Capítulo 138
Simón se aflojó el nudo de la corbata por enésima vez, sus dedos temblorosos delatando su desesperación.
-Tienes que creerme, Violeta jamás te traicionó a propósito. -Sus ojos suplicantes buscaban los de Luz-. Sé que no puede verte feliz y que no es una buena persona, pero todo eso viene de malentendidos que la han ido envenenando por dentro.
La comisura de los labios de Luz se curvó en una sonrisa amarga. Las cicatrices en su cuerpo parecieron arder ante cada palabra.
Simón se pasó una mano por el cabello, desordenándolo.
-Es más, aunque no fuera un malentendido, aunque su corazón estuviera podrido y fuera realmente mala… jamás arriesgaría su honor y su vida entera solo para destruirte.
“Qué ingenuo“, pensó Luz, observando cómo el cariño que Violeta le había inspirado a Simón desde pequeña lo cegaba por completo. Ni siquiera ahora, con toda la evidencia frente a sus ojos, podía ver la verdadera naturaleza de su querida Violeta.
Simón dio un paso hacia ella, su voz quebrándose.
-Luz, antes te malinterpreté y te causé ese dolor. Tú sabes lo horrible que es que te malinterpreten.
Un músculo se tensó en la mandíbula de Luz.
-Por favor, no le causes ese mismo dolor a alguien más, ¿sí?
Una risa amarga escapó de los labios de Luz. ¿De verdad estaba usando su propio trauma, el dolor que ella había sufrido por culpa de ambos, para manipularla y que sintiera lástima por Violeta?
“¿Me ve cara de masoquista o de santa?“, se preguntó, mientras observaba la desesperación crecer en el rostro de Simón.
La corbata de Simón ya estaba completamente deshecha cuando volvió a hablar:
-Luz, retira la denuncia. En cuanto Violeta salga, la mando al extranjero y no la vuelvo a ver.
Sus ojos brillaban con lágrimas contenidas.
-No espero que me perdones nunca, solo te pido otra oportunidad para enmendar mis errores, ¿puedes?
Extendió su mano hacia ella, intentando tocarla. Luz retrocedió como si le hubiera mostrado una serpiente venenosa. La idea de que esas manos la tocaran de nuevo le revolvió el estómago.
Una sonrisa cruel se dibujó en su rostro.
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กองบก.
-¡No, no la mandes lejos! ¡No dejes de verla! -El sarcasmo goteaba de cada palabra- Te importa tanto, la amas tanto… ¿qué son unos problemitas del pasado? Tienes que estar con ella cuando salga, ser felices juntos hasta que se hagan viejitos!
Simón se presionó el puente de la nariz, el agotamiento de los últimos días cobrando su precio. -Luz, ¿podemos dejar ese tema? Nunca he sentido eso por Violeta, solo la veo como una hermana -La desesperación teñía cada palabra- ¡Jamás estaría con ella!
Al ver su angustia, como si estuviera dispuesto a cortarse un brazo para probar su punto, Luz arqueó una ceja.
-Simón, tienes una percepción muy distorsionada del amor. Te recomiendo que busques ayuda profesional.
Simón frunció el ceño, abriendo la boca para protestar, pero Luz continuó:
-Retirar la denuncia no es imposible.
Los ojos cansados de Simón se iluminaron con esperanza. Era patético ver cómo todo su ser cobraba vida ante la simple posibilidad de ayudar a Violeta. Y aún así tenía el descaro de insistir que solo la veía como una hermana.
“Honestamente“, pensó Luz, “quisiera abrirle la cabeza para ver qué diablos tiene adentro
Pero mientras más obsesionado estuviera con Violeta, mejor para sus planes. Sus labios se curvaron en una sonrisa calculadora.
-Solo hay una condición -Su voz se volvió cortante-. Si la aceptas, retiro la denuncia ahora
mismo.