Capítulo 17
Ana se quedó sorprendida, y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, poco a poco. Se llevó la mano a la cara para secarse las lágrimas, y sonrió. -Sí, lo consideraré.
-Está bien.- Rocío también sonrió, pero supo que quería disculparse. Lo siento, tía Ana. No te consulté antes de decidir ir a dar clases. Fue una decisión que tomé por mi cuenta.
Inscribirse para enseñar en áreas de pobreza no había sido un acto impulsivo; Rocío lo había pensado detenidamente. Sabía que Ana no lo aprobaría de una vez, por eso lo había mantenido en secreto. Esperó hasta que todo estuviera decidido para decírselo.
Aunque Ana jamás se quejó de nada, Rocío sentía que debía disculparse.
Ana suspiró profundamente. -Soy yo la que debe disculparse. Durante todos estos años, he descuidado nuestra relación por la empresa, y eso nos ha llevado hasta aquí. Rocío, no me opongo a que vayas a enseñar a esas zonas, pero, es un lugar muy lejano y me preocupa que no estés adaptada.
-Pero, ahora que eres adulta, apoyaré cualquier decisión que tomes. Solo sigue adelante, yo siempre estaré apoyándote.
Rocío sintió una calidez en su corazón y sus ojos se llenaron de lágrimas. —Sí… Gracias, tía
Ana.
-Hay algo más…— Ana dudó antes de continuar. -Tomás probablemente aún no sabe que te vas. Si pregunta… ¿le dirás a dónde fuiste?
Rocío se quedó en silencio por un instante. Bajó la mirada y su voz fue suave. -No, tía Ana. Cada uno tiene su propio camino. Tomás está a punto de comprometerse; probablemente no quiera saber nada de mí. Para él, ahora solo soy una carga, un problema. Quizá hasta le alivie que me vaya… Es mejor que no sepa dónde estoy. Así será más fácil para los dos.
Al escuchar esas palabras, un pensamiento cruzó la mente de Ana.
¿De verdad, así están las cosas?
¿De verdad, Tomás veía a Rocío como una molestia, como una carga?
Ana no podía creerlo. Recordando los momentos que habían compartido, siempre tuvo la sensación de que había algo más, algo que no sabía bien qué era.
Pero, Rocío, por fin, estaba superándolo y Ana no quería que volviera a sufrir. A lo largo de los años, había llegado a considerar a Tomás como un hijo, pero, tampoco podía soportar verlo
lastimar a Rocío.
-Rocío, piénsalo bien. Tú y Tomás han crecido juntos desde niños. Sé que tus sentimientos
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por él son profundos, incluso más que los que tienes por mí. Pero, ahora ambos han madurado, las cosas han cambiado, y no quiero que sigas haciéndote daño. Solo anhelo que puedas soltarlo de verdad.
Pero, sin importar lo que pase, Tomás te ha cuidado todos estos años. Diría que ha estado más presente que yo, como un guardián. Por eso, espero que puedas dejarlo atrás por completo. Después de todo, ustedes son familia. Y tampoco puedes quedarte para siempre en Vientomar sin volver a Solarena.
Una sonrisa amarga apareció en los labios de Rocío. Parecía que Ana creía que ella se había refugiado en Vientomar solo para huir de la realidad, para esconderse de Tomás.
Pero, no la culpaba por pensar así. Después de todo, ella misma había perdido la razón antes e hizo demasiadas cosas impulsivas.
Rocío inhaló hondo y prometió: -Tía Ana, no te preocupes. De ahora en adelante, solo veré a Tomás como familia, como mi hermano. No habrá más sentimientos de otro tipo.
Desde el momento en que subió a ese avión, Rocío había superado a Tomás.
En realidad, debió haberlo comprendido mucho antes, la primera vez que él la rechazó. Ella y Tomás siempre habían sido solo hermanos, y nunca debió hacerse ilusiones de nada.
A pesar de todos los años en que se aferró a ese sentimiento, no pudo cambiar el final. Solo se lastimó a sí misma, y también a él,
Ahora, este era el mejor final posible, ¿verdad?
Te creo, dijo Ana antes de despedirse, con el corazón aliviado.