Capítulo 250
Sus últimas palabras resonaron en mi cabeza como una advertencia.
-No lo olvides, ¿eh? -La voz de Simón goteaba miel envenenada.
Lo miré sin decir nada, pero por dentro hervía de rabia. Sabía exactamente lo que estaba
haciendo: amenazar a quienes me importaban para mantenerme bajo control. Era tan típico de
él.
Me dejó ir sin más resistencia, confiado en que su amenaza sería suficiente para mantenerme
a raya.
Cuando volví a la fogata, me encontré con Gabi coqueteando descaradamente con un tipo que parecía sacado de revista – de esos que presumen su abdomen marcado en Instagram. Por su cara sonrojada y esa sonrisa boba, era obvio que la estaba pasando de maravilla.
En cuanto me vio, soltó al pobre chico como si quemara y corrió hacia mí.
-¡Mi amor! ¿Dónde andabas? No me digas que ya le echaste el ojo a alguien.
Sus ojos brillaban con picardía mientras me daba un codazo juguetón.
-Mira, el chavo está guapísimo y todo, pero hay que ser precavidas. Primero hay que asegurarse de que esté sano y todo eso -continuó con ese tono maternal que adoptaba cuando se preocupaba por mí-. Ya ves que ahorita hay cada cosa…
No pude evitar sonreír. Gabi podía ser tremendamente coqueta, pero siempre había sido responsable en ese aspecto. Era una de las razones por las que nunca me preocupaba por ella. Le mentí diciendo que solo había ido al baño. No quería contarle sobre el encuentro con Simón; ya tenía suficiente con sus propias preocupaciones.
Durante el camino de regreso, mi mente no dejaba de dar vueltas a una idea: matar a Simón. Pero incluso mientras lo pensaba, sabía que era una fantasía ridícula. No podía permitir que él siguiera controlando mi vida, pero tampoco podía convertirme en una asesina.
“La única forma de librarme de él es quitándole todo poder sobre mí“, pensé. “Tengo que sacarlo de mi empresa, dejarlo sin nada para que ya no pueda lastimarme.”
Claro que no sería fácil. Ese maldito contrato que firmamos seguía atándonos. Pero antes que nada, necesitaba asegurarme de que nunca, bajo ninguna circunstancia, pudiéramos volver a estar juntos.
Sus amenazas no me detuvieron. Seguía decidida a encontrar a alguien atractivo esa noche y cerrar definitivamente cualquier posibilidad de reconciliación. Cuando me pongo en ese plan, ni yo misma puedo hacerme cambiar de opinión. Me niego rotundamente a volver a ser esa mujer que, cegada por el amor a Simón, justificaba cualquier maltrato.
-Oye, Gabi… -la jalé discretamente del brazo-. ¿Me pasas el contacto de algún chavo que te
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parezca confiable?
Esperaría a que Simón se fuera para poner mi plan en marcha. Él me había amenazado, sí, pero lo que no supiera no podía lastimarlo. Que se quedara esperando eternamente a que recuperara la memoria.
Gabi sonrió al escuchar mi plan, claramente aliviada. Aunque nunca lo había dicho en voz alta, siempre había temido que un día mi “chip de enamorada” se reactivara y quisiera volver con
Simón.
Con una mezcla de orgullo y preocupación maternal, me pasó el contacto del que, según ella, era el más guapo y decente de sus conocidos.
Ya en mi habitación, intercambié algunos mensajes con el chico. Parecía bastante normal y agradable. Después de decidir que sería él, me di una ducha y me metí a la cama.
Dicen que uno sueña con lo que piensa durante el día. Yo nunca había soñado con nada de antes del accidente, pero esa noche, apenas cerré los ojos, me vi a mí misma – o mejor dicho, a mi yo del pasado.
En el sueño, ella me amenazaba con un cuchillo en el cuello.
-Si te atreves a traicionar nuestro amor por Simón -me susurraba con una voz que era mía pero al mismo tiempo ajena-, te mataré y haré que desaparezcas para siempre.
Me desperté de golpe, empapada en sudor frío. El corazón me latía tan fuerte que podía escucharlo en mis oídos. Un miedo visceral me atenazaba el pecho – ¿y si ese sueño era mi subconsciente tratando de decirme algo? ¿Y si estaba a punto de recuperar la memoria?
Era demasiado extraño que solo hubiera olvidado a Simón. No parecía el tipo de amnesia que causa una lesión cerebral. Era más como si mi corazón hubiera decidido borrar selectivamente lo que no podía soportar.
Y ese tipo de olvido… ese tipo de olvido era traicionero.
Me quedé despierta el resto de la noche, aterrada ante la posibilidad de que mi yo con memoria regresara y volviera a amar a Simón con esa devoción enfermiza y autodestructiva que tanto me asustaba.
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