Capítulo 116
Simón lucía irreconocible. Las ojeras profundas y el rostro demacrado contrastaban con su imagen pulcra de la conferencia de prensa que había visto en el celular. Su traje, antes impecable, ahora lucía arrugado y fuera de lugar, como si hubiera envejecido junto con su dueño en cuestión de horas.
Sus dedos no dejaban de jugar con la corbata, ya tan ajustada que parecía estar ahorcándolo. Un gesto nervioso que conocía bien, señal inequívoca de su incomodidad.
-Luz–comenzó, su voz ronca por el agotamiento-, supongo que Eloy ya te puso al tanto de la situación afuera y lo grave que es todo esto.
-Ah.
Mi respuesta monosilábica lo desconcertó. Sus ojos se abrieron ligeramente, sorprendidos de encontrar tanta serenidad donde esperaba desesperación. La calma en mi voz parecía irritarlo más que cualquier reclamo.
La vena en su sien palpitó visiblemente.
-Luz, ¿qué pasa por tu cabeza? -su voz subió de tono-. ¿De verdad entiendes la gravedad de esto? Ya ni siquiera una disculpa pública a Violeta serviría.
-Mm.
Mi indiferencia fue la gota que derramó el vaso. Su puño se estrelló contra la mesa metálica con tal fuerza que el estruendo resonó por toda la sala de visitas. Los guardias se tensaron, pero no intervinieron.
Una sonrisa irónica se dibujó en mis labios mientras lo observaba masajearse los nudillos
enrojecidos.
-¿No es esto exactamente lo que querías? -pregunté con genuina curiosidad.
Su rostro palideció.
-¿Cómo puedes pensar que yo querría esto? -balbuceó.
Me incliné ligeramente hacia adelante, mi voz destilando sarcasmo.
-¿No fuiste tú quien le dijo a los periodistas que yo, consumida por los celos hacia Violeta, no soportaba verla feliz? -cada palabra era un dardo envenenado. ¿Que te manipulé para que te enamoraras de mí? ¿Que me metí entre ustedes? ¿Que la drogué para que tu padre abusara de ella? -hice una pausa dramática-. ¿No provocaste tú esta reacción en masa?
Sus labios se abrieron para protestar, pero ningún sonido salió. Su mano se deslizó por su cabello en un gesto desesperado.
-¡No quiero destruirte, Luz! -estalló finalmente. ¡Lo único que quiero es que estés bien!
Una carcajada amarga escapó de mi garganta. La contradicción era hilarante: no quería mi
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Capítulo 116
muerte, pero cada una de sus acciones me empujaba hacia ella; no buscaba destruirme, pero sus palabras eran puñales directos a mi reputación.
Mi risa pareció enfurecerlo aún más.
-Luz, sé que decir eso en público te ha lastimado y ha empeorado todo su voz temblaba de frustración, pero es la verdad.
Su mandíbula se tensó antes de continuar.
-Violeta ya ha sufrido suficiente. No podemos permitir que una víctima sufra más acoso en línea -respiró profundamente-. Por mucho que te ame, en este momento no puedo protegerte. Si hiciste algo malo, tienes que enfrentar las consecuencias.
La sangre me hirvió en las venas. Me levanté de golpe, la silla metálica chirriando contra el
suelo.
-¿Qué he hecho mal exactamente? -mi voz cortó el aire-. ¿Cuándo me interpuse entre Violeta y tú?
Di un paso hacia él, mis cicatrices tensándose con cada palabra.
-¿No fuiste tú quien me persiguió durante un año entero?
Mi risa fue mordaz.
-¿Celosa de Violeta? ¿Miedo de que me quitara a ti? -arqué una ceja-. ¿De qué debería estar celosa? ¿De sus cincuenta puntos en el examen de ingreso?
Los guardias se agitaron incómodos, pero yo continué, implacable.
-¿Miedo de perderte? -el desprecio goteaba de cada sílaba-. ¡No me hagas reír! Cuando descubrí lo de ustedes, mi primer impulso fue dejarte. ¡Me dan asco las personas relacionadas con Violeta!
Me incliné sobre la mesa, mi voz bajando a un susurro venenoso.
-Si no te dejé entonces fue por pura lástima. Acababas de perder a tu madre, tu padre te había echado… -negué con la cabeza-. ¿Para qué querría a alguien como tú? ¡Como si tuviera miedo de que alguien te robara! ¡Das asco!
Me erguí, mi sonrisa era puro desprecio.
-Dicen que tener lástima de un hombre trae mala suerte -solté una risa seca-. ¡Y vaya que tenían razón!
Lo miré directamente a los ojos, cada palabra una sentencia final.
-¿Preguntas si he hecho algo malo? Sí, lo hice. El error más grande de mi vida fue enamorarme de alguien como tú.
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