Capítulo 186
“Las cosas nunca son tan sencillas como Simón las pinta“, pensé mientras el auto avanzaba por las calles oscuras. La sensación de peligro inminente me oprimía el pecho, pero mantuve mi expresión impasible.
Le había advertido a Simón sobre Bianca. Las imágenes de sus intimidaciones anteriores seguían frescas en mi memoria. Le expliqué su cercanía con Carlos, le supliqué que no la dejara venir. Pero Simón, como siempre, hizo oídos sordos a mis palabras.
Mi mandíbula se tensó al recordar cómo, sin dudar un segundo, me entregó a Bianca cuando Carlos lo exigió. Una risa amarga amenazó con escapar de mis labios. No solo confiaba ciegamente en Violeta por encima de mí, sino que también ponía su fe en esta subordinada que ahora me llevaba hacia una trampa mortal.
“No“, me corregí mentalmente mientras observaba el perfil de Bianca. “No es que confíe en ella. Confía obsesivamente en su propio juicio“.
Aquel video de hace dos años, donde aparentement
drogaba a Violeta, había sido el principio del fin. Durante dos largos años, Simón había cultivado el hábito de dudar de mí hasta que se convirtió en su segunda naturaleza. Ahora, incluso después de que la verdad saliera a la luz, su instinto seguía siendo desconfiar de mis palabras.
Las manos me temblaron ligeramente al comprender la cruel verdad: quizás nunca había confiado realmente en mí. Si lo hubiera hecho, ¿no me habría al menos dado la oportunidad de explicarme cuando apareció aquel video?
Bianca arrojó los localizadores por la ventana y reinició el vehículo. Sus ojos me estudiaron a través del espejo retrovisor, la sorpresa evidente en su rostro al no detectar el miedo que esperaba ver.
Una sonrisa burlona curvó sus labios.
-¿Qué pasa? ¿Ya te resignaste a morir? ¿Por eso ni te inmutas?
En mi diario había escrito largas páginas tratando de entender el odio inexplicable de Bianca y las demás. Me había torturado buscando mis errores, intentando descubrir qué había hecho para merecer tanto desprecio, especialmente cuando me había esforzado tanto por ganarme su aprobación.
Ahora, esa angustia me parecía tan lejana. Si me odiaban sin motivo, era su problema, no el mío. La maldąd residía en ellas, no en mí. Y si lograba salir con vida de esta, me aseguraría de que Bianca pagara cada una de sus acciones tras las rejas.
Al ver que ignoraba sus provocaciones, Bianca soltó una risa sarcástica.
-Deberías saber que te mereces morir, ¿no? Tu muerte haría perfecto el plan de escape del presidente Rivero. ¡Imagínate! Se convertiría en una leyenda, el empresario más joven en
alcanzar la cima.
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Capítulo 186
Su voz vibraba de admiración al hablar de Simón. Quería verlo triunfar sin ataduras, sin que mi existencia lo frenara. Por eso estaba dispuesta a aprovechar este secuestro para eliminarme.
Pero en su arrogancia, Bianca cometió el error de los villanos: hablar demasiado. Mientras ella se regodeaba, yo observaba los detalles cruciales a través del espejo retrovisor. El hombre del cuchillo parpadeaba con más frecuencia, su mano temblaba ligeramente contra mi cuello. La droga comenzaba a hacer efecto. Incluso Bianca, aunque intentaba disimularlo, luchaba por mantener los ojos completamente abiertos, su cabeza cabeceando sutilmente cada pocos segundos.
Mientras fingía resignación, estudiaba cada movimiento dentro del auto. El sedán se bamboleaba ligeramente en cada curva, y noté que el cinturón de seguridad de Bianca estaba desabrochado. Su exceso de confianza me daría la ventaja que necesitaba. Mantuve mi expresión impasible, como quien ya ha aceptado su destino, mientras calculaba el momento preciso para actuar.
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