Capítulo 155
Al salir del área de cirugía, mis pies me llevaron casi involuntariamente hacia medicina interna. Una sonrisa irónica se dibujó en mis labios al pensar en Violeta, cómodamente instalada en su habitación de lujo.
“Por supuesto“, pensé con amargura. Simón, aún herido y supuestamente preocupado por mis celos, había encontrado tiempo para asegurarle a su querida Violeta una suite VIP. El contraste con mi propia experiencia era casi cómico.
Los recuerdos del accidente me golpearon como una avalancha. Mi despertar en la UCI, sola, sin una sola cara familiar que me recibiera. El traslado a una habitación compartida con ocho personas, donde el ruido y el dolor eran mis únicos compañeros constantes. Y ahora aquí estaba ella, en una suite que parecía más un hotel cinco estrellas que un hospital.
El sonido de mis nudillos contra la puerta resonó con un eco de satisfacción. A través de la madera, pude escuchar el revoloteo emocionado de Violeta, seguramente anticipando la visita
de Simón.
Su rostro, al abrir la puerta, fue un poema. La sonrisa dulce y ensayada se congeló en sus labios antes de desvanecerse como hielo bajo el sol.
-Luz, ¿qué haces aquí? -el veneno en su voz era casi tangible ahora que estábamos solas.
Arqueé una ceja y dejé que una sonrisa cruel se dibujara en mis labios.
-Vine a ver tu show, hermanita. ¡No me lo perdería por nada!
La confusión en su rostro era deliciosa. Sus ojos, habitualmente calculadores, mostraban un
destello de desconcierto genuino.
-Dime una cosa -continué, recargándome casualmente en el marco de la puerta-. ¿No presumías que Simón te amaba más que a nadie? ¿Entonces por qué estás aquí solita, supuestamente al borde de la muerte, y tu adorado Simón ni sus luces?
Las manos de Violeta se crisparon a sus costados, sus nudillos blanqueándose por la tensión.
-¿Tienes ganas de morirte o qué, Luz? -siseó entre dientes.
Solté una risita despectiva.
-Ay, mi vida, sé que te mueres por verme tres metros bajo tierra, pero ni para eso das el ancho.
La observé detenidamente antes de continuar.
-Es más, ni siquiera puedes robarte a un hombre que según tú te ama con locura. ¿No te da vergüenza? Dos años arrastrándote como víbora y ni así has logrado meterte en su cama. Y todavía tienes el descaro de venir a presumirme su “amor“.
Las venas en el cuello de Violeta palpitaban visiblemente. “Qué diferente es todo ahora“, pensé. Antes, ella tenía todo el poder. Mis padres, Simón, mi deseo desesperado de ser amada… todo eso había sido su arsenal. Pero ahora, sin nada que perder, ella no era más que una mala actriz
1/2
22:30 L
Capítulo 155
en una obra mediocre.
A pesar de su furia evidente, Violeta mantuvo su fachada de control.
-No te emociones tanto solo porque te eligió una vez, Luz -su voz temblaba ligeramente-. ¡Ya verás! ¡Te voy a poner en tu lugar!
-Aquí te espero -respondi con fingida dulzura, saboreando cada palabra-. Muero por ver
cómo lo intentas.
Me di la vuelta para irme, pero me detuve y giré la cabeza sobre mi hombro.
-Ah, por cierto, si no te estás muriendo de verdad, mejor ve empacando tus cosas.
Violeta entrecerró los ojos con suspicacia.
-Simón puso todas sus propiedades a mi nombre -continué con un tono falsamente casual- Cada peso que está gastando es mío, y créeme, no pienso desperdiciar ni un centavo en ti. Así que apúrate, no me hagas mandar seguridad a sacarte. No se vería nada bien.
La vi palidecer y tambalear ligeramente.
-¿Qué… qué dijiste?
Con una sonrisa angelical, me acerqué un paso y repetí cada palabra lentamente, saboreando
el momento:
-Todo. Es. Mío. Ahora. Así que mejor agarra tus cositas y vete del hospital ahorita mismo. No me hagas llamar a seguridad.
La expresión en su rostro valía cada segundo de los últimos dos años de sufrimiento.
22:30 )
Capítulo 156