclusivas.
El hombre sobresalía incluso entre los extranjeros más altos. No era solo su estatura; era su manera de erguirse, de ocupar el espacio. Su presencia era tan abrumadora que convertía a todos los demás en meras sombras a su alrededor.
Cuando levantó la cabeza y pudimos ver claramente su rostro, sentí que se me cortaba la respiración. En estos días, Gabi y yo habíamos visto tantos hombres atractivos que ya casi nos habíamos vuelto inmunes a la belleza masculina. Pero este… este era diferente.
Las palabras se quedaban cortas para describirlo. Era como contemplar una obra de arte viviente, una perfección que rayaba en lo irreal. Su presencia era la de un monarca de tiempos antiguos, como si el mundo entero fuera su reino personal y el resto de los mortales apenas
mereciéramos existir en él.
Gabi se llevó una mano al pecho, sus ojos como platos.
-¡Esto está de telenovela! ¡lgualito a esos CEO’s poderosos de las novelas que leo! -exclamó, sin poder contener su emoción-. ¡Eso sí es un CEO de verdad! No como Simón, que nomás es un junior presumido.
Aunque Simón también era CEO y su belleza era innegable -de esos rostros que parecen tallados por ángeles-, no perdía en absoluto contra el hombre que teníamos enfrente. Pero Simón era joven, arrogante, caprichoso… casi infantil. Su presencia no podía compararse con el aura de poder absoluto que emanaba este hombre.
No sé qué me poseyó en ese momento, pero aunque detestaba a Simón con cada fibra de mi ser, las palabras salieron de mi boca sin permiso:
-Simón solo es joven, le falta colmillo. Cuando tenga unos treinta, seguro tendrá esa misma
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Capítulo 252
presencia.
El silencio que siguió fue ensordecedor.
Gabi me miró como si me hubiera crecido una segunda cabeza. Y yo… me quedé paralizada, sorprendida de mis propias palabras. ¡Acababa de defender a Simón! ¡A Simón!
-Luz… ¿estás bien? -preguntó Gabi con preocupación en su voz, como temiendo que mi “cerebro de enamorada” hubiera vuelto a las andadas.
Me quedé pálida, sin encontrar las palabras. Estos últimos días no había tenido esos sueños perturbadores, y el miedo a recuperar mi memoria se había ido desvaneciendo. Incluso había empezado a fantasear con mi plan de “conocer guapos“. Pero esta defensa instintiva de Simón… me había dejado pasmada.
Gabi estaba por decir algo más cuando una figura femenina captó mi atención.
Al notar hacia dónde miraba, Gabi siguió mi mirada.
-Ha de ser la muchacha de la limpieza, la que dicen que salvó al pez gordo -comentó.
Entrecerré los ojos, estudiando la silueta con atención.
-Oye, Gabi… ¿no se te hace que se parece un chingo a Violeta? -murmuré.
La mujer llevaba un sombrero de ala ancha que le cubría el rostro, pero su figura delicada, su manera de caminar, cada detalle de su silueta… todo en ella me recordaba dolorosamente a
Violeta.
Gabi entrecerró los ojos, escudriñando la figura con intensidad.
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