Capítulo 104
En ese momento desgarrador, con el corazón hecho pedazos, olvidé todo lo demás. Su calor, su vulnerabilidad, su necesidad de mí… me rompieron por dentro.
-Te lo prometo, nunca te voy a dejar susurré contra su cabello-. Te voy a amar para siempre. El recuerdo me quemaba la garganta. Simón siempre había sido extraordinariamente bueno conmigo, tanto que cada día me enamoraba más profundamente de él. Llegué a depender de su amor como del aire, dispuesta a cualquier sacrificio por mantenerlo a mi lado.
Pero entonces, justo en nuestro momento más dulce, Violeta regresó.
El cambio fue brutal, como si alguien hubiera apagado un interruptor. De ser el centro de su universo, la única persona que importaba en su mundo, pasé a ser una sombra. Cada atención, cada gesto de amor que antes me pertenecía, ahora erá para Violeta. La favorecía en todo, mientras yo me desangraba lentamente con cada rechazo, con cada desprecio.
Mis manos temblaban al recordar aquellos días. No podía entenderlo. ¿Cómo podía alguien transformarse tan radicalmente? ¿Cómo podía un amor tan profundo evaporarse de la noche a la mañana? ¿Había sido todo una ilusión?
Las preguntas me carcomían por dentro. Una y otra vez le suplicaba una explicación. ¿Por qué había cambiado? ¿Por qué ya no me amaba? ¿Acaso nunca me había amado realmente? ¿Había sido Violeta siempre el verdadero amor de su vida?
La mandíbula se me tensó al recordar su respuesta constante: que debía asumir las consecuencias de mis actos. Pero, ¿qué actos? ¿Qué había hecho yo para merecer semejante castigo?
Jamás obtuve una respuesta real.
Mi mirada se perdió en la ventana mientras recordaba sus palabras cortantes e impacientes: que no había nada entre él y Violeta, que no imaginara cosas. Que su bondad hacia ella era lo justo y que si no podía soportarlo, era mi problema.
Ahora todo empezaba a tener sentido. Al parecer, desde que Violeta regresó al país, le había mostrado aquel video, pintándome como un monstruo. Por eso el cambio repentino.
Una risa amarga se me escapó. Al final, todo se reducía a una simple verdad: la falta de amor. Porque cuando amas de verdad, no crees ciegamente en lo que otros dicen. Y aunque tu amor cometa un error, no lo condenas sin darle la oportunidad de explicarse.
Pero…
Mis ojos se clavaron en Violeta. El odio que sentía por mí siempre había sido visceral, casi tangible. Si realmente yo hubiera sido la responsable de que el padre de Simón la ultrajara, si yo la hubiera empujado a esa situación…
“¿Por qué seguiría con vida?“, me pregunté. “¿Por qué me habría permitido vivir tranquila todos
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Capitulo 104
estos años si tuviera pruebas de algo así?”
Intenté descifrar algo en su rostro, pero ella agachó la cabeza, evitando mi mirada inquisitiva, negándome cualquier indicio de verdad en sus ojos.
Mi hermano, impaciente ante mi escrutinio silencioso, golpeó la mesa con el puño.
-¡Ya deja de ver así a Violeta! Aunque ella tenga el corazón muy noble y quisiera perdonarte, jesta vez no te vas a salir con la tuya!
-¡Hace dos años debiste haber acabado tras las rejas! -bramó mi padre.
-¡Sí, tu lugar era la cárcel desde hace dos años! -secundó mi madre.
La determinación en las voces de mi familia era clara: me querían ver tras las rejas. Sin embargo, Simón, el mismo hombre que me había lastimado innumerables veces, que había preferido verme muerta antes que libre, ahora intentaba desesperadamente defenderme.
-Por favor, no sean tan duros -su voz sonaba conciliadora-. Luz solo actuó por celos hacia
Violeta.
Se aflojó la corbata antes de continuar.
-Denle tiempo. Cuando se dé cuenta de su error, va a cambiar.
Sus palabras provocaron una explosión inmediata.
-¡La has solapado demasiado, Simón! ¡Por eso se ha vuelto incontrolable! -estalló mi padre.
-¡Exactamente! Si la hubieras corregido antes, no habría tenido tantas oportunidades de lastimar a Violeta -agregó mi madre.
Observé cómo Violeta me lanzaba una mirada envenenada, evidentemente sorprendida de que, a pesar de todo, incluso después de su intento de suicidio, Simón siguiera protegiéndome, evitando que terminara en prisión.
Todo lo que pedían era una disculpa.
Una sonrisa torcida se dibujó en mis labios mientras contemplaba la escena. De repente, este mundo me pareció absurdamente demencial.
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