Capítulo 94
La determinación brillaba en los ojos de Irene mientras subía al edificio corporativo. El documento de divorcio pesaba en su bolso como una promesa de libertad. No era una visita de cortesía; esta vez, Romeo tendría que enfrentarla.
Gabriel, el asistente personal de Romeo, se levantó de su asiento. Sus dedos tamborilearon sobre el escritorio mientras esperaba la respuesta de su jefe por teléfono. La presencia de Irene siempre alteraba la rutina de la oficina, y hoy, había algo diferente en ella, una fiereza que lo inquietaba.
En la sala de conferencias, Romeo presidía la reunión con su habitual aire de autoridad. El traje negro a medida acentuaba su figura imponente, y su rostro mantenía esa máscara de frialdad que había perfeccionado con los años. Al escuchar el mensaje de Gabriel, un músculo se tensó en su mandíbula.
-Que suba. Ya es hora de poner las cosas en claro..
Diez minutos después, Irene permanecía de pie en la oficina de Romeo, consciente de cada segundo que pasaba. No sabía si la demora era otra de sus tácticas de control o si realmente estaba ocupado, pero ya no le importaba. Sus dedos se cerraron con más fuerza alrededor del
documento de divorcio.
El sonido de la puerta abriéndose la hizo girar. Sus miradas se encontraron en un choque silencioso. Romeo vestía el traje negro que ella le había regalado en su primer aniversario. Un detalle que no pasó desapercibido fue la corbata: no era la que ella había elegido con tanto cuidado, sino la que Inés le había dado en su cumpleaños. Una elección deliberada, sin duda.
Irene colocó el documento sobre el escritorio con un movimiento preciso.
-Aquí está el contrato de divorcio. Revísalo y fírmalo si estás de acuerdo.
Romeo se aflojó la corbata con dedos deliberadamente lentos, ignorando el documento. En su lugar, extrajo un papel del cajón y lo deslizó hacia ella.
Los ojos de Irene se entrecerraron al reconocer la carta de renuncia de Inés. Un destello de sorpresa cruzó su rostro antes de poder controlarlo.
-¿Y esto qué significa?
-La orillaste a renunciar. Es tu responsabilidad.
Una risa amarga escapó de los labios de Irene.
-¿Mi responsabilidad? Qué curioso. Tu esposa, o sea yo, también fue orillada a irse. ¿Por qué a ella no la haces responsable?
Sus dedos señalaron la sección de motivos en la carta.
-Aquí dice claramente que renuncia por dificultades laborales. No tiene nada que ver conmigo.
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19:50 4T
Capítulo 94
Romeo arqueó una ceja, su expresión cada vez más tensa.
-Es la vicepresidenta. Su renuncia debe pasar por los directores. ¿Quieres que les diga que no soportas que otras mujeres trabajen cerca de mí?
Irene apretó los puños, conteniendo la indignación que amenazaba con desbordarla. “No soportar otras mujeres cerca“, había dicho. Como si el problema fuera su inseguridad y no su
traición.
-¿Y cómo esperas que me haga responsable?
-Ve y convéncela de que regrese.
-¿No bastaría con que tú se lo pidas? -La amargura en su voz era palpable-. Al fin y al cabo, ella haría lo que sea por ti, ¿no?
Romeo la miró fijamente, su rostro una máscara de falsa inocencia.
-Podría hacerlo con una palabra, es cierto. Pero si tanto insistes en divorciarte, ¿por qué debería ayudarte?
Irene se mordió el labio, reconociendo el chantaje en sus palabras. Era el mismo juego de siempre: él poniendo condiciones, manipulando cada situación a su favor.
-Si voy por ella, ¿firmarás el divorcio?
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