Capítulo 100
Las palabras de Simón me dejaron aturdida. La comprensión me paralizó por un instante, antes de que un escalofrío me recorriera la columna vertebral, congelando cada gota de sangre en
mis venas.
“¡Lo sabe!“, el pensamiento retumbó en mi cabeza como un martillo. “¡Siempre lo supo!”
La revelación me cayó como un balde de agua fría. Simón conocía la verdadera naturaleza de Violeta. Sabía perfectamente que no era la dulce y frágil flor que pretendía ser, sino una depredadora venenosa con sed de sangre.
Mi estómago se revolvió con una náusea que nada tenía que ver con el frío. Él lo sabía todo y aun así… aun así seguía mimándola, protegiéndola, alimentando su obsesión enfermiza.
Violeta quería verme muerta, y él… él estaba más que dispuesto a entregarme al matadero.
Durante todo este tiempo me había engañado pensando que, como mi familia, él era otra víctima más de su actuación maestra. Que su devoción nacía de la ignorancia.
Una risa amarga burbujeó en mi garganta. Qué ingenua había sido.
“A menos que…”, un nuevo pensamiento, aún más oscuro, se abrió paso en mi mente. Quizás no era amor por Violeta lo que lo motivaba. Tal vez, como había sospechado antes, él mismo deseaba mi muerte. ¿Qué mejor que un “accidente” orquestado por Violeta para quedar viudo sin tener que dividir la fortuna?
El pánico me atenazó la garganta. Si solo Violeta quisiera matarme, tendría una oportunidad. Pero con Simón de su lado… mis probabilidades de sobrevivir se reducían prácticamente a
cero.
La desesperación me dio nuevas fuerzas. Mis gritos se volvieron más agudos, más frenéticos. Luché contra su agarre como un animal acorralado, pero era inútil.
Cuando el borde del techo estaba ya peligrosamente cerca, cuando la desesperación amenazaba con ahogarme…
-¡Alto!
Un grupo de policías irrumpió en la azotea. Mis piernas se volvieron de gelatina y casi me desplomo de alivio.
Mientras Simón me arrastraba, había logrado marcar el 911 a escondidas. Mi instinto de supervivencia nunca había estado más agudo.
Cada uno de mis gritos sobre asesinato había sido calculado, asegurándome de que el operador del 911 pudiera rastrear la llamada y comprender la gravedad de la situación.
Simón parpadeó, desconcertado por un momento.
-¿Llamaste a la policía?
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Capítulo 100
Ignoré su pregunta. Con las pocas fuerzas que me quedaban, me dirigí a los oficiales.
-¡Ayúdenme, por favor! ¡Mi esposo quiere quedarse con mi dinero, por eso quiere matarme!
Mi voz se quebró con un sollozo genuino.
-¡Por favor! ¡Tengo muchísimo miedo!
Ya no había vuelta atrás. Un divorcio amistoso era imposible. Si él quería verme muerta, yo me aseguraría de que no pudiera acercarse a mí nunca más.
El rostro de Simón se contorsionó en una máscara de incredulidad y shock. Claramente no esperaba que me atreviera a denunciarlo frente a la policía.
-Luz, no juegues con estas cosas.
Una sonrisa irónica curvó mis labios.
-¿No es esto lo que querías? ¿No acabas de decir que Violeta me odia, que quiere que me pase algo, y que debo dejar de resistirme y aceptar mi muerte en el borde de esta azotea?
Simón abrió la boca, atónito.
-No es lo que quise decir, yo…
No lo dejé terminar. Me volví hacia los policías con lágrimas corriendo por mis mejillas.
-¡Ayúdenme! No quiero morir… por favor, no quiero morir…
Mi colapso emocional no era fingido. Los oficiales rodearon a Simón, ordenándole levantar las manos. Por primera vez, vi al poderoso Simón Rivero completamente impotente.
En cuanto me soltó, corrí tambaleándome hasta ponerme detrás de los policías.
Violeta temblaba de rabia al ver que había escapado de su trampa. Sus manos se crisparon sobre el barandal y por un momento pareció que realmente iba a caer.
Todo su teatro: manipular las barandillas, soportar el frío en ese vestido ridículo… todo había sido para provocar mi “accidente“. Para poder acusarme de su muerte y limpiar su nombre manchado.
“Y al final“, pensé mientras la observaba, “aunque no puedas limpiar tu nombre, mi muerte te habría consolado, ¿verdad?”
No me había equivocado. Todo este espectáculo había sido planeado meticulosamente para eliminarme. Si hubiera llegado al borde de la azotea con Simón sujetándome… mis probabilidades de sobrevivir habrían sido prácticamente nulas.
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