Capítulo 134
Antes jamás hubiera podido llegar tan lejos. La Luz del pasado se habría quebrado mucho
antes.
“Ya estuve al borde de la muerte una vez“, pensé mientras observaba a mi hermano. “Si no cambio ahora, quizá nunca tenga otra oportunidad.”
Mi hermano se quedó en silencio, probablemente recordando mi caída por el acantilado, las heridas que marcaron mi cuerpo. El tipo de dolor que transforma a una persona para siempre.
Cuando se dio la vuelta para marcharse, las palabras brotaron de mi corazón.
-Gracias–murmuré con sinceridad.
Gracias por tener el corazón blando cuando yo estaba al borde de la locura. Por darme esa pista que lo cambió todo.
Mi hermano se detuvo en seco. Sus hombros se tensaron visiblemente bajo su camisa. Cuando se giró hacia mí, algo en sus ojos se había roto.
-¿Gracias? -Su voz tembló, cargada de una amargura que nunca le había escuchado. ¿De qué? ¿Según tú en qué te ayudé?
Sus puños se cerraron con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
-¡Mira qué capaz eres! Moviste a toda la comunidad legal, encontraste pruebas, limpiaste tu nombre… ¡y en solo dos días! -Una risa seca escapó de su garganta-. ¿Qué ayuda podría darte yo, un don nadie? ¿De verdad merezco tu agradecimiento?
Su voz se quebró en la última palabra. Por un momento, pareció luchar consigo mismo antes de que la represa finalmente se rompiera.
-¿0 acaso te estás burlando? ¿Te ríes de las noches que pasé sin dormir, torturándome porque no soportaba verte tras las rejas? ¿De que quería salvarte como tu hermano mayor una vez más? -Las palabras brotaban de él como veneno-. Toda mi angustia, mi lucha interna, el dolor de tragarme mis deseos por ayudarte… ¿todo eso te parece un chiste?
Una vena palpitaba en su sien. Sus ojos brillaban con algo peligrosamente cercano a las lágrimas.
-¿Sabes cuánto me arrepiento de haberte dado ese expediente médico? ¿De dejarte ver la
verdad?
Se pasó una mano temblorosa por el rostro.
-Luz, ¿por qué? ¿Por qué siempre tienes que ser mejor que yo? ¿Por qué todo te sale tan fácil? -Su voz se alzó hasta convertirse casi en un grito-. ¿Por qué siempre tienes tanta suerte?
Dio un paso hacia mí, sus ojos ardiendo con una mezcla de dolor y rabia.
-¿Por qué siendo gemelos, compartiendo los mismos genes, el mismo líquido amniótico, el
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Capítulo 134
mismo ambiente… tú siempre lo haces todo bien? -Las palabras brotaban de él como si hubieran estado atrapadas durante años-. Ni siquiera necesitas estudiar para sacar dieces. La abuela te adora sin que muevas un dedo, la tía te quería con locura… ¡Todos se peleaban por dejarte la herencia familiar mientras a mí ni me volteaban a ver!
Su respiración se había vuelto errática, como si cada palabra le costara un esfuerzo físico.
-Y luego te enamoras de un derrochador que su familia corrió de la casa. Dejas la escuela, renuncias a la herencia… ¡pero ni así arruinas tu vida! No, te vuelves millonaria a su lado -Una risa amarga escapó de sus labios. Mientras yo me desvelo noche tras noche, apenas logro mantenerme entre los primeros lugares. Me esfuerzo como loco para que la abuela me mire con algo de cariño, para que a regañadientes me deje aunque sea una migaja de la herencia.
Sus ojos se clavaron en los míos con una intensidad que me quemó el alma.
-Por fin, cuando parecía que te iban a encerrar… no digo diez años, ¡con uno me hubiera bastado! Por una vez en la vida, ¡yo habría sido mejor que tú! -Su voz se quebró-. Pero no… no solo te salvaste, sino que saliste como una heroína triunfante, ¡haciendo que todos mis esfuerzos parezcan un chiste!
Las lágrimas finalmente rodaban por sus mejillas.
-¿Por qué, Luz? ¿POR QUÉ? -Su grito resonó en el pasillo. ¿Tienes idea de cuánto he deseado que tu vida sea aunque sea un poco más miserable?
Se limpió las lágrimas con un gesto brusco.
-¡No me agradezcas! ¡NUNCA! ¡No lo necesito y no lo merezco!
De repente pareció darse cuenta de todo lo que había dicho. De que acababa de arrancar la última máscara entre nosotros. Se alejó tambaleándose, como si hubiera bebido aunque yo sabía que estaba sobrio.
Las lágrimas nublaron mi visión mientras observaba su figura desaparecer por el pasillo. Éramos gemelos, nacidos con minutos de diferencia. Desde pequeños habíamos compartido una conexión especial, más profunda que la de hermanos normales. Solíamos ser tan unidos… él siempre me protegía, me consentía, amaba tanto a su hermanita menor.
Y ahora… habíamos llegado a esto.
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