Capítulo 88
Romeo apretó los labios con fuerza. Sus manos, ocultas en los bolsillos, se cerraron en puños mientras la furia bullía en su interior. El impulso de confrontarla allí mismo era casi incontenible, pero después de un momento logró controlar su aura intimidante, concediéndole a Inés una pequeña consideración.
-Tú decides -masculló entre dientes.
Una sonrisa triunfal se dibujó en el rostro de Inés mientras hacía un gesto hacia Lisa.
-Vamos a medir el piso de arriba primero.
Lisa siguió los pasos de Inés con entusiasmo, mientras Irene las seguía manteniendo una expresión cuidadosamente neutral, aunque por dentro sentía que cada paso era como caminar sobre vidrios rotos.
Los ojos de Lisa brillaban con admiración profesional mientras subían.
-¡lnés, este diseño interior es increíble!
Lisa no podía contener su emoción. Desde el momento en que cruzó el umbral, había quedado cautivada por el estilo único de la decoración. No era la típica imitación europea ni el predecible estilo rústico que abundaba en las revistas. Cada rincón respiraba personalidad y visión artística.
-No me gusta cortó Inés con frialdad.
Lisa guardó silencio, recordándose que los gustos son personales.
“Claro“, pensó, “con todo el dinero que tiene Romeo, es normal que quiera renovarlo todo para complacer a Inés“.
-¿Tu novio había contratado antes a alguien para decorar? -preguntó Lisa con genuina curiosidad.
Inés asintió sin mucho interés.
-Me imagino que sí.
-¿Qué compañía o diseñador lo hizo? -insistió Lisa, deseosa de profundizar en los detalles del diseño cromático.
Inés lanzó una mirada calculada hacia Irene, que caminaba detrás de ellas con la cabeza gacha.
-No sé de dónde los sacó.
En realidad, Inés sabía perfectamente que muchos de esos detalles habían nacido de la imaginación de Irene. Cada rincón revelaba el cuidado meticuloso y las esperanzas que ella había depositado en este hogar. Una oleada de satisfacción recorrió a Inés al pensar en cómo iba a destruir todo eso.
13:50 L
Capítulo 88
-Por favor, cuando puedas pregúntale a tu novio quién lo diseñó -suplicó Lisa.
-Cuando tenga tiempo se lo pregunto.
La villa se elevaba majestuosamente en tres niveles. El último piso albergaba un luminoso cuarto solar. El tercer nivel era un espacio dedicado al entretenimiento, con una sala de cine y un gimnasio completamente equipado. El segundo piso contenía los dormitorios y el estudio, formando el corazón de la vida familiar. La planta baja se desplegaba en un elegante comedor, una cocina espaciosa, una acogedora sala de estar y varias habitaciones para huéspedes.
Comenzaron las mediciones desde el tercer piso. Irene se concentraba exclusivamente en anotar las dimensiones de cada espacio, refugiándose en la precisión de los números para escapar de sus pensamientos. Sin embargo, Inés aprovechaba cada oportunidad para hacer
comentarios sobre su “novio” a Lisa.
La atmósfera se volvía cada vez más asfixiante para Irene. Cuando su celular vibró, sintió como
si fuera un salvavidas en medio de un océano turbulento.
Le extendió rápidamente el papel y el lápiz a Lisa.
-Voy a contestar una llamada.
Abandonó el gimnasio y se refugió en la sala de cine contigua.
-¿David? -su voz tembló ligeramente al reconocer la voz masculina, aunque la llamada aparecía como de Natalia.
El sistema de aislamiento acústico envolvía la sala en un silencio reconfortante, haciendo que
la voz cálida de David resonara con claridad cristalina.
-Irene, ¿todavía no sales del trabajo?
-Salí con Lisa, parece que me voy a tardar un rato en regresar -respondió con honestidad.
-Estamos afuera de tu casa. Nati compró un montón de comida, pero no te encontramos.
La imagen mental de sus amigos esperando la hizo sentir una punzada de culpa. Podía imaginar a Natalia, exhausta, sentada en el suelo mientras bebía un refresco. Tan cansada que le había pasado el teléfono a David para no tener que hablar.
-La contraseña de mi casa es mi cumpleaños -dijo Irene-. Pueden pasar y esperar adentro.
-Va -aceptó David sin dudarlo, sabiendo que la presencia de Natalia legitimaba su entrada.
Después de colgar, Irene se adentró en la penumbra de la sala, buscando el sofá del rincón. Sus pasos la guiaron hacia donde recordaba haber colocado el sofá largo, ansiando unos momentos de paz antes de regresar con las otras.
Al sentarse, en lugar de la suavidad esperada, encontró una superficie dura y ardiente. Intentó levantarse de un salto, pero unas manos fuertes la aprisionaron por la cintura.
-¿Apenas te mudaste y ya estás viviendo con otro hombre? -el aliento caliente de Romeo rozó su oreja mientras sus dedos se clavaban en su cintura-. ¿Hasta le das el código de tu casa?
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