Capítulo 222
Un silencio espeso inundó la oficina. Mi mirada cortante se clavó en Simón, quien permanecía paralizado frente a mí como una estatua de mármol.
Nuestros ojos se encontraron por un instante. El hombre que alguna vez había sido mi todo ahora lucía como un fantasma de sí mismo, con el rostro tan pálido que parecía enfermo. Sus labios temblaban, intentando formar palabras que morían antes de nacer.
Una risa amarga brotó de mi garganta.
-Vaya, hasta que te quedaste sin palabras.
Mis dedos tamborilearon sobre el escritorio.
-¿Ahora sí te das cuenta de todo el daño que me hiciste?
Simón bajó la mirada. Sus hombros se hundieron bajo el peso invisible de la culpa. Una risa quebrada escapó de sus labios, transformándose gradualmente en un sonido desgarrador mientras sus ojos se inyectaban de sangre.
-Merezco morir -susurró con voz ronca-. Por todo lo que te hice… merezco morir
Lo observé detenidamente, estudiando cada grieta en su fachada de hombre poderoso. Años atrás, verlo así me habría partido el alma. Me habría apresurado a consolarlo, a perdonarlo. Pero esa Luz ya no existía.
Una sonrisa vacía se dibujó en mis labios.
“¿De qué sirven ahora tus remordimientos? Es como llorar frente a una tumba… repugnante.”
Me levanté de mi asiento, alisando las arrugas inexistentes de mi falda con un gesto mecánico.
-Si solo viniste a pedir perdón, estás perdiendo tu tiempo. Dejemos que los abogados se encarguen.
Para mi sorpresa, Simón asintió sin protestar.
-Está bien
Con un movimiento fluido, tomé mi teléfono y marqué el número de Alberto. Momentos después, ambos abogados ocupaban sus lugares en la sala de juntas.
Alberto revisó meticulosamente cada documento, deteniendo su lectura en la última página. Sus cejas se arquearon con curiosidad.
-¿Qué significa esta cláusula? -señaló un párrafo específico-. ¿Por qué el señor Rivero permanecería como director ejecutivo sin posibilidad de ser despedido?
Simón ignoró al abogado, sus ojos fijos en mí. Se inclinó hacia adelante, con las manos entrelazadas sobre la mesa,
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Capitulo 220
-Luz, sé que quieres volver a la investigación científica. Necesitas a alguien que maneje la empresa, y quiero ser yo quien lo haga -hizo una pausa, tragando saliva- Dedicaré el resto de mi vida a compensar mis errores
Sus nudillos se tomaron blancos por la presión.
-No temas por la empresa. El contrato tiene condiciones estrictas. Solo mientras genere beneficios conservaré mi posición. Si fallo… puedes despedirme.
Permaneci en silencio, procesando la propuesta. Era tentador. Con el divorcio inmediato y los recursos para mi investigación garantizados…
-La investigación científica requiere una fortuna, Luz -continuó Simón, su voz teñida de una sinceridad que no recordaba haber escuchado antes-. Yo puedo asegurarme de que nunca te
falte nada.
Mis ojos buscaron los de Alberto, quien asintió imperceptiblemente confirmando que el contrato era sólido. Mi mano se movió hacia la pluma…
La puerta se abrió de golpe. Violeta irrumpió en la oficina, con el rostro contorsionado por la desesperación.
-¡Simón, no puedes entregarle toda tu fortuna! -chilló-. ¡Mi hermana siempre te ha estado engañando!